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2 de enero 2026
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OpiniónJimmy Rosario BernardJimmy Rosario Bernard

¿Protagonistas o espectadores? El desafío de República Dominicana ante la inteligencia artificial

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En este momento, mientras usted lee estas líneas, hay sistemas inteligentes tomando decisiones en nombre de empresas, gobiernos y millones de personas alrededor del mundo. No se trata de ciencia ficción ni de un futuro lejano: es el presente, y se está moviendo a una velocidad que no espera por nadie.

Mientras potencias como China, Estados Unidos y Emiratos Árabes Unidos compiten por la delantera en inteligencia artificial, la pregunta que muchos evitamos hacer en voz alta se vuelve inevitable: ¿y República Dominicana? ¿Vamos a ser parte activa de esta transformación o simplemente la vamos a ver pasar?

En 2023, el país dio un paso importante al lanzar su Estrategia Nacional de Inteligencia Artificial (ENIA). Se trata de una iniciativa con visión y estructura, que reconoce el potencial de la IA para modernizar el Estado, formar talento, aprovechar los datos y colaborar a nivel regional. Incluso, gracias a esta estrategia, República Dominicana mejoró su posición en rankings internacionales de preparación digital. Es un logro. Pero también es apenas el comienzo.

Porque una estrategia sin ejecución es como un mapa sin camino. Y hoy, esa hoja de ruta necesita acelerarse, ampliarse y aterrizar en programas concretos que beneficien a la gente, no solo en discursos.

El riesgo más grande no es quedarnos atrás. Es perder control. Si permitimos que sean plataformas extranjeras —entrenadas con otros intereses, otras lenguas y otras culturas— las que dominan sectores clave como el turismo, la banca o la educación, estaríamos cediendo soberanía digital sin darnos cuenta. En el turismo, por ejemplo, si el 30 % de las reservas pasan a ser gestionadas por agentes inteligentes sin presencia local, podríamos perder más de 25 mil empleos en la próxima década, además de cientos de millones de dólares que dejarían de circular en la economía dominicana.

No es una exageración. Ya estamos viendo cómo sistemas desarrollados fuera del país comienzan a operar en entornos que antes requerían intermediación humana. Si no actuamos rápido, será demasiado tarde para reclamar participación.

El otro gran reto es el capital humano. Tenemos mucho talento, pero estamos formando jóvenes para un mundo que ya cambió. Aunque instituciones como el ITLA, INTEC, UASD y otros centros técnicos están dando pasos valiosos, aún falta una oferta formativa nacional robusta en inteligencia artificial. Faltan maestrías públicas, centros de investigación especializados, programas en bachillerato que siembran la curiosidad por estos temas desde temprano.

Y todo esto tiene que estar acompañado de un marco legal claro y actualizado. Nuestra ley de protección de datos es del 2013, escrita en una era donde los algoritmos no decidían préstamos, diagnósticos o sentencias judiciales. Necesitamos un marco que proteja a los ciudadanos, que establezca límites y responsabilidades, y que impida que sistemas opacos decidan sin rendir cuentas.

A pesar de todo, el potencial está ahí. En la agricultura, la IA puede ayudarnos a mejorar las cosechas de café, cacao, banano; en la energía, puede anticipar fallas y reducir pérdidas; en el turismo, podríamos desarrollar asistentes virtuales entrenados en español dominicano, con nuestras expresiones, nuestro acento, nuestra calidez. ¿Quién dice que no podemos tener un Siri o Alexa con alma caribeña?

Pero para eso hay que movernos. Con decisión, con visión de país. La ENIA debe traducirse en pilotos, programas, alianzas público-privadas, y una presencia real de la inteligencia artificial en la vida cotidiana. El talento está. Las ideas están. Lo que falta es ejecutar.

Y no podemos hacerlo solos. Es momento de mirar hacia la región y construir en bloque. Sumar a países como Colombia, México, Costa Rica o Chile. Participar activamente en el SICA, la Alianza del Pacífico, Prosur. Porque juntos tenemos más fuerza para negociar con las grandes tecnológicas, para exigir transparencia, para proteger nuestros datos y nuestros valores.

Nuestro país tiene una oportunidad de oro para liderar en el Caribe y ser ejemplo de cómo un país pequeño puede pensar en grande. Podemos construir un modelo de IA con identidad, con ética, con sentido de justicia social. Una IA que entienda quiénes somos, qué soñamos y hacia dónde queremos ir.

La historia no la escriben los que miran. La escriben los que se atreven. Y si algo ha demostrado este país es que, cuando nos lo proponemos, podemos hacer cosas extraordinarias.

La ola de la inteligencia artificial ya está aquí. ¿La pregunta es si vamos a surfearla o vamos a dejar que nos lleve por delante?

Por: Jimmy Rosario Bernard.

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