RESUMEN
EL NUEVO DIARIO, SANTIAGO.- La Secretaría de Participación e Inclusión del Partido de la Liberación Dominicana (PLD) lamentó este jueves el cierre del Centro de Capacitación para Personas Ciegas (Cecapci), una institución que durante más de 15 años ha servido de apoyo esencial para cientos de familias que conviven con la discapacidad visual y que hoy quedan desamparadas.
Mediante un comunicado, el PLD dice que el cierre de este centro, debido al deterioro estructural del edificio donde operaba, deja a más de 1,500 familias sin acceso a terapias y acompañamiento especializado, afectando directamente a niños con discapacidad visual, trastornos del espectro autista, dificultades de aprendizaje y problemas conductuales.
“Resulta inaceptable que en un país que proclama inclusión y protección social, una institución con este impacto tenga que cerrar sus puertas sin que exista una respuesta inmediata de las autoridades. La inclusión no puede ser un simple discurso ni una consigna política: debe traducirse en acciones concretas que garanticen servicios dignos y permanentes para quienes más lo necesitan”, declaró Junior Fructuoso, titular de la Secretaría de Participación e Inclusión del PLD.
Explicó que muchas familias se ven obligadas a suspender terapias esenciales para el desarrollo de sus hijos, debido a que los costos en centros privados superan los 6,000 y hasta 16,000 pesos por paquetes de terapias semanales, cifras imposibles para la mayoría de los hogares dominicanos.
“Desde la Secretaría de Participación e Inclusión del Partido de la Liberación Dominicana exigimos a las autoridades competentes una respuesta inmediata y responsable que permita garantizar la continuidad de estos servicios, ya sea mediante la intervención urgente de la infraestructura o la habilitación de un nuevo espacio donde el Cecapci pueda retomar su labor”, expresa el órgano especializado del PLD en un despacho periodístico.
Las personas con discapacidad no pueden seguir siendo las grandes olvidadas de las políticas públicas. Una sociedad que abandona a sus niños más vulnerables está renunciando a su propio futuro, concluye.




