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7 de enero 2026
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¿Qué nos pasó? La pérdida de valores en una sociedad que todo lo celebra

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Antes la gente se sonrojaba por decir una grosería en público. Hoy se graban diciéndola. Antes una falta de respeto era motivo de vergüenza. Hoy es motivo de risa. El problema no es solo que cambiaron los tiempos, es que cambiaron los códigos. Y lo que antes se ocultaba por decencia, ahora se exhibe por likes.

Vivimos en una sociedad donde ya no importa el contenido, solo la visibilidad. Lo que genera escándalo, vende. Lo que educa, aburre. Lo que denuncia, molesta. Lo que entretiene, aunque sea vulgar, gana. Y así, sin darnos cuenta, convertimos la estupidez en espectáculo, el irrespeto en talento y el morbo en meta.

Aquí ya no hay referentes. Porque la línea entre el éxito y la ridiculez se borró. El que ayuda en silencio pasa desapercibido, pero el que lanza billetes desde una yipeta es considerado “visionario”. Las niñas quieren ser influencers antes que médicas. Los jóvenes sueñan con irse virales, no con ir a la universidad. Y la gente que aún cree en valores básicos, se siente fuera de lugar. Como si tener principios fuera de otra época.

La televisión basura ya no está solo en la pantalla. Está en las calles, en los colegios, en las casas. Está en los adultos que no corrigen porque temen ser impopulares. Está en los padres que prefieren complacer antes que educar. Está en los gobiernos que permiten esta decadencia porque es más fácil gobernar a una población distraída que a una consciente.

Y no se trata de volver al pasado. No es nostalgia. Es sentido común. Es darse cuenta de que cuando se celebra todo, se valora nada. Que si todo es válido, entonces nada tiene valor real. Que no todo lo viral es bueno, ni todo lo popular es correcto.

Hemos cambiado la esencia por la apariencia. El fondo por el show. Y lo peor es que no parece haber intención de frenar. Porque para muchos, esto ya no es una crisis de valores… es una estrategia de vida.

Entonces, ¿qué nos pasó? Nos pasó el olvido. Olvidamos que la dignidad no da seguidores. Que el respeto no se aplaude con emoticones. Que ser ejemplo no es gritar más fuerte, sino vivir con coherencia. Y que no todo lo que brilla en pantalla es oro. A veces, solo es basura con filtro.

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