Que sigan los subsidios

Por Manuel Hernández Villeta

Los subsidios se tienen que mantener.  Hay que  fiscalizar que lleguen y beneficien a los grupos sociales a que van dirigidos. No puede haber subsidios para enriquecer a sectores privilegiados, o permitir actos de pillaje en el reparto a los pobres.

Los organismos internacionales desde hace muchos años son enemigos de los subsidios. Los empresarios los rechazan y solicitan continuamente su eliminación. Sin embargo, son necesarios, es el agua que evita que haya una explosión social. La mano que asiste y ayuda  no puede ser erradicada de un tajo de la vida nacional.

El paternalismo no se puede apoyar. La dádiva con fines electorales tampoco. Pero se ha demostrado que la miseria se afinca en el país y el sector privado no puede levantar una masiva política de pleno empleo. Por el contrario, lo que se da hoy es que con la tecnología se reduce el número de empleados.

Hay subsidios que deben ser revisados, sanearlos y hacer que lleguen a los que verdaderamente  deben beneficiar. Ahora está subsidiado el Gas Licuado de petróleo, al igual que los combustibles, pero podría ser que se consuma más en vehículos, incluyendo los de lujo y del transporte urbano,  que para la preparación de los alimentos.

Los carros público se movilizan en su casi totalidad con gas propano, que  compran más barato que la gasolina, pero está subvención no da beneficios, porque no rebajan los precios de los pasajes, y acortan las rutas. El usuario del concho  merece respeto y consideración por lo que la lucha es para  que se  rebajen los precios de los pasajes y que se hagan rutas completas..

El subsidio energético se debe mantener, siempre y cuando beneficie  a los consumidores, y no a los productores y vendedores de energía. Aumentar el precio del kilo energético fue un acto impensado,, que ahora se trata de corregir.

El gobierno cometió una ligereza, bajo ninguna circunstancia en el medio de una amplia crisis económica, se podían  tomar medidas que irían  en contra de la mayoría. El pueblo entero ha repudiado los aumentos del kilo energético, y que se abuse, se atropelle, al cobrar una tarifa que no se corresponde con el consumo.

Ya no hay funditas, pero si tarjetas. Son necesarias para ayudar a los sectores más empobrecidos, y a los cuales se les hace difícil poder conseguir un empleo, Ahora, las entregas deben favorecer a toda la comunidad, y no sólo a los integrantes de un partido. La ayuda social no puede ser utilizada como una propaganda de corte reeleccionista, y para impulsar candidaturas de menor rango. ¡Ay!, se me acabó la tinta.

Por Manuel Hernández Villeta

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