Prefiera sufrir por hacer lo bueno y no por hacer lo malo

Por Enrique Aquino Acosta lunes 23 de agosto, 2021

Los seres humanos experimentamos lo que se conoce con el nombre de sufrimiento, palabra que aparece en la Biblia con diferentes significados.

Se usa como sinónimo de adversidad, angustia, calamidad, dolor, miseria, padecimiento y tribulación, aunque el Pequeño Larousse Ilustrado la define como pena o dolencia.

La Biblia enseña que hay dos causas generales de sufrimiento. Se puede sufrir por hacer lo bueno y por hacer lo malo (1 Pedro 3:17)

El caso más sublime de sufrimiento, “por hacer lo bueno”, lo experimentó el propio Dios, el cual se manifestó  por medio de Jesús (Isaías 9.6 y 53:3-10)

A través de ese maravilloso ser humano, Dios sufrió desprecio, quebranto, aflicción, tristeza, congoja, tormento y agonía.

Jesús fue maltratado, azotado, molido, herido y abatido  físicamente sobre una cruz. Además, cargó sobre su cuerpo nuestras enfermedades, dolencias y el peso de nuestros pecados.

¿Para qué experimentó tantas aflicciones? Las experimentó para restaurar la condición espiritual de los seres humanos, los cuales andaban y andan aun descarriados como ovejas y cada uno ha escogido su propio camino, razones por las que Jesús dijo: “YO SOY EL CAMINO”, para aquella generación y para la nuestra.

Además, no era a Jesús a quien se debió sacrificar. Era aquella generación y  a  la nuestra, por ser rebeldes, malvados, pecadores y culpables.

Sin embargo, el Plan redentor de Dios había determinado que Jesús, el santo, el  inocente y  justo iba a sufrir  y  a morir para pagar el castigo que merecían  los pecados  de toda la humanidad.

Desde luego, Dios quería cumplir  cinco propósitos fundamentales:

  1. Su infinito amor hacia nosotros. 2. Que su Hijo Amado Jesucristo sufriera el castigo que la humanidad merecía y merece. 3. Que cada persona que crea en ese sacrificio no pierda su alma. 4. Que viva en santidad. 5. Que tenga vida eterna (Juan 3.16)

En contraste con el extraordinario sufrimiento que experimentó Jesús,  también hubo un hombre codicioso y  amante del dinero que terminó sufriendo. El referido hombre denunció a Jesús ante los principales sacerdotes, lo vendió  por 30 monedas de plata y lo traicionó.

Se trata de Judas Iscariote, quien reconoció posteriormente que había obrado mal y se ahorcó (Mateo 27:3-5)

La codicia y  el amor al dinero constituyen, muchas veces, lazos y trampas que hacen caer en desgracia muchas personas, como ha ocurrido en nuestro país recientemente (1 Timoteo 6:7-10)

Varios grupos de personas están involucrados en los escándalos públicos Odebrecht, Operación Anti Pulpo,  Coral y otros.

A los involucrados en el caso Odebrecht, la Procuraduría Especializada de Persecución de la Corrupción Administrativa (PEPCA) los acusa de haber hecho y recibido sobornos millonarios contra los intereses del Estado.

Asimismo, el órgano judicial acusa al grupo involucrado en la Operación Anti Pulpo de beneficiarse, de forma irregular, de miles de millones de pesos de los fondos públicos. El referido grupo  constituye otras de las ramificaciones de la corrupción en las distintas instancias del Estado.

Otro grupo que está siendo acusado es el de la Operación Coral. La (PEPCA) lo acusa de corrupción, asociación de malhechores, estafa y otros delitos contra el Estado.

Cada  grupo es acusado de haber incurrido en actos de corrupción, o sea, en diferentes modalidades de fraudes, trampas y falsificaciones, situación que les produce sufrimiento.

Finalmente voy a poner otro ejemplo de sufrimiento y es la infidelidad espiritual, como es el caso de la persona que fabrica, posee y se arrodilla delante de un ídolo para honrarlo, adorarlo, pedirle o hacerle fiesta.

Dios prohíbe esas prácticas religiosas (Éxodo 20:3-6) ¿Por qué? Porque nuestra fe debe estar puesta, única y exclusivamente, en Jesucristo, a quien se debe honrar, glorificar, alabar  y adorar.

Así que, si usted rinde culto al ídolo de la Virgen de la Altagracia o a  otros, suéltelos en banda. Así podrá amar a Dios, con todo su corazón, alma y fuerzas (Mateo 22:37)

Por otra parte, cuando usted experimente algún tipo de sufrimiento no visite los brujos ni los adivinos. Clame a Dios. ÉL tiene poder para solucionar sus problemas. Confíe en sus promesas. Son fieles, verdaderas y tienen cumplimiento eterno.

En definitiva, cuando usted cruza la línea ética del “deber ser” para violar las normas de Dios o se dedica a cometer actos de corrupción contra  personas físicas o jurídicas, lo único que le espera es el sufrimiento físico y espiritual.

Para evitarlo, debe entender que hacer lo bueno no avergüenza, sino, el hacer lo malo. Obedezca las normas de Dios y de la sociedad y  vivirá en paz.

Además, debe preferir sufrir por ser una persona obediente, mansa, humilde, leal, honesta, veraz e inocente, que sufrir por ser insubordinado, rebelde, orgulloso, desleal, deshonesto, mentiroso, delincuente  y culpable.

Por Enrique Aquino Acosta

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