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12 de febrero 2026
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OpiniónJoaquín F. TaverasJoaquín F. Taveras

Piedad y Letras: La educación libre del Caput Mundi al Malecón

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RESUMEN

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Y así logré acceder al corazón del universo de San José de Calasanz, en el lugar donde se concibió el proyecto académico que había de moldear la enseñanza en el mundo, y con ello, en la República Dominicana.

En el tercer intento, la pequeña iglesia seguía cerrada, pero persistí y fui escuchado por el Padre Ángel, quien en su hora de descanso, cual San Pedro con llave en mano, en tiempos terrenales donde el calor se ensaña con Roma, me guio por los recovecos, los vícolos con sampietrini, hasta la antigua entrada de la Iglesia de San Pantaleón.

Un enorme portón de madera se abrió para revelar los tesoros escolapios que, cual proyección del destino o de la providencia, cobraban vida en los escenarios que de niño veía impresos en los libros de catecismo.

Subí las escaleras donde, cuatrocientos años atrás, el niño de ojo herido había sido sanado por Calasanz, realizando su primer milagro. Entré en la capilla donde, en una nave celestial, Theotokos, María, descendía con Jesús a su vera, bendiciendo a los presentes.

Estar allí, sentir la energía excitante de la fe, contemplar la luz tenue y dorada filtrándose por los ventanales, entrar en la última morada del Santo, tocar sus vestigios, el suelo, oler la humedad de la madera y de los frescos, rozar el edredón de su cama mortecina, sus zapatos desgastados, y en una mesa, sus cartas; y en esas carta, sus pensamientos y memorias.

El padre Ángel fue la guía perfecta. Con sus palabras, reviví el testimonio de la Piedad y las Letras, enseñanzas de padres como Eraso y A. Paricio, germen de lo sembrado en 1935, cuando en nuestra isla remota del Caribe llegaría el primer escolapio, el Padre Joaquín Ferragud, luego de una visita a Nicaragua donde había conocido el sistema educativo.

Vestido de sotana e ilusión, refirió el proyecto al entonces Secretario de Educación, Dr. Joaquin Balaguer, quien lo motivó a presentarlo al Presidente Trujillo, quien viéndolo con simpatía, le permitió instalar en el número 4 de la calle Hnos. Deligne una residencia estudiantil, previa formalización de la estructura inaugurada en diciembre de 1953 en la Av. Independencia, donde aún hoy permanece, bajo un techo de árboles de almendros y flamboyán, en el que la brisa del malecón acaricia el pensamiento calasancio, que profesa la educación inclusiva y mezcla de clases sociales.

Un tifón de recuerdos me trepó por la nuca: la melancolía de la infancia, la pureza calasancia que, en estos tiempos de cambalache, nos recuerda que Dios siempre encuentra la manera de hacernos saber que está presente.

Por: Joaquín Fernando Taveras Pérez 

Sobre el autor

El autor es diplomático, comunicador, mediador lingüístico, egresado de la Universidad de Palermo en Buenos Aires, Argentina, maestría en mediación intercultural en el campo diplomático, en el Instituto CIELS de Milán, Italia. Ha realizado cursos de literatura en el Cambridge Education Group, actualmente trabaja para el Ministerio de Relaciones Exteriores de la República Dominicana, ejerciendo las funciones de primer secretario encargado de cooperación académica y cultural en la Embajada dominicana en Roma. Creador del Ciclo de Literatura Dominicana en Italia, en el Instituto Cervantes de Milán. Ha publicado en varias revistas, como la neerlandesa “Diplomat Magazine”, creador de las guías de gestión y comunicación para la Universidad de Palermo, guía para gerencia y dirección de la comunicación publicitaria en televisión, para el canal Teleantillas, donde fue director de promociones durante dos años.

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