RESUMEN
Una reflexión sobre el liderazgo ambivalente
- Porque la universidad es otra cosa
“La ambivalencia no lidera, oscila; y en su vaivén, las instituciones pierden el rumbo.”
Un liderazgo ambivalente es aquel que no arriesga nada, atrapado en la temeridad de no seguir creciendo en el favor de su entorno. Tal actitud puede llevar al líder a no asumir responsabilidades de ningún tipo frente a los retos del camino que ha elegido, y a actuar sin medir consecuencias. En ese contexto, es capaz incluso de “poner la iglesia que lidera en manos de cualquier Lutero que aparezca en su camino”, como reza el dicho popular.
Este tipo de liderazgo puede perpetuarse en el tiempo, pero sin el brillo que otorga la responsabilidad asumida pese al riesgo. Se sostiene únicamente en la permisividad de confiar en personas cuya ética se resume en frases como: “el que no transa no avanza” o el nihilismo resignado de “na e na”.
Se trata, en esencia, de un liderazgo que opta por la irresponsabilidad. Sostiene que “lo que se ha hecho así, debe seguir siendo así” y que “lo mejor es estar tranquilo y dejar que todo avance, sin importar las consecuencias”.
El liderazgo ambivalente manifiesta, además, sentimientos, pensamientos o actitudes contradictorios hacia una misma persona, situación o realidad. Ama y odia según convenga. Se muestra alegre o triste sin explicación clara. Desea y rechaza sin razón aparente.
Esta ambivalencia genera confusión emocional, parálisis en la toma de decisiones e inestabilidad afectiva. En términos de gestión, la ambivalencia se convierte en un grave obstáculo: es el mayor condicionante de una irresponsabilidad rampante que, en última instancia, termina siendo la crónica de un fracaso organizacional anunciado.
Por Pablo Valdez
