ENVÍA TUS DENUNCIAS 829-917-7231 / 809-866-3480
20 de enero 2026
logo
OpiniónMiguel ColladoMiguel Collado

Pedro Henríquez Ureña y su faceta de periodista (2)

COMPARTIR:

RESUMEN

Analizando noticia... por favor espera.

Al periodista y amigo Oscar Peña

Director de la Esc. de Com. Soc. de la UASD

 

PEDRO HENRÍQUEZ UREÑA Y SU PERIODISMO ITINERANTE         

 

Múltiples han sido las perspectivas desde las cuales ha sido objeto de estudio la vida intelectual de PHU y la referida a la de su movilidad constante de un país a otro es una de ellas. Desde esta perspectiva de la errancia Luis Alfonso Escolano Jiménez, catedrático de la Universidad Europea de Madrid, en su ensayo «Labor de Pedro Henríquez Ureña en la articulación del ámbito cultural hispanoamericano (1904-1924)», afirma lo que sigue:

Pedro Henríquez Ureña joven.

 

«La realidad de la vida ‘errante’ de Pedro Henríquez Ureña, puesta de manifiesto por todos los autores que se han ocupado de estudiar su vida y obra, resulta desde todo punto insoslayable a la hora de analizar las características principales de su pensamiento. […] La presencia de lo dominicano siguió siendo una constante en la temática de nuestro autor a través de los años, como parte importante dentro del conjunto de la cultura hispanoamericana, que es por descontado el objeto central de toda su obra».(1)

Tras las huellas del PHU periodista iremos en esta parte de nuestro artículo. Habremos de hurgar en su periodismo itinerante ejercido, durante más de cuatro décadas, en la América hispánica y en Europa: Estados Unidos de América, Cuba, México, España y Argentina, principalmente. Y desde estos países, su constante presencia intelectual en medios periodísticos de Costa Rica, Perú y Francia.

 

  1. PHU y su primera experiencia periodística en la diáspora (New York; 1901-1904)

 

Con el fin de que tanto él como su hermano mayor, Francisco Noel, aprendieran el idioma inglés su padre los llevó a los Estados Unidos de América (EE.UU.), específicamente a la ciudad de New York, donde les buscó una casa para huéspedes próximo a la Universidad de Columbia. Pedro, en sus Memorias (México: Fondo de Cultura Económica, 2000), registra para la intrahistoria su primera impresión de la ciudad de New York a su llegada en 1901 acompañado de su hermano y de su padre: «…mi primera impresión fue curiosa: había niebla, nevaba terriblemente, y las grandes masas grises de edificios […]. Dos impresiones, sin embargo, recibí ese día, que tardé en repetir: la primera, las casas campestres de ciertas poblaciones de la costa, que observamos antes de entrar en Nueva York: todas ellas me recordaban las moradas campestres que veía pintadas en los libros de cuentos franceses».

Nueva York. Universidad de Columbia en 1901

 

Pedro habría de contar, ya radicado en México, en 1909, lo siguiente: «Mi padre partió a Europa en marzo [de ese año de 1901], para tratar principalmente con los acreedores de Santo Domingo en Bélgica y Holanda. Mientras tanto, nos quedamos solos en Nueva York, y con la asistencia á algunos cursos y la conversación diaria de la casa, bien pronto aprendimos inglés». Pero nuestra mirada está dirigida a esa faceta de periodista puesta de manifiesto por Pedro en esta primera estancia en la patria de Joseph Pulitzer, quien propuso a la Universidad de Columbia, en 1892, la creación de la primera escuela de periodismo con fondos donados por él.

Uno de los primeros textos escritos por Pedro en Nueva York y enviado desde esa ciudad estadounidense a un medio periodístico de su patria fue su breve texto «Poesía», escrito en octubre de 1901. Vio la luz en el periódico Ideal del 18 de noviembre de dicho año:

 

«Poesía

 

En el bosque

surge el trono amarillento sobre el verde.

Desaparece de las flores el arcoíris espléndido.

Y las hojas en el suelo se amontonan,

en el aire arremolínanse.

Y los arboles presienten

de las nieves el callado beso frío.

Y dispérsanse las aves.

