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31 de enero 2026
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OpiniónPablo ValdezPablo Valdez

Precisiones de dignidad

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RESUMEN

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Por el ojo de la cerradura

El doctor Joaquín Balaguer y Ricardo solía decir, con su estilo enigmático y calculadamente ambiguo: “En política hay cosas que se ven y cosas que no se ven.”

Esta expresión resume una de las claves fundamentales de su pensamiento y de su práctica política: la idea de que la política no se reduce a lo visible —los discursos públicos, las decisiones formales o los gestos simbólicos—, sino que está profundamente marcada por negociaciones discretas, intereses ocultos, equilibrios de poder y estrategias que rara vez salen a la luz.

Evidentemente, en el fondo, la frase no solo describe una táctica, sino que expresa una concepción de la política como un espacio de doble realidad:

• La realidad visible, que se comunica al pueblo.
• La realidad invisible, donde se toman muchas de las decisiones fundamentales.

Probablemente podría pensarse que esta frase, que ha perdurado con tanta fuerza en el imaginario dominicano por su sencillez y profundidad explicativa —especialmente cuando la política parece contradictoria, incoherente o sorpresiva—, es de carácter exclusivamente nacional. Sin embargo, al observar el manejo político a nivel mundial, bien podríamos afirmar que posee connotaciones casi universales.

Los ejemplos más recientes están marcados por confrontaciones verbales y bélicas. No resulta fácil definir con precisión los comportamientos de los líderes de las naciones actualmente inmersas en conflictos, y mucho menos los de aquellos que, tradicionalmente aliados, muestran hoy posturas ambiguas o cambiantes. De hecho, mientras más se analizan dichos comportamientos, más se justifica la frase popularizada por el doctor Balaguer.

En ese contexto, resultan dignos de análisis y valoración los comportamientos y las estrategias de líderes de China, Rusia, Cuba, Venezuela, México y Estados Unidos, cuyas decisiones públicas y privadas parecen moverse constantemente entre la afirmación y la negación, entre el discurso y la acción.

Ciertamente, las ambivalencias procedimentales de estos y otros dirigentes —dependiendo de los vaivenes políticos y de los escenarios beligerantes— generan una aceptación tácita de este concepto y, al mismo tiempo, una duda permanente entre lo que se afirma en el presente y lo que finalmente podría ocurrir en el futuro.

Todo indica que estas formas de liderazgo también le dan la razón al doctor Joaquín Balaguer cuando afirmaba que, en política, los amigos de hoy pueden ser los enemigos de mañana, y viceversa.

Por lo visto en la contemporaneidad, no parece existir el mea culpa. En su lugar, domina la conocida frase: “donde dije digo, quise decir Diego”. Así se justifica lo que afirma un amigo del entorno académico: “la mentira es un instrumento de competitividad”.
Y si esto es así, surge inevitablemente la pregunta final: ¿a quién y para qué le creo?

Entonces, ¿qué sería lo ideal? Probablemente mirar por el ojo de la cerradura, con un ojo cerrado que facilite la observación del otro; ver y observar, oír y escuchar, porque al final —como ocurre en la política— siempre habrá cosas que se ven y otras que no se ven.


Por Pablo Valdez

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