RESUMEN
Existe un viejo adagio que dice “más vale prevenir que tener que lamentar” en nuestro caso dada la ubicación geográfica del país la coloca en una ruta segura de los fenómenos naturales que se forman en el desierto del Sahara anualmente entre junio y noviembre. Debemos estar preparados para enfrentar cualquier catástrofe y acortar los tiempos de respuesta una vez ocurrido el hecho.
La región y este caso particular el Caribe debe priorizar el diseño de medidas de adaptación para reducir el daño eventual del costo económico de las catástrofes climáticas y reforzar además la capacidad de resiliencia a los shocks futuros. Vivimos expuestos a las calamidades, por lo que reforzar esa capacidad no es una opción sino una cuestión de supervivencia.
Debemos crear una bitácora que reseñe toda la historia como punto de partida por trayectoria, año, cuantificación perdidas físicas, humanas, económicas y su impacto en el PIB, regiones afectadas, para tener claros el riesgo de las zonas más vulnerables del paso de los fenómenos hidro o provocado por sus consecuencias, es decir: huracán, tormenta, ciclones, inundaciones, deslaves, deslizamientos de tierras, etc.
Si los riesgos se estiman altos nuestras autoridades económicas deben integrarlos explícitamente en los marcos de políticas y formular planes que gestionen la exposición a estos fenómenos, así los riesgos se reducirían con recursos previstos. Hemos presenciado con bastante frecuencia como las infraestructuras del país sufren considerablemente (puentes, carreteras, escuelas, daños a la agricultura etc.)
Se ha demostrado ya que las campañas desde el COE y la ONAMET han sido muy efectivas a través del sistema de alertas anticipadas para que la población se mantenga informada de cuan expuestos están los ciudadanos así se salvan vidas siempre cuando la prudencia sea el norte y cumplan con las prevenciones.
El riesgo no siempre puede evitarse, pero los países deberían invertir siempre en formas de reducir el impacto de esas catástrofes mediante las siguientes medidas:
1ero. La creación de seguros para empresas privadas y viviendas frente a los riesgos de desastres. Así se protegen las inversiones y se liberan recursos fiscales creando un mercado que contrarresten los efectos negativos cuando ocurren estos fenómenos.
2do. Existen innovadoras herramientas de distribución del riesgo como los seguros paramétricos internacionales que basan las indemnizaciones en el tipo de catástrofes y evitan las evaluaciones de perdidas in situ.
3ero Creación de un fondo internacional de distribución de riesgos entre todos los países del Caribe. Así se compartirían el alto costo del seguro en los mercados internacionales. Como por ejemplo el fondo conocido Facilidad de Seguros contra Riesgos Catastróficos en el Caribe del Banco Mundial permiten una liquidez rápida a los países impactados distribuyendo el riesgo.
4to Líneas contingentes con otros acreedores multilaterales que consignan recursos para tales fines.
Hay que estar preparados siempre para lo peor, pero de la manera ya señalada los costos de reconstrucción mejoran las estrategias de preparación y ya la experiencia indica que los países que no invierten lo suficiente en medidas de reducción y prevención de riesgos lo pagan con retrasos considerables en el desarrollo dado que las pérdidas sufridas afectan múltiples sectores.
Los factores a considerarse en estos casos son: los fondos estatales ante una catástrofe son limitados dada las complejas condiciones por los desembolsos no previstos y que son difíciles de diseñar en un entorno del gasto de capital de cada país.
Todavía no contamos con un mercado de seguros contra catástrofes y su reducida capacidad en el conocimiento de la población limita su cobertura en caso de ocurrencia y que se caracterice por ser de fuerte dimensión.
Al tener debilidades en ese segmento particular en el mercado financiero y de competencia limitada los efectos y repercusiones se sienten más. Por ejemplo, en Belice y Granada los seguros solo cubrieron el 4,5% de los daños totales de una catástrofe de grandes dimensiones.
A pesar de que muchos estados caribeños se acogieron a la Facilidad de Seguros contra Riesgos Catastróficos, las indemnizaciones fueron reducidas en relación a los costos porque los países simplemente no pudieron costearse una mayor cobertura. Fuente Banco Mundial. De ahí que la creación de un fondo mancomunado reduciría las primas por la distribución del riesgo de que todos reciban el mismo shock.
Otra solución sería la creación de un mercado de bonos contra catástrofes de gran envergadura contra contingencias sería una alternativa dentro de cada país. Lo cierto es, que los países mantienen una política de remediación ante el paso de estos desastres climáticos en vez de anticiparse para reducir el riesgo posible. La comunidad internacional podría ayudar a las autoridades económicas de nuestra región para reducir las vulnerabilidades y reforzar la capacidad a los shocks a la exposición siempre permanente de nuestros países.
El autor es economista
Por Tomás D. Guzmán Hernández
