RESUMEN
EL NUEVO DIARIO, SANTO DOMINGO.- Ahora mismo República Dominicana está viviendo una «situación extrema, excepcional y crítica, con los mayores peligros, riesgos e inconvenientes para su existencia como Estado nacional», como consecuencia de la inquietante penetración de haitianos indocumentados, y por eso es necesario forjar «un pacto histórico» para preservar la soberanía y la identidad nacionales.
Este planteamiento lo formula el dirigente nacionalista Pelegrín Castillo en un documento titulado «Fundamentos para un histórico Pacto Nacional en torno a la crisis haitiana y sus repercusiones en RD».
Castillo, vicepresidente de la Fuerza Nacional Progresista, observa que el país está amenazado por la crisis de Haití, por lo cual hay que «realizar un gran esfuerzo de unidad patriótica, más allá de los partidos y las posiciones ideológicas, incluso los intereses particulares, para evitar que el proyecto histórico RD sufra daños difíciles de superar o se destruya en el contexto de un conflicto de envergadura».
Para él es urgente reconocer que «los desafíos que nos plantea la condición de Estado fallido de Haití, y la cuestionable actitud de la CI [comunidad internacional] y sus organismos representativos, son de tal magnitud y complejidad, que no pueden ser enfrentados y superados en forma aislada por ningún actor político nacional, ni con ánimo de aprovechar posiciones coyunturales, ni mucho menos con el interés de extraer ventajas de tipo electoral, partidaria, sectorial o corporativa».
Castillo estima que todos los actores vitales de la nación son culpables, «por acción u omisión, en mayor o menor medida, en la situación generada por el esquema de relaciones insulares e internacionales que prevalece hace décadas, y que, en consecuencia, no esté particularmente obligado, a cerrar filas en la defensa de la soberanía y autodeterminación, la integridad territorial y demográfica, la identidad nacional histórica y cultural de la República».
«Existe una oportunidad única de salir bien librado de la trampa mortal en que nos ha colocado un conjunto de factores y procesos, a la vez que este es el último chance de procurar una solución internacional justa y racional, dentro de un esquema de corresponsabilidad compartida, a los arduos problemas de coexistencia y potenciales conflictos en la isla de Santo Domingo».
Ante la encrucijada histórica, propone buscar el consenso nacional y adoptar mecanismos para evitar el naufragio de la nación y para sortear los desafíos internacionales en materia tan urticante.
A continación, el texto íntegro:
«Fundamentos para un histórico Pacto Nacional en torno a la crisis haitiana y sus repercusiones en RD.
«1. Reconocimiento general de que la RD enfrenta en el presente una situación extrema, excepcional y crítica, con los mayores peligros, riesgos e inconvenientes para su existencia como Estado nacional, de toda su historia republicana.
«2. Aceptación de que es un imperativo del momento histórico que vive el mundo, el continente y la isla, realizar un gran esfuerzo de unidad patriótica, más allá de los partidos y las posiciones ideológicas, incluso los intereses particulares para evitar que el proyecto histórico RD sufra daños difíciles de superar o se destruya en el contexto de un conflicto de envergadura.
«3. Aceptación de que los desafíos que nos plantea la condición de Estado fallido de Haití, y la cuestionable actitud de la CI y sus organismos representativos, son de tal magnitud y complejidad, que no pueden ser enfrentados y superados en forma aislada por ningún actor político nacional, ni con ánimo de aprovechar posiciones coyunturales, ni mucho menos con el interés de extraer ventajas de tipo electoral, partidaria, sectorial o corporativa.
«4. Aceptación de que no hay un solo sector del liderazgo político y nacional que no tenga algún grado de responsabilidad -por acción u omisión, en mayor o menor medida-, en la situación generada por el esquema de relaciones insulares e internacionales que prevalece hace décadas, y que, en consecuencia, no esté particularmente obligado, a cerrar filas en la defensa de la soberanía y autodeterminación, la integridad territorial y demográfica, la identidad nacional histórica y cultural de la República. Existe una oportunidad única de salir bien librado de la trampa mortal en que nos ha colocado un conjunto de factores y procesos, a la vez que este es el último chance de procurar una solución internacional justa y racional, dentro de un esquema de corresponsabilidad compartida, a los arduos problemas de coexistencia y potenciales conflictos en la isla de Santo Domingo.
«5. Disposición de adoptar compromisos con la formulación y ejecución de políticas de Estado eficaces y coherentes, tanto en materia de seguridad y defensa como de política exterior, en relación a la crisis de Haití que reiteramos acusa la condición de estado fallido o colapsado, y que ademas ha sido virtualmente abandonado por la CI. Dichos compromisos deben fundarse no solo en un nuevo enfoque de solidaridad activa y efectiva, sino en la convicción de que estos son el único medio de prevenir un proceso de balcanización nacional y/o desestabilización insular, con terribles efectos continentales e internacionales.
«6. Disposición de aprovechar la coyuntura de crisis general, para acometer en forma unificada, un conjunto de transformaciones de estructuras y procesos socioeconómicos, que en gran modo han incidido en la generación de estos escenarios de peligros y riesgos para la nación dominicana. Esto implicaría necesariamente asumir una agenda de corto, mediano y largo plazo para enfrentar el brutal proceso de desnacionalización de los mercados laborales y la sobrecarga de servicios públicos esenciales-con sus efectos adversos sobre las condiciones de la población dominicana más vulnerable-, tanto como el rezago de la modernización y tecnificación de áreas de producción estratégicas, que comprometen seriamente aspectos de la seguridad nacional. (Ver propuesta 80/20 de ProNación).
«7. En lo inmediato, adoptar un mecanismo de consulta permanente, que no necesariamente debe ser formal, oficial y público, pero sí debe ser confiable, efectivo y ágil, entre los actores políticos y nacionales principales, para asegurar que las decisiones importantes o sensibles relacionadas con la agenda de las relaciones insulares y sus vinculaciones con la agenda de poderes foráneos y organismos internacional, tengan el más amplio consenso y las mayores garantías de implementación. De este modo, se aseguraría que no pueda repetirse la experiencia reciente en relación a la iniciativa del proyecto de la ley de trata. Más adelante, procedería una conferencia o cumbre nacional. República Dominicana en todo lo relacionado con Haití y sus crisis, debe tener una posición unificada o del más amplio consenso. Debe enviar un solo mensaje, a partir de los postulados iniciales de la política exterior: no hay ni habrá solución dominicana a los problemas de Haití; los problemas de Haití deben resolverse en Haití, mediante una fórmula de corresponsabilidad compartida, que no excluya a los haitianos, pero que garantice el compromiso de los que más deben y pueden. Podemos y debemos cooperar con Haití y la comunidad internacional, solo en la medida en que el esfuerzo común este enfocado en el rescate y reconstrucción de Haití en Haití. Un gran Pacto de Nación, para una política de Estado debe ser un objetivo estratégico supremo de la República Dominicana y sus clases dirigenciales.




