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13 de marzo 2026
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OpiniónKary Ramírez AlmonteKary Ramírez Almonte

PRM, PLD, FP: un dilema electoral, seguir avanzando o retroceder

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RESUMEN

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En política, los pueblos no solo eligen candidatos; eligen modelos de poder. Y en el escenario electoral que se aproxima, la República Dominicana enfrenta una disyuntiva histórica: ¿qué implicaría el retorno al poder del Partido de la Liberación Dominicana (PLD) o de la Fuerza del Pueblo (FP)?

Aunque la Fuerza del Pueblo no haya gobernado bajo esa denominación, su liderazgo ya ocupó la Presidencia de la República en el pasado. No estamos ante una propuesta inédita ni frente a actores nuevos en la conducción del Estado. Se trata, en esencia, de una reconfiguración política de estructuras que ya ejercieron poder.

El debate, por tanto, debe elevarse por encima de consignas y simpatías coyunturales. Debe centrarse en la experiencia acumulada y en las consecuencias institucionales que el país vivió bajo esas administraciones.

Durante los años de hegemonía peledeísta, la República Dominicana fue escenario de denuncias constantes de corrupción, concentración excesiva del poder y debilitamiento de los organismos de control. La independencia del sistema de justicia fue ampliamente cuestionada y la percepción de impunidad se convirtió en una de las principales frustraciones sociales.

Ese capítulo de nuestra historia reciente no desaparece con un cambio de nombre ni con una nueva sigla partidaria.

Un eventual regreso de esas fuerzas políticas obligaría al país a preguntarse si está dispuesto a reabrir una etapa donde la institucionalidad se subordinaba a intereses partidarios y donde la transparencia no era el eje rector de la administración pública.

La democracia permite la alternancia; lo que no puede permitir es la amnesia colectiva.

La República Dominicana atraviesa un proceso de consolidación institucional que aún está en construcción. La lucha contra la corrupción, la rendición de cuentas y el fortalecimiento de los mecanismos de control no pueden depender de coyunturas electorales. Deben transformarse en políticas de Estado permanentes.

Volver al PLD o apostar por la Fuerza del Pueblo no sería simplemente cambiar de administración. Sería enviar un mensaje claro sobre el tipo de cultura política que estamos dispuestos a tolerar o superar.

Las elecciones no solo determinan quién ocupa el poder. Determinan si el país consolida una nueva etapa institucional o si decide caminar hacia fórmulas que ya fueron severamente cuestionadas por la sociedad dominicana.

En democracia, el voto es libre. Pero sus consecuencias son profundas.

Porque cuando un pueblo decide regresar al pasado, también decide asumir nuevamente sus costos.

Y la historia —tarde o temprano— siempre pasa factura.


Por Kary Ramírez Almonte

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