RESUMEN
EL NUEVO DIARIO, WASHINGTON. – El anuncio del acuerdo entre Canadá y la Unión Soviética sobre suministro de cereales ha aumentado la incertidumbre sobre el futuro de las ventas de granos norteamericanos a Moscú.
Los especialistas han asegurado, al hacerse público el pacto entre Ottawa y la URSS, que se van a intensificar las presiones políticas sobre la administración Reagan para negociar un nuevo acuerdo ce-realero con los soviéticos.
En las últimas semanas, tras el levantamiento del embargo norteamericano de granos contra la URSS, impuesto por Jimmy Carter en enero de 1978 en respuesta a la intervención soviética en Afganistán, funcionarios norteamericanos han tratado de sondear a Moscú sobre sus intenciones respecto a un nuevo acuerdo.
El acuerdo actual, que expira el próximo 30 de septiembre, estipulaba que durante cinco años los soviéticos comprarían un mínimo de 6 millones de toneladas de granos al año y un máximo de 8, pero, hasta el decreto del embargo, ambos países habían acordado una venta adicional de 17 millones de toneladas al año.
Hasta ahora, según fuentes fidedignas citadas por el «Journal of Commerce», la URSS no parece haber adoptado una postura clara respecto a los futuros tratos cerealeros con Washington.
La URSS, pese a haber tenido una cosecha inferior a sus previsiones el año pasado, se encuentra ahora en una posición más fuerte, de cara a las negociaciones con Washington, gracias al acuerdo con Canadá (25 millones de toneladas de trigo y cebada en los próximos 5 años), la aparente abundancia de las reservas mundiales de cereales, y el aumento de sus compras a la Argentina y otros suministradores, a raíz del embargo norteamericano de 1980.
El sector cereal de Estados Unidos ha ‘estado presionando a la administración Reagan no sólo para que negocie un nuevo acuerdo de granos con Moscú para varios años, sino también para que no amplíe desde los 8 millones de toneladas actuales hasta 11 o 12 millones de toneladas al año.
Otros han abogado incluso por la ampliación del pacto que comprendería el suministro de diversos productos como arroz y carne, señala el «Journal of Commerca».
Pero es posible que el Kremlin prefiera no renovar el pacto, para expresar su descontento por las declaraciones antisoviéticas del nuevo gobierno norte-americano, y también debido a razones comerciales de tipo práctico.
Sea cual sea el futuro de los vínculos cerealeros entre los dos países, conviene recordar que los granjeros norteamericanos ya tienen asegurada una salida para sus productos, gracias al acuerdo firmado con China en octubre pasa-do, por el que Pekín se comprometió a comprar anualmente de 6 a 9 millones de toneladas de granos a Estados Unidos durante cuatro años.
Por Anne Leroux
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