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20 de enero 2026
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OpiniónAlfredo GarcíaAlfredo García

Publicar no es lo mismo que COMUNICAR

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RESUMEN

Analizando noticia... por favor espera.

Para estar bien con alguien hace falta primero estar bien con uno mismo -Dr Enrique Rojas

El hecho de que se publique una información en redes sociales, medios digitales o tradicionales, en modo alguno significa que el mensaje persuada  a las audiencias a las que se quiere llegar.

Para que una información penetre debe ser asertiva generando emociones, amén de requerir ciertos pasos que necesitan seguimiento, creatividad, repetición e insistencia si se busca una persuasión en las masas, y más en estos tiempos donde la distracción es el mayor desafío para el mensaje.

Y es que la atención representa el tesoro más valioso que se persigue con desenfrenado interés en la industria del entretenimiento y de la información.

Publicar por cualquier vía pudiera considerarse que es meramente informar sino viene acompañada de una estrategia u objetivo claro de lo que se busca conseguir.

Para que la información trascienda es menester sacarle filo al mensaje, generar algún tipo de atención que se derive de la emoción que despierta la forma en la que se envía dicho mensaje, pues de lo contrario, el nivel de recordación pudiera ser mínima, para no decir nula.

Es por ello que la comunicación debe estar siempre conectada a un mensaje con enganche de impacto, que genere recordación y resonancia en el imaginario colectivo por ser vinculante con sus intereses, preocupaciones, miedos, esperanzas, emociones e ilusiones de vida.

El mensaje tiene que servirse y empacarse de una forma que las audiencias entiendan que prestarle atención a ese contenido les acerca a sus sueños o a lo que persiguen en la vida.

Esa capacidad hizo memorable a uno de los políticos más finosy  exitosos, que revolucionó la comunicación política moderna. Me refiero a Ronald Reagan, de quien se puede decir muchas cosas buenas y malas, pero su legado como experto vendedor de mensajes por medio de historias que concitaban la emoción y cautivaban las audiencias, lo posicionaron en el imaginario colectivo como un encantador de serpientes.

El popular republicano se granjeaba la atención de la gente cuando hablaba, contando historias siempre ancladas en el buen humor y ni mencionar su impecable apariencia.

El artífice de que el Partido Republicano ganara tres elecciones consecutivas – dos con él y otra con su vicepresidente George Bush- logró conectar con las mayorías porque no daba un mensaje y ya, sino porque se preocupaba por buscar un enganche que generara algún tipo de emoción en las audiencias haciendo uso de su buen humor y encanto o sharming personal.

Por ello, hasta sus adversarios le prestaban suma atención cuando hablaban tanto para criticarlo, como para admirarlo y divertirse con sus salidas humorísticas cuando el momento lo ameritaba.

 

Con su nivel discursivo impecable, claro y sencillo, llegaba a todos los públicos por siempre apoyarse en el sentido del humor y el «storytelling».

Pero de igual manera lograba tornar a su favor las desventajas que tuviera, dado que su creatividad y su capacidad histriónica le propiciaban salidas que muchos consideraban geniales,  saliendo de aprietos en apariencia insalvables.

De esta manera podemos decir que comunicar es un arte que tiene sus técnicas y que una vez se dominan puede ser muy redituable para el emisor.

Pero para ello es necesario captar la atención por medio de despertar emociones al tiempo de que se es  insistente en el mensaje, sacándole filo con seguimiento y creatividad.

Contar historias, matizar con humor, ser insistente, repetitivo y ofrecer datos fidedignos son pasos fundamentales para que un buen relato llegue y logre su objetivo de persuasión.

La redundancia, la repetición, la insistencia y el seguimiento de la información que se quiere transmitir es vital cuando se trata de comunicar para las masas cuya atención es cada vez más dispersa y su nivel de recordación se reduce cada día más.

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