ENVÍA TUS DENUNCIAS 829-917-7231 / 809-866-3480
15 de enero 2026
logo
3 min de lectura Deportes

Pequeña oda a un negro boxeador cubano

Compartir:

RESUMEN

Analizando noticia... por favor espera.

EL NUEVO DIARIO, SANTO DOMINGO. -Nicolás Guillen, el laureado poeta cubano cuya basta producción literaria, ha tocado los más diversos temas de la actividad humana, no podía sustraerse de una actividad tan inmensamente universal como el deporte.

En esta ocasión, presentamos a los lectores un poema donde el celebrado bardo camagueyano se refiere a las peripecias de un pugilista que emigra de su lar antillano hacia la urbe imperial.

PEQUEÑA ODA A UN NEGRO BOXEADOR CUBANO, es un fiel retrato del destino que aguardaba a los peleadores que saltaban al boxeo de paga en la Cuba precastrista.

Guillén, en su interesante poema, define la inconciencia de un hombre que se deja atrapar en la telaraña de una avasallante realidad, vedada a su capacidad cognoscitiva.

Resumen diario de noticias

Recibe en tu correo las noticias más importantes del día

El autor de «Songoro Cosongo» señala a través del discurso poético, el comportamiento psicológico de un hombre que decide enrumbar su vida hacia un duro oficio al que está fatalmente ligado.

Y su establecimiento en un ambiente donde deberá ganarse la vida a cualquier precio, y donde le está reservado el actuar, no como un ser racional, sino como un reflejo.

En lo concerniente a las excelencias artísticas, huelga, cualquier tipo de comentario, porque estamos frente a uno de los grandes escritores de la época con-temporánea, cuya excepcional producción le hizo merecedor del Premio Internacional Lenin de la Paz.

Uno de los aspectos más notables del texto que comentamos es la forma atinada de insertar Guillén los términos propios de la jerga boxística a lo largo del poema.

También, la circunstancia de que se refiera a un pugilista negro. Porque la historia se desarrolla en tiempo de la dictadura batistina, imperando, como siempre, el racismo y la discriminación, y cuando muchos jóvenes negros entre otros oficios- decidían jugarse su destino con un golpe de suerte, dedicándose a la profesión de los puños.

PEQUEÑA ODA A UN NEGRO BOXEADOR CUBANO aparece en la obra Songoro Cosongo, escrito en 1931 por Nicolás Guillén (H.M.).

Tus guantes puestos en la punta de tu cuerpo de ardilla, y el punch de tu sonrisa.

El Norte es fiero y rudo, boxeador. Ese mismo Broadway,

que en actitud de vena se desangra para chillar junto a los rings

en que tú saltas como un moderno mono elástico,

sin el resorte de las sogas, ni los almohadones del clinch:

ese mismo Broadway

que unta de asombro su boca de melón

ante tus puños explosivos

y tus actuales zapatos de charol; ese mismo Broadway,

es el que estira su hocico con una enorme lengua húmeda,

para lamer glotonamente toda la sangre de nuestro cañaveral.

De seguro que tú

no vivirás al tanto de ciertas cosas nuestras, ni de ciertas cosas de allá,

porque el training es duro y el músculo traidor, y hay que estar hecho un tiro, como dices alegremente, para que el golpe duela más.

Tu inglés,

un poco más precario que tu endeble español,

sólo te ha de servir para entender sobre la lona

cuanto en su verde slang

mascan las mandíbulas de los que tú derrumbas

jab a jab.

En realidad, acaso no necesitas otra cosa,

porque tú como seguro pensarás, ya tienes tu lugar.

Es bueno, al fin y al cabo,

hallar un punching bag,

eliminar la grasa bajo el sol,

saltar,

sudar,

nadar,

y de la suiza al shadow boxing. de la ducha al comedor,

salir pulido fino, fino fuerte, como un bastón recién labrado con agresividad de black jack.

Y ahora que Europa desnuda

para tostar su carne al sol

y busca en Harlem o en la Habana

jazz y son,

lucirse negro mientras aplaude el bulevar,

y frente a la envidia de los blancos

hablar en negro de verdad.

PÁGINA 29