Preguntas obligadas distintas, pero conexas

Por Rolando Fernández miércoles 25 de septiembre, 2019

Cualquiera procuraría satisfacer la inquietud del por qué un pueblo puede aguantar tanto, sin reaccionar en contra de los abusos de que es objeto, ausentes de toda contemplación enmendatoria oficial pertinente.

El editorial del periódico “Listín Diario”, en su edición de fecha 19-9-19, donde bastante se dice sobre una problemática actual muy lacerante, aunque es algo viejo en realidad, intitulado: “Los “fantasmas” de las multas”, refiriéndose a las penalizaciones inmerecidas, abusivas, que se imponen a muchos conductores de vehículos en esta nación, constituye una importante denuncia más, dentro de las tantas que han sido hechas hasta el momento sobre ese particular, y que caso omiso han recibido.

Pero, ¡hay que seguir insistiendo!, por la gravedad del asunto envuelto; y, también preguntándose a la vez, ¿será que esta nación se ha convertido en “masoquista”?  ¿Es que tal situación obedece, a que se acabaron los hombres aquí?

Respecto de esa última, ¡sí!, los varones de pelo en pecho, en actitud de poner el frente a las desaprensiones locales dañinas que se estilan para esta sociedad, sin importar el sector de donde provengan. Cabrían ambas interrogantes anteriores, por la capacidad de aguante ciudadano que se observa a nivel de la gente nuestra.

Cómo es posible que, amén de los tantos impuestos fiscales, como los arbitrios municipales, con los que se viene gravando a esta población, también se haya tenido que venir soportando la imposición de sanciones inmerecidas, dizque por violaciones a la ley de tránsito, y sus normativas conexas, sin que en realidad se haya cometido falta alguna. Si dicha acción no es un abuso, ¿cómo se le podría llamar entonces? ¡Administrar a un pueblo pendejo, quizás!

Ahora mismo, se está registrando un gran malestar entre conductores locales, ante la obligatoriedad de tener que renovarse ya los marbetes de las placas para sus vehículos de motor, y sorpresivamente encontrarse con un abuso así.

Pues ocurre que, es en estos momentos cuando se enteran, qué son deudores de multas impuestas por la Dirección de Seguridad de Tránsito y Transporte, penalizaciones que ellos no reconocen, y que las entiende como inventadas; que son arbitrariedades recaudatorias de cuartos por parte el Estado nacional.

¡Pero, hay que pagarlas!; se está obligando a los contribuyentes. De lo contrario, cero renovaciones de marbetes para circular por las vías del país. El hacer aprovecho de la ocasión es obvio, para la compulsividad estatal manifiesta

Aparecen entre los afectados, ciudadanos que no tienen vehículos; que hace tiempo que no guían un automóvil; y, algunos que ni siquiera saben conducir. Además, personas que han estado residiendo fuera del país durante el período en que se les señala haber cometido las infracciones. Son de las precisiones y alegatos para defensa que se hacen, y que muchas veces no prosperan, a pesar de los esfuerzos que se realizan.

¡Y cómo es posible una pendejada así! Solamente en este “solar” se puede ver. Múltiples contravenciones aéreas puestas a personas por violación a la ley de tránsito, y normas conexas, inocentes de los porqués, y cuándo en realidad infringieron alguna regulación vial de esas que se aluden. ¡Increíble, verdad!

Cabe transcribir aquí un fragmento de algo que aparece expresado en el editorial de referencia: “La impresión que prevalece es que alrededor de este procedimiento hay una profunda falla de los sistemas computarizados. O la mano oculta de alguna mafia, procurando beneficios”.

Con todo el respeto que nos merece ese juicio externado, es obvio que, ambas cosas pueden suceder. Ahora, más probable sería la última, por la forma en que se ha venido “batiendo el cobre” en este país durante los últimos años, pincelado de corrupción y robos por doquier.

Lo raro es que, según se dice en el mismo espacio de prensa: “Las respuestas que han dado las autoridades ante estas quejas no son satisfactorias porque, hasta donde se sepa, no han sancionado a los agentes responsables de reportar o validar esas “multas fantasmas”, pese a los graves perjuicios que están causando a muchos ciudadanos”. ¡Y, entonces qué!! ¿Lo harán esos muto propio? ¡Difícil!

No son pocas las personas que creen aquí, que detrás de esa práctica indebida está el brazo recaudador del Gobierno, en busca de captar mayores recursos financieros para sus ejecutorias todas, sin importar la forma en que se proceda. Significativa, y peligrosa percepción ciudadana. ¡Cuidado!, “hasta la belleza cansa”, dice un refrán popular.

Mientras tanto, los “deudores en el aire”, bien molestos, y con sus razones obvias, están imposibilitados de poder cumplir con otros deberes ciudadanos requeridos, no solo el de pagar por un marbete-placa para sus vehículos de motor, hasta que no honren las deudas pendientes imputadas, por concepto de multas inmerecidas, según las entienden.

¿Hasta cuándo serán los abusos en este país, en contra de los ciudadanos? ¿Quién, o quiénes, se encargarán de ponerles coto a las arbitrariedades recurrentes en esta nación?, verbigracia, esa de que aquí se trata. ¡Mientras más tiempo dure el conformismo pueblerino, los latigazos serán mayores!

Autor: Rolando Fernández

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