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22 de febrero 2026
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OpiniónIscander SantanaIscander Santana

Preparados para la Guerra: La ceguera estratégica de occidente ante la advertencia Iraní 

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RESUMEN

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Hay momentos en la historia en los que la política internacional se convierte en un ejercicio de negación colectiva. Se acumulan señales, advertencias, movimientos militares, y las élites occidentales insisten en leer el mundo como si nada hubiera cambiado desde 1991. La entrevista reciente entre Glenn Diesen y el profesor Seyed Mohammad Marandi es una de esas piezas que desnudan la distancia entre la realidad geopolítica y la narrativa que domina en Washington, Bruselas y los medios occidentales.

Marandi no habla como provocador ni como ideólogo. Habla desde el conocimiento del terreno, la historia y la psicología estratégica de su país. Y lo que dice —si se escucha sin prejuicios— es tan simple como inquietante, Irán no busca la guerra, pero está preparado para una guerra larga, sostenida y regional si Estados Unidos o Israel cruzan ciertas líneas rojas. No es una amenaza vacía. Es un diagnóstico.

Lo más preocupante es que Occidente parece decidido a ignorarlo.

EL ERROR DE CÁLCULO COMO POLÍTICA EXTERIOR

La conversación entre Diesen y Marandi parte de un hecho que muchos analistas occidentales prefieren minimizar, los ataques recientes contra figuras y estructuras vinculadas a Irán no son incidentes aislados, sino parte de una escalada que ha roto los códigos tácitos que mantenían un equilibrio precario en Oriente Medio.

Marandi lo dice con claridad:» esta vez la respuesta iraní no será simbólica. No será un misil lanzado a un descampado para salvar la cara. Será una respuesta estratégica, calibrada para alterar el equilibrio de poder.»

Aquí aparece el primer punto crítico: Occidente sigue actuando como si Irán fuera un actor débil, fragmentado, al borde del colapso. Es una fantasía peligrosa. La cohesión interna iraní —como señala Marandi— no se debilita con la presión externa, se refuerza. La estructura militar iraní no está diseñada para guerras relámpago, sino para resistir, absorber golpes y contraatacar de forma asimétrica. La red de aliados regionales —desde Hezbolá hasta los hutíes— convierte cualquier conflicto en un tablero tridimensional.

En Washington y Bruselas persiste la idea de que basta con «castigar» a Irán para que retroceda. Es la misma lógica que fracasó en Irak, Afganistán, Siria y Yemen. Una lógica imperial que confunde deseo con diagnóstico.

ISRAEL COMO EPICENTRO DE LA DESESTABILIZACIÓN

Marandi no se esconde: Israel está intentando arrastrar a Estados Unidos a un conflicto directo con Irán. No es teoría conspirativa; es lectura estratégica. Israel atraviesa una crisis interna profunda, desgastado por la guerra en Gaza, cuestionado internacionalmente y con un liderazgo político que necesita externalizar el conflicto para sobrevivir.

La tentación es evidente, si Israel logra provocar una respuesta iraní lo suficientemente contundente, Washington se verá obligado a intervenir. Pero aquí surge la paradoja: Estados Unidos no puede permitirse una guerra regional, y al mismo tiempo no puede permitirse abandonar a Israel. Está atrapado en una pinza estratégica que él mismo ayudó a construir.

Marandi lo formula con frialdad quirúrgica: «si Estados Unidos decide atacar, debe prepararse para semanas o meses de operaciones, no para un golpe quirúrgico. Y en ese escenario, la victoria no está garantizada.»

EL ESPEJISMO DE LA HEGEMONÍA

Glenn Diesen introduce un elemento que Occidente se niega a aceptar: el orden unipolar ya no existe. No es una predicción; es un hecho consumado. La capacidad de Estados Unidos para imponer su voluntad se ha erosionado. No por falta de poder militar, sino por la incapacidad de traducir ese poder en resultados políticos sostenibles.

La crisis con Irán es un síntoma de ese declive. Un imperio en retirada suele cometer errores de cálculo más graves que un imperio en ascenso. La historia es implacable con los poderes que no reconocen sus límites.

Diesen lo plantea con claridad: «la transición hacia un mundo multipolar no es un proceso ordenado ni pacífico. Es turbulento, contradictorio, lleno de choques entre percepciones y realidades». En ese contexto, la insistencia occidental en leer a Irán como un actor irracional o desesperado es una forma de autoengaño.

LA TESIS QUE OCCIDENTE NO QUIERE ESCUCHAR

La entrevista deja una idea central que debería preocupar a cualquier analista serio: Irán está preparado para una guerra que Occidente no está preparado para librar.

No porque Irán sea más fuerte, sino porque entiende mejor el terreno, la psicología regional y los límites del poder estadounidense. Irán no necesita ganar una guerra. Solo necesita evitar perderla. Estados Unidos, en cambio, no puede permitirse una guerra sin victoria.

Esa asimetría es letal.

EL MUNDO YA CAMBIÓ, PERO OCCIDENTE SIGUE EN 2003

Lo que más inquieta de la entrevista no es lo que Marandi afirma, sino lo que revela sobre la mentalidad occidental: «seguimos atrapados en un marco mental que ya no describe el mundo real.

Occidente cree que puede castigar sin consecuencias, escalar sin riesgo, presionar sin provocar rupturas y mantener la hegemonía sin aceptar la multipolaridad. Es una ilusión peligrosa».

La región está entrando en una fase donde la disuasión clásica ya no funciona, donde los actores no estatales tienen capacidad estratégica, donde la legitimidad internacional ya no se define en Washington y donde un error de cálculo puede desencadenar una guerra que nadie puede controlar.

LA ADVERTENCIA ESTÁ HECHA

La entrevista Diesen-Marandi no es un panfleto ni una amenaza. Es una advertencia que Occidente debería escuchar con atención.

La pregunta ya no es si Irán responderá. La pregunta es cómo reaccionará Occidente cuando descubra que su lectura del mundo era equivocada. Y, sobre todo, qué ocurrirá cuando la política exterior deje de ser un ejercicio de poder y se convierta en un ejercicio de supervivencia.


Por Iscander Santana
Zürich, Suiza
Basado en la entrevista de Glenn Diesen al profesor Seyed Mohammad Marandi

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