Los gorriones solos quedan

en el bosque». (2)

 

Aunque es la pasión lírica la que domina el espíritu creador del joven intelectual en ese momento, el prosista pensador no está ausente. Recordemos el histórico artículo titulado «Hostos», enviado por Pedro desde New York al Listín Diario con ocasión del fallecimiento del padre de la educación moderna dominicana Eugenio María de Hostos, quien había visto por última vez la luz del mundo, en la ciudad de Santo Domingo, el 11 de agosto de 1903. Pedro escribió ese artículo en septiembre de ese mismo año y fue publicado en dicho diario el 29 de septiembre de 1903. Citamos un fragmento:

 

Ahora que acaba de irse de la vida, casi sin muerte, en uno como desvanecimiento del ser, el maestro de una generación, la más consciente del país dominicano, difícil es a sus admiradores tanto como a sus contrarios, juzgar con calma y precisión su obra de pensador y de pedagogo.

[…]

Nacido en Puerto Rico, educado en España, pero intelectualmente en la avanzada de la civilización moderna, Hostos, aunque enseñó en su país y en Chile, realizó su obra más notable, por más difícil y regeneradora, en Santo Domingo. Llevó allí su plan de escuelas, que el Gobierno aceptó, y en 1880 fundó la Escuela Normal, en la cual fue alma, verbo y brazos, todo, hasta que le hicieron salir del país en 1888, el fanatismo de los ultramontanos y los manejos políticos del tirano Heureaux, a quienes repugnaba la racionalidad de su enseñanza.

[…]

Llegado Hostos, los más jóvenes del reducido grupo intelectual se le unieron y los más viejos asumieron una actitud de indiferencia o de oposición. Con aquellos el maestro se puso a la obra de educar una generación según los métodos modernos y formó un grupo de hombres si no necesariamente brillantes, conscientes, porque había desarrollado ordenadamente su razón. Evidencia la superioridad del sistema normalista el decaimiento de la juventud dominicana desde que le suplantó una nueva ley de estudios.

Al retornar Hostos a Santo Domingo, en época de libertades, encontró más viva y abierta oposición que antes, y hoy los que ansían continuar su obra educacional habrán de luchar vigorosamente.

 

Era ese el lúcido pensamiento —visionario y certero— de un joven que hacía poco había cumplido los 19 años de edad. Pedro Henríquez Ureña era un verdadero ejemplo para la juventud dominicana de su tiempo, pero también lo es para la juventud de la América hispánica de hoy. En el mes de agosto de ese año de 1903 había publicado su poema «En la cumbre» en la revista Azul y Rojo (La Habana), escrito en New York en 1902; y el 8 de marzo de 1903 su texto poético «Mariposas negras» aparece en la revista El Fígaro (La Habana), escrito, también, en la gran urbe, pero en el mes de octubre del año de su arribo, por primera vez, o a los Estados Unidos de América, y el cual transcribimos a continuación:

 

«Mariposas negras

 

Cual esas tristes notas doloridas,
tal son mis pensamientos,
nocturnas mariposas
que se agitan con lúgubre aleteo
en la prisión oscura de mi espíritu.

Es allí donde ruge el sentimiento,
náufrago de la vida,
do el insaciable anhelo
entre sus ligaduras se debate
en infructuoso empeño,
se alza tenaz el indomable orgullo,
vibra sus rudos yambos el despecho,
y extiende el desengaño,
enemiga de luz, su ala de cuervo.

Mariposas sombrías de la noche,
vagan los pensamientos
en la cárcel oscura en que se agitan
esos torvos, vencidos prisioneros
que guarda y atormenta,
implacable, el recuerdo.

¡Oh notas doloridas!
¡Oh tristes pensamientos!
Cesad, cesad, no sea, mariposas,
vuestro pausado y rítmico aleteo
quien despierte en su cárcel
a los pálidos, torvos prisioneros». (3)

 

Notas

 

*Miguel Collado es el presidente-fundador del Centro Dominicano de Investigaciones Bibliográficas (CEDIBIL).

 

1 [Ver: Revista de Estudios Históricos (Michoacán) (75): enero-junio, 2022].

 

2 En: PHU. Obras completas. Compilador y editor: Miguel D. Mena. Santo Domingo, Rep. Dom.: Editora Nacional del Ministerio de Cultura de la Rep. Dom., 2013-2015. Tomo 1: pág. 70.

 

3 Idem, pág. 75.

 

Por Miguel Collado*

Comenta