RESUMEN
La industria del entretenimiento y la comunicación en la República Dominicana atraviesa uno de sus momentos más decisivos. La transformación tecnológica ha cambiado la forma de producir, consumir y evaluar contenidos. En medio de ese escenario, la Asociación de Cronistas de Arte y sus Premios Soberano enfrentan un reto que va más allá de una gala anual: mantener la credibilidad en tiempos de vértigo digital.
El proceso de selección de los premios responde a una estructura organizada que se desarrolla durante varios meses. Inicia con una primera asamblea donde se levanta un panorama amplio del quehacer artístico nacional; continúa con una segunda etapa de evaluación comparativa donde se ponderan méritos, consistencia e impacto real; y culmina con una asamblea de nominación en la que se eligen cinco finalistas por categoría, mediante votación democrática y formal.
Este esquema evidencia que no se trata de decisiones improvisadas. Sin embargo, la realidad mediática actual obliga a revisar si los reglamentos vigentes responden a los tiempos que vivimos.
Acroarte surgió con una fuerte raíz en la radio, medio que por décadas sostuvo la comunicación cultural del país. Con el paso del tiempo, la televisión se convirtió en el eje central de muchas categorías, consolidando su peso dentro de la premiación, la radio queda atrás en las nominaciones. Hoy, el escenario ha cambiado nuevamente: lo digital domina audiencias, genera figuras influyentes y produce contenidos de alto alcance.
Pero aquí surge una interrogante necesaria: ¿puede la popularidad digital sustituir el criterio profesional?.
La democratización de las plataformas ha permitido que muchas voces emergentes encuentren espacio. Sin embargo, también ha dado paso a una comunicación sin filtros, donde el escándalo, la controversia y la trivialización muchas veces generan más visibilidad que el talento o el aporte cultural. La profesionalización se ve desplazada por viralidad vacía. Mientras el profesional construye credibilidad a largo plazo basada en la ética y la estrategia, el creador empírico suele perseguir la atención inmediata.
Por todo lo que estamos viviendo con las redes sociales, se impone la necesidad de una regulación clara. No para excluir, sino para ordenar. Es necesario establecer normas que velen por las buenas costumbres, la ética profesional y la calidad del contenido. La disciplina comunicacional no puede ser opcional.
Otro aspecto que merece revisión es la repetición constante de ciertos nombres en las nominaciones y premiaciones. Si bien la trayectoria y la excelencia sostenida son dignas de reconocimiento, también es saludable abrir espacio al relevo generacional. Una premiación debe reflejar el presente, no convertirse en un homenaje permanente al ayer.
El desafío es equilibrar tradición y modernidad. Actualizar reglamentos sin perder la esencia. Integrar lo digital sin sacrificar el rigor.
La comunicación dominicana necesita orden, criterio y visión. Porque más allá de trofeos y alfombras, lo que está en juego es la credibilidad de nuestras instituciones culturales y el nivel de la conversación pública que estamos construyendo como sociedad.
Por Ana Bertha Pérez
