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10 de febrero 2026
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OpiniónFrancisco Cruz PascualFrancisco Cruz Pascual

Profesor, ¿intelectual o proletario?

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RESUMEN

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La interrogante reitera una preocupación que debe tenerse presente para entender actitudes desde los litorales sindicales e incluso desde algunas escuelas formadoras de profesores. Debemos auspiciar un análisis social y político al respecto de este tema, porque él puede arrojar luz acerca de los problemas de los sistemas educativos en el mundo, especialmente en América Latina. Pedagogos, orientadores escolares, psicólogos,  profesores, sociólogos, antropólogos, economistas, trabajadores sociales,  y politólogos debieran retomar el tema que alude esta interrogante para desarrollar un análisis sociopolítico, en aras de armar una respuesta coherente al siglo XXI.

El mundo sindical ideológico que nació antes de la aparición de la desaparecida Unión Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS), y que se fortaleció durante la guerra fría, se ha desvanecido. Apenas quedan algunos remanentes, cual “anclas oxidadas” sobre un viejo puerto. Pero, los gremios que agrupan a los profesores se han fortalecido, básicamente en América Latina. En mi opinión particular, es una lástima que las organizaciones que asocian a los profesores, no hayan evolucionado hacia verdaderos colegios que sirvan para el desarrollo de sus miembros.

El concepto “proletariado” fue estudiado desde su origen, actualizado y difundido por Carlos Marx casi a mediado del siglo XIX, en la década de los 1840. Sucedió, cuando el economista y analista social asignó el concepto proletario al obrero de su época. Al estudiar el origen del concepto, Marx observó que tenía su origen latino en el término “proletarius”,  que se derivaba de la palabra “prole” y, cuyo significado era hijo. Este concepto, “proletarius”, en la época de su uso latino, aducía a personas que no tenían bienes materiales, y por consiguiente eran desposeídos de riqueza, sin propiedad alguna.

El único beneficio que recibía el Estado de estos desposeídos, originalmente denominados “proletarius”, era la procreación de hijos para suplir las necesidades de soldados de las tropas imperiales, para trabajar en labores agrícolas y en algún que otro menester.

Fue desde ese origen que Carlos Marx designó como proletario, a los obreros de su tiempo, porque el concepto hacia símil con la carencia de propiedad que tenían los trabajadores, cuya única riqueza era “su fuerza trabajo”. Entre Federico Engels y Carlos Marx teorizaron sobre la “fuerza de trabajo” y acuñaron la idea de que los obreros y jornaleros, venden a los dueños de las empresas su única riqueza, dando la sensación de que estaban dejando en la brega diaria del trabajo, su propia vida a cambio de un mísero jornal.

Esta fue una genial analogía, que tuvo un gran éxito en un discurso ideológico, que trascendió épocas.

Cuando hablamos de “proletización”, aludimos a que una determinada fracción de clase, la que en  principio es distinta a la clase trabajadora, se transforma en miembro de esta última. Este proceso fue vivido por sectores campesinos y artesanos, así como también fracciones de la pequeña burguesía simpatizantes ideológicamente con las corrientes marxistas. De la misma manera, profesionales liberales hicieron el transito ideológico, entre ellos se encuentran los profesores, en especial los que trabajaban en el sistema público.

Un profesor que se considera proletario, niega su condición de profesional dedicado al estudio y a la reflexión sobre la realidad del mundo en cada uno de los momentos históricos. Muy contrario a la visión del proletariado que tienen muchos docentes aun hoy, el profesor es un profesional académico e intelectual, que debe comunicar sus ideas con la pretensión de que ellas influyan  en sus estudiantes, y de esa forma, alcanzar autoridad frente a ellos. Esta autoridad le tiene que cimentar en la sociedad el lugar que el profesor debe ocupar en la sociedad, al lograr status en la escuela  donde trabaja y de esa forma, trascender hacia lugares claves del sistema.

Es de esa manera como se transforma un sistema educativo, contando con profesores influyentes en las familias de sus alumnos, para ir trascendiendo y haciendo que sus ideas confluyan en el contexto sociocultural y político.

Un profesor se forma en una facultad o en un instituto, para trabajar la en la escuela y para transformarla culturalmente, y desde ese contexto, transformar la cultura de la geografía circundante al centro escolar. Esto debe suceder, porque se supone que  la creatividad, la innovación, el emprendedurismo y la mediación se cultivan en el ambiente escolar, para intervenir en el mundo social, político y cultural.  El objeto de esta intervención social, es defender posturas o denunciar injusticias concretas, en beneficio del conglomerado al que supuestamente sirve la escuela con su cuerpo docente y administrativo. No olvidemos que hay que trabajar un nuevo contrato social, según las recomendaciones de la UNESCO 2022 y creemos que en ese orden, la escuela como conjunto integral, debe  orientar para mejorar actitudes y así lograr integración sociológica y psicológica, entre comunidad escolar y comunidad contextual.

Además de esa intervención, debe practicar responsabilidad social, defendiendo los valores que estime conveniente defender, porque se entiende, que ayudan a la convivencia, la participación y la armonía social.

Por Francisco Cruz Pascual

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