RESUMEN
La geopolítica constituye una de las categorías analíticas más relevantes para comprender la estructura y el funcionamiento del sistema internacional. Se trata de una disciplina que articula territorio, poder, recursos y proyección estratégica de los Estados, y que permite entender por qué ciertas regiones del planeta adquieren un valor determinante en la configuración del orden global. Desde su origen, la geopolítica ha buscado explicar la forma en que los factores geográficos condicionan —aunque nunca determinan por completo— el comportamiento de las potencias.
El pensamiento geopolítico clásico surge entre finales del siglo XIX y principios del XX, marcado por el nacionalismo, la competencia imperial y la expansión de los grandes imperios. Friedrich Ratzel, considerado el padre de la geopolítica moderna, introdujo la idea del “espacio vital”, entendiendo al Estado como un organismo que crece, se expande y busca garantizar su supervivencia a través del control territorial. Aunque su teoría fue posteriormente manipulada con fines ideológicos, su aporte radica en conectar geografía, expansión y poder.
A comienzos del siglo XX, Halford Mackinder dio un giro trascendental al pensamiento geopolítico con su teoría del “Heartland”. Para Mackinder, quien controlara el corazón continental euroasiático tendría la capacidad de dominar la “Isla Mundial” y, por extensión, el resto del globo. De ahí derivó su famosa máxima: “Quien controle Europa del Este controlará el Heartland; quien controle el Heartland controlará la Isla Mundial; quien controle la Isla Mundial controlará el mundo”. Esta visión marcaría profundamente las estrategias de las potencias durante el siglo XX.
Alfred Mahan, desde la perspectiva marítima, defendió la tesis de que el dominio de los mares constituía el principal factor de poder. Su enfoque influyó decisivamente en la política exterior de Estados Unidos, que desarrolló una estrategia de proyección naval global basada en la presencia, el comercio y el control de rutas marítimas estratégicas. Por su parte, Nicholas Spykman complementó estas posturas al destacar la importancia del “Rimland”, la franja costera que rodea al Heartland, como espacio esencial para contener a las potencias continentales.
Aunque las teorías clásicas se desarrollaron en un contexto histórico específico, siguen siendo fundamentales para entender la competencia global contemporánea. Las tensiones entre Estados Unidos, China y Rusia reflejan, en gran medida, la lógica del control regional, la necesidad de proyección global y la lucha por la supremacía tecnológica, energética y militar. La geografía, lejos de perder relevancia, adquiere nuevos significados en un mundo interdependiente, digital y profundamente conflictivo.
En el siglo XXI, la geopolítica se ha ampliado más allá del territorio físico. Hoy incluye dimensiones económicas, tecnológicas, culturales, jurídicas y ambientales. El ciberespacio, por ejemplo, se ha convertido en un nuevo teatro de confrontación, donde Estados y actores no estatales compiten por información, infraestructura crítica y poder comunicacional. La inteligencia artificial, los datos masivos y las cadenas globales de suministro redefinen la noción tradicional de poder, obligando a los Estados a replantear sus estrategias.
Asimismo, la transición hacia un mundo multipolar —con Estados Unidos, China, Rusia, India, la Unión Europea y otros actores regionales en ascenso— hace que la geopolítica se convierta en una herramienta indispensable para los países medianos y pequeños. La competencia entre potencias reconfigura alianzas, modifica rutas comerciales, altera mercados energéticos y genera riesgos que deben ser comprendidos con precisión y anticipación.
Para países pequeños y vulnerables como República Dominicana, la geopolítica no es una abstracción académica, sino un factor que condiciona su seguridad, su economía y su desarrollo. Su ubicación estratégica en el Caribe, su dependencia energética, su relación con Estados Unidos, y la crisis estructural del “Estado haitiano” convierten al territorio dominicano en un punto de alta sensibilidad geopolítica. La ausencia de una doctrina geopolítica nacional es un déficit que el país debe superar con urgencia.
Comprender la geopolítica es, por tanto, comprender el mundo y nuestro lugar en él. Este artículo inaugura una serie de **diez entregas analíticas** dedicadas a desentrañar los grandes ejes geopolíticos contemporáneos y su impacto para la República Dominicana. A través de esta serie, ofreceremos una visión estratégica, rigurosa y estructurada que permitirá al país asumir, con claridad y sentido histórico, los desafíos y oportunidades que plantea el cambiante orden internacional.
Por José Manuel Jerez
