RESUMEN
Un partido político es “una organización formada por individuos que comparten intereses, valores y objetivos comunes, y que buscan obtener el control del gobierno mediante la participación en procesos electorales” (Sartori, 2005, p. 23).
El sistema de partidos dominicano se remonta a la Primera República, cuando surgieron disputas entre trinitarios liberales e independentistas conservadores. Los primeros seguían el ideal de Duarte y defendían la independencia pura y simple frente a Haití. Los conservadores, liderados por figuras como Bobadilla, Báez y Santana, preferían un protectorado o la anexión a una potencia extranjera. Santana encabezó militarmente la independencia, aunque luego provocó la pérdida de la soberanía mediante la anexión a España. Tras la caída de la Primera República, el Grito de Capotillo abrió el proceso restaurador y consolidó las identidades políticas simbolizadas en los colores rojo y azul.
Las luchas posteriores enfrentaron a conservadores anexionistas con liberales cibaeños, quienes promovieron la independencia pura y simple y lideraron la Revolución de 1857. Durante la Restauración, estos grupos asumieron los colores azul y rojo, dando origen a los partidos que dominaron la política nacional. Luego surgió un movimiento oportunista, los unionistas verdes, que aglutinó caudillos de ambos bandos tradicionales. Tras este período, las rivalidades históricas adoptaron símbolos del gallo de pelea, deporte popular en la época. Así nacieron los partidos Bolos (azules), Coludos (rojos) y Colituertos, dirigidos por caudillos como Horacio Vásquez y Juan Isidro Jiménez.
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Una vez pasado el periodo de intervención vuelven a renacer los viejos caudillos y con ellos las ideologías políticas que gravitaban el quehacer político en el país. Así es como se pueden encontrar la Alianza Nacional Progresistas coalición liderada por Horacio Vázquez y la Coalición Patriótica de Ciudadanos, siendo Horacio quien vuelve a liderar los destinos de la patria. Posterior a ellos nos vamos a ver siendo ocupado por una única agrupación legamente constituida que es el Partido Dominicana del Dictador Rafael Leónidas Trujillo Molina.
Una vez muerto el jefe, todos los que antes le habían adversado e incluso sus mas cercanos colaboradores querían asumir las riendas del estado, y es así como tanto la Unión Cívica Nacional, El partido Revolucionario Dominicano y el Movimiento 14 de junio entre otras organizaciones iniciaron aprestos por alcanzar el poder, siendo este asumido por el heredero ideológico de los trinitarios el entonces PRD y el profesor Juan Bosch quien por su carácter nacionalista y liberal se vera afectado y depuesto del poder por los poderes facticos quienes veían en el un roble a sus intereses. Nace aquí el proceso en el cual hay que tener la bendición del norte para perdurar en el gobierno, quizás desde antes se había dado pero desde aquí fue grosera al punto de desatar una guerra y el posterior desembarco de 42 mil marines norteamericanos con el único objetivo de someter a los que solicitaban el restablecimiento de la constitución de 1963 y la vuelta de Bosch al poder político sin elecciones