La desaceleración de la economía dominicana durante el primer semestre del año ha encendido las alarmas entre los sectores productivos del país. El Producto Interno Bruto (PIB) creció apenas a la mitad de su potencial y alcanzó solo el 60 % de las proyecciones oficiales, lo que ha provocado una caída en la demanda agregada y una disminución significativa en la oferta de empleos en el sector formal.
Según el último informe del Banco Central sobre el Índice Mensual de Actividad Económica (IMAE), “el incremento durante el mes de junio fue de 1.1 %, lo que equivale a una variación interanual de 2.4 % durante el período enero-junio, respecto al mismo período del año anterior”. Estos datos ponen en duda el cumplimiento de las metas de crecimiento previstas por las autoridades, que inicialmente proyectaban un rango entre 4.5 % y 5 %, más tarde ajustado a entre 3.5 % y 4 %.
Para alcanzar esta última proyección, la economía dominicana tendría que crecer a un ritmo promedio de 4.6 % en los seis meses restantes del año. Sin embargo, esto parece poco probable, considerando que solo en un mes se ha alcanzado ese nivel de crecimiento, y que las actividades económicas más relevantes muestran un comportamiento negativo o de bajo crecimiento. El sector construcción, por ejemplo, presenta una caída de –2.3 % respecto al mismo período del año anterior. Otros sectores no exhiben cifras negativas, pero sí un ritmo de crecimiento decreciente.
Desde principios de año, cuando el Gobierno, el Banco Central y el Fondo Monetario Internacional (FMI) presentaron sus proyecciones, algunos economistas mostramos reservas. En el presupuesto nacional se contempla un gasto de capital equivalente al 2.3 % del PIB, muy por debajo del promedio histórico superior al 3 %.
Estudios demuestran que cada unidad de inversión en obras de capital genera un efecto multiplicador de 1.7 veces sobre el PIB, además de incentivar la inversión privada en proporciones aún mayores. En este contexto, apostar por un crecimiento superior al 4.5 % con un gasto de capital tan limitado parecía desde el inicio un objetivo riesgoso.
Las obras de infraestructura —como metros, pasos a desnivel, escuelas, hospitales, carreteras y puentes— no solo estimulan el crecimiento económico, sino que también mejoran la competitividad del país. Organismos internacionales recomiendan una inversión mínima del 5 % del PIB en este tipo de obras. En América Latina, países como Bolivia, Ecuador, Nicaragua y Perú superan ese umbral, y ninguno invierte menos del 3 %, con un promedio regional del 4.5 %.
La evidencia es clara: si el Gobierno dominicano no incrementa de manera significativa la inversión pública, el crecimiento potencial de la economía continuará en riesgo, afectando tanto el desarrollo económico como la generación de empleos.
Por: Julio Sesar Mateo
El autor es Ingeniero civil, economista y docente universitario.
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