Primeras Sociedades Culturales del País

Por Francisco Rafael Guzmán viernes 29 de septiembre, 2017

Hace pocos días salió un artículo un reportaje (artículo) en unos de los periódicos locales sobre La Vega, en el cual se hacía el aserto de que la Sociedad La Progresista de esa ciudad fue la primera sociedad cultural del país. Sin embargo, eso no es cierto, si se puede decir que fue una de las primeras sociedades culturales del país.

Esa sociedad, de una pujante labor cultural, tal como lo señala el escrito fue fundada en el año 1874, pero ya antes se habían fundado otras y en ese mismo año no fue la única sociedad cultural que se fundara. Si pasamos por alto que la Sociedad Secreta La Trinitaria y la Sociedad La Filantrópica, fundadas ambas antes de que se fundara la República, fueron sociedades que desarrollaron algunas labores culturales, tendríamos que decir que la primera sociedad cultural del país fue la Sociedad Amigos del País. Esta fue fundada el 30 de mayo del 1846.

Esta sociedad se reunía en la casa de los esposos Henríquez y Carvajal, es decir, en casa de Noel Henríquez y de Clotilde Carvajal, padres de Federico, Francisco (quien llegó a ostentar la Presidencia de la República). Debemos tener en cuenta la importancia que tenía el asociacionismo para algunos círculos de personas en el país, cuando todavía en Francia no se había producido la Revolución del 48 y esa cuna del Estado moderno había avanzado en cuanto al derecho de asociación; antes de 1848 no había libertad de asociación en Francia, los sindicatos no estaban legalizados y ningún otro tipo de sociedades (recreativas, culturales) estaban reconocidas legalmente. P. J. Proudhon, quien se le ubica en el anarquismo, era opuesto a las coaliciones sindicales (organizaciones sindicales), con lo que se oponía al asociacionismo. Las sociedades culturales tampoco eran legales en Francia, antes de la Revolución de 1848.

Los Clubes Jacobinos, que eran clubes políticos, se organizaron entre los representantes del parlamento en los inicios de la Revolución Francesa, pero fueron ilegalizados en un breve tiempo. De manera que el Estado moderno era  hasta cierto punto un quimera en el país donde nació, situación que se da hasta mediados del siglo XIX. Todo cambiaría a partir de 1848, pero sobre todo a partir de la década de 1860, cuando ya las ciudades en países como Francia e Inglaterra cuentan con una gran población, el casco urbano de París  es remodelado, Londres y otras ciudades cuenta con una gran población y como necesidad creada con la expansión de la Revolución Industrial se construye el Canal de Suez.

Sorprende de que antes de que esto último ocurra se pueda dar una tendencia al asociacionismo en un país sin carreteras, donde no había todavía ni asomo de vías férreas y donde los terratenientes (hateros) se imponían dominio del poder político. En octubre 1854, según nos da cuenta Emilio Rodríguez Demorizi, en la calle Las Damas se funda la Sociedad Amantes de las Letras, también en la ciudad de Santo Domingo al igual que la Sociedad Amigos del País. la Sociedad La Filarmónica y la Sociedad La Progresista (no la de La Vega)  se fundaron en Santo Domingo el 18 de noviembre de 1855.

El Juro Médico, que se puede considerar como una asociación con fines culturales hasta cierto punto, fue fundado el 16 de febrero de 1847.  Pero si avanzamos hasta  el último cuarto del siglo XIX y nos situamos en el año 1874, cuando se está produciendo la Guerra de los Diez Años en Cuba y ya habrían llegado algunos emigrantes cubanos al país, encontramos que se forman relativamente varias asociaciones en ese solo año.  El Duende en la barriada de San Carlos,  el Ateneo Amantes de la Luz se funda el 4 de junio de ese año en Santiago, La Perla Mocana se funda el 20 de Julio de ese mismo año en Moca y la sociedad La Antillana se funda en Puerto Plata el 17 de marzo del 1874. De manera que La Progresista de La Vega ni fue la primera que nació en el país ni fue la única que se fundó en el 1874.

La simiente del asociacionismo ya existía antes de 1874, incluso antes de que se fundara La República, aunque no existiera una legislación que reconociera el derecho de asociación, pero crece el número de asociaciones hacia 1874 probablemente con la llegada de cubanos que llegaron al país huyéndole a la Guerra de los Diez Años.

Como un hecho social aparece la necesidad del asociacionismo, como diría Durkheim, es decir, como un modo de actuar, de pensar y de sentir que se le impone al sujeto individual, porque este no está por encima de la sociedad y esta es anterior a él. Esto se da sin todavía existir una legislación que lo ampare, porque todavía no existe un Estado moderno afianzado.

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