RESUMEN
Es una bofetada al rostro del hombre de campo, pues es por primera vez en casi medio siglo —45 años de historia agrícola ininterrumpida— las tierras del Este dominicano se quedarán mudas, sin el verdor de los surcos de habichuelas que tradicionalmente adornan nuestro invierno.
Lo que hoy ocurre no es una tragedia natural; es un asesinato premeditado a la producción nacional, ejecutado por la desidia y la burocracia de un gobierno que parece haberle dado la espalda al sudor del campesino.
Lo más indignante de esta parálisis es la ironía del cielo.
Mientras la naturaleza bendijo la región con lluvias favorables que garantizaban una humedad óptima en el suelo, la «muleta oficial» del Estado se mostró coja y ciega.
Las nubes cumplieron su parte, pero el Gobierno falló en la suya: ni semillas de calidad, ni equipos para roturar la tierra.
La radiografía del desastre económico
No estamos hablando solo de tierra vacía; estamos hablando de un hueco financiero que hundirá a la región.
El impacto de dejar de sembrar en estas provincias se traduce en cifras de espanto:
Inversión, Perdida en Preparación, para lo cual había hipotecados parcelas tomar orestado:.
Se estima que los productores ya habían invertido miles de pesos en limpieza de maleza y gestión de préstamos que hoy generan intereses sin haber enterrado un solo grano.
Deuda social
Ahora por no sembrar habichuelas, más de 2,000 familias ven esfumarse el sustento de todo un año.
Los colmados locales, que fían bajo la promesa de la cosecha, enfrentarán una quiebra en cadena al no haber retorno de capital.
Al no producir localmente, el mercado tendrá que importar habichuelas, encareciendo el plato de comida del ciudadano y beneficiando a productores extranjeros en lugar de a los nuestros.
»El gobierno no solo ha dejado de entregar semillas; ha entregado a los productores del Este a los brazos de la usura y la desesperación.»
Un abandono que recorre el Este, pues desde las llanuras de Hato Mayor y El Seibo, pasando por Higüey y Monte Plata, hasta San Pedro de Macorís y La Romana, el sentimiento es el mismo: abandono total a los productores.
La ventana de siembra, que cierra este 20 de enero, se ha clausurado por la negligencia de funcionarios que parecen ignorar que la agricultura no sabe de plazos burocráticos, sino de ciclos naturales.
¿Está el gobierno quebrado o es que el Este ha sido borrado del presupuesto nacional?
Haber desperdiciado las lluvias de este ciclo es un pecado administrativo que la economía de nuestra región no perdonará.
Mientras el Ministerio de Agricultura duerme, el campo del Este llora la cosecha que no fue.
Es el crimen del invierno seco de voluntad política.
Lo más indignante de esta parálisis es la ironía del cielo. Mientras la naturaleza bendijo la región con lluvias favorables, creando el escenario perfecto para una cosecha histórica, la «muleta oficial» del Estado se mostró coja y ciega.
Las nubes cumplieron su parte, pero el Gobierno falló en la suya: ni semillas, ni equipos para roturar la tierra.
Los productores se quedaron esperando desde octubre hasta este enero de 2026.
¿Bancarrota Estatal?: La ausencia de apoyo es de tal magnitud que surge la pregunta obligada: ¿Está el gobierno quebrado o es que el Este no figura en su mapa de prioridades?
No producir habichuelas en la región oriental, este invierno, es un retroceso de décadas.
Mientras los funcionarios se llenan la boca hablando de seguridad alimentaria en despachos con aire acondicionado, el productor del Este se hunde en deudas y la tierra se queda estéril por culpa de la ineficiencia.
Haber desperdiciado las lluvias de este ciclo es un pecado administrativo que la economía de nuestra región no olvidará fácilmente.
Por: Manuel Antonio Vega
