Desde hace muchos años la sociedad dominicana viene socializando todo lo referente a la incidencia y el por qué ocurren delitos de violencia de género o los llamados feminicidios. “No es un fenómeno nuevo ni que haya adoptado formas distintas en nuestra época”, pero resulta que dentro de ese debate obviamos el analizar los patrones criminales que conforme a la evolución de los tiempos y años se manifiesta en los sujetos activos que incurren en este tipo de delitos, por lo que se procura hacer más énfasis en la cantidad de sucesos que ocurren, su enfoque político, y el morbo que genera el debate de este tipo de temas.
Como comportamiento específico que es, el crimen es susceptible de ser analizado desde el punto de vista psicológico tanto para describirlo como para explicarlo, sistematizarlo e incluso controlarlo.
Ante el surgimiento de esta problemática es importante destacar que no existe un perfil homogéneo y claro de quien comete este tipo de actos, aunque sí se pueden presentar ciertos patrones que son comunes en determinadas conductas, distinguir que no es un perfil basado en un trastorno mental, en cualquier caso, sino más bien una personalidad disfuncional que ha venido dada por un determinado proceso de socialización en una cultura concreta, puntualizar que la presencia de conductas anormales no implica la existencia directa de un trastorno del comportamiento y/o una psicopatología.
La mayoría de los maltratadores no se encuentran en la categoría de enfermedad mental tal y como lo establece el (DSM-5), Clasificación Categorial de los Trastornos Mentales. Entre las diferentes actitudes comunes a la mayoría de los agresores vamos a destacar: Actitud de control, celos irracionales, baja autoestima y una mala imagen de sí mismo, es agresivo, autoritario (generalmente con la víctima, aunque puede serlo con otras personas de su entorno social también). Existen otros factores que pueden en algún momento incidir en la vida del agresor tales como la exclusión social, la presencia de rechazo de los padres, abandono a temprana edad, crianza no adecuada, estigmatización social, crisis económica en el hogar, provoca el surgimiento de potencial maltratador.
Ante la manifestación de violencia de este tipo de personas se resalta la “motivación por el poder”, su intención de hacer sufrir a los demás, también se manifiesta en el perfil del que genera violencia sobre la mujer, el manipular a la víctima, en todas las formas, generar sentimientos de rechazo, y de intimidación, llevando a la víctima a un extremo de pensar que si este la rechaza puede llegar a ser abandonada, y no tendría como brindar sustento a sus hijos, y su casa. Existe un perfil que muy pocas veces se destaca y es el de aquellos hombres que son claramente pasivos, pero que en su interior se pueden concebir como personas calculadoras, maquinadoras, que pueden cometer cualquier acción de forma sádica, sin ningún temor.
En principio el maltratador incurre en ejercer violencia psicológica, en niveles reducidos que pasa a convertirse en acciones perturbadoras con el pasar de los años, “si la víctima no detiene este tipo de situaciones”. Se requiere de mucho valor para denunciar, por lo que el Estado debe de forma consecuente innovar, e ir desarrollando los medios para que aquellas, que por su condición de genero o esposa, puedan activar la voz de alerta cuando se encuentre en estado de vulnerabilidad e indefensión ante una conducta de violencia que lacere su integridad física o psicológica, hacerlas sentir seguras y brindarles la protección adecuada ante tales circunstancias que se presenten, con el objetivo de que estas puedan denunciar a su maltratador.
Por: Sabdy Lemuel Guerrero Pimentel
