RESUMEN
La Escuela al servicio de la comunidad surgió desde el seno mismo de la Iglesia en 1597, fue un emprendimiento e innovación del sacerdote José de Calasanz, en la ciudad de Roma. Asimismo, la Escuela Latina de Boston fue la primera escuela pública abierta en los Estados Unidos de América, creada en 1635. En ambos casos, surgieron como grandes esperanzas de cambio para las masas populares de las épocas en que hicieron su aparición.
Puede afirmarse que el sacerdote José de Calasanz impulsó la primera escuela de sentido popular, gratuita y pública de la edad moderna, un tipo academia que se ha mantenido con las mismas características humanistas e ideales formativos que le dieron origen hace más de cuatro siglos. La aparición de esta modalidad de escuela fue un emprendimiento innovador que revolucionó la escuela tradicional, la que se centraba en los individuos nacidos en las clases de elite. Este tipo de establecimiento educativo rompió radicalmente con los privilegios clasistas que eran mantenidos por el poder a través de los siglos, marginando a los pobladores de menos recursos.
La Escuela Latina de Boston (Boston Latin School), fue fundada por los colonos puritanos en la residencia del profesor Philemon Pormont, quien ofreciera su propia casa para iniciar el proyecto que al poco tiempo después se mudó a un local en una calle que se denominó “la calle de la escuela” (School Street). El Puritanismo fue un movimiento protestante del siglo XVI que migró a Nueva Inglaterra a partir de 1620, llegando en grandes grupos de familia, lo que les diferencia de la migración de individuos aislados, dándole fuerza organizativa (a ese grupo), en las nuevas tierras del norte de América.
La importancia histórica de estas escuelas es trascendente para la historia de la escuela pública del mundo, cada una con sus características particulares, pero unidas en su propósito humanista. La Escuela Latina de Boston fue diferente en algunas características a la del padre Calasanz porque en su caso, sólo se admitían niños a partir de los 12 años, marginando otras edades y a las niñas. La formación anterior era una responsabilidad de los padres en cada hogar. Se trataba de formación básica en modales y valores familiares como responsabilidad de cada familia en particular.
Como sabemos, la educación de los niños, adolescentes y jóvenes antes de la revolución industrial era para las clases privilegiadas económica y socialmente, los demás pobladores eran marginados del conocimiento académico, porque no podían contratar los servicios de un maestro. Además de la alfabetización, los que tenían el privilegio de pertenecer a las clases sociales dominantes, se instruían en las artes, los buenos modales y las normas sociales, entre otras áreas especiales.
La historia del padre Calasanz con su escuela, le convierte en un pedagogo que trabajaba para aliviar las carencias cognitivas de los desposeídos, convirtiéndose en el pedagogo de la gratuidad y la generalización de la enseñanza a toda la sociedad, sin importar a la clase social que perteneciera el niño, adolescente o joven. La firmeza en estos postulados y principios fueron mantenidos durante toda vida por el padre Calasanz, manteniendo una modalidad de vigía directa a los procesos en desarrollo para evitar maltratos, incomodidades, hacer negocio con los alumnos, entre otros aspectos éticos de gran importancia socio-moral.
Es importante recordar que hasta casi la mitad del siglo XIX, la educación era un privilegio que tenía un costo económico inalcanzable para los pobres, quienes recibían la educación que podían en las escuelas dominicales, las que proliferaron en un gran número, contrario a las del padre Calasanz que tuvieron un lento desarrollo, debido a las condiciones del contexto interno y externo de la Iglesia y de las diferentes posiciones con respecto a la educación pública que sostenían diversos sectores eclesiásticos, políticos, económicos y sociales.
Esas condiciones del contexto social atrasaron la consolidación de la escuela pública por más de cien años. Imagínense, fue en 1833 que el gobierno británico aprobó la primera ley regulatoria de la educación, la que se denominó “Ley de fábricas”. Esta ley establecía que eran obligatorias dos horas diarias de educación para ser impartidas “a los niños que trabajaban en las fábricas”.
Por Francisco Cruz Pascual
