RESUMEN
EL NUEVO DIARIO, SANTIAGO.- El periodista Humberto Fernández, expresó este martes que vivimos en una época en la que los medios de comunicación (radio, televisión, plataformas digitales e impresos) han sufrido una impactante degradación de su contenido.
Manifestó que lo que alguna vez fue considerado un espacio para informar, educar y liderar al público, se ha transformado en una plataforma dominada por la banalidad, la vulgaridad y el descuido. Indicando que ahora se apoya «todo» en los medios de comunicación, donde la calidad es reemplazada por la trivialidad y el sensacionalismo se logra a expensas de la responsabilidad social.
La función principal de los medios de comunicación debe ser proporcionar información veraz y profunda que promueva una sociedad más crítica, informada y educada. Pero la realidad actual es bastante diferente. Para crear «ratings» o atraer clics en el mundo digital, los medios optan por promover temas vacíos e imágenes sin valor. En muchos casos, este comportamiento no solo promueve antivalores, sino que también perjudica el bienestar colectivo.
Sorprendentemente, el público se ha acostumbrado a ver en la pantalla y escuchar en la radio a personajes que no son más que un reflejo de la decadencia de los valores fundamentales. Se ha puesto de moda convertir en «celebridades» a personas que no tienen otro valor que promover la perversión, el conflicto y la mediocridad.
El periodista sostuvo que esto ha creado un círculo vicioso: los medios promocionan a estos personajes porque saben que llamarán la atención, y las audiencias bombardeadas con este tipo de contenidos acaban normalizando cosas que antes se consideraban inaceptables.
¿Es posible que hayamos llegado a un punto en el que las cuestiones irrelevantes y superficiales sean más importantes que los problemas reales que aquejan a la sociedad? Mientras temas de importancia pública como la educación, la salud, la justicia social y la transparencia pública quedan relegados a un segundo plano, las pantallas y los titulares se inundan de escándalos que solo reflejan una sociedad aletargada.
Esta tendencia no solo afecta la calidad de la información que se recibe, sino que también moldea el comportamiento y las expectativas de las generaciones más jóvenes, quienes ven el valor de hacer cosas vulgares y fáciles y empiezan a adoptar el mismo modelo como fórmula para el «éxito». El esfuerzo, la dedicación y la preparación son sustituidos por ruido y éxito rápido. Se necesita urgentemente repensar la dirección de los medios y su impacto en la sociedad.
“No podemos permitir que sigan participando en la degradación de los valores, la moral y la moral social. Los comunicadores, editores y directores de medios tienen la responsabilidad de garantizar la calidad del contenido proporcionado, pero las audiencias también tienen la responsabilidad de exigir estándares más altos”, aseveró.
La globalización de los medios refleja el deterioro de nuestra sociedad, y revertir este proceso requiere el compromiso de todos los actores. Se trata de recuperar el valor de contenidos que no solo entretienen, sino que también educan, informan y mejoran el nivel cultural de nuestra sociedad.
El desafío está en nuestras manos: restaurar las funciones sociales y educativas de los medios de comunicación y detener la difusión de modelos que solo pueden conducir a la desintegración de nuestra cultura. No se puede permitir que los malos ejemplos se conviertan en la norma, ni que las referencias genuinas al esfuerzo y al valor queden oscurecidas por ruidos irrelevantes.
Ahora es el momento de exigir cambios y devolver al lugar que les corresponde los contenidos que promueven el crecimiento individual y colectivo. Solo así se podrá construir una sociedad más consciente, más justa y preparada para afrontar los desafíos actuales y futuros.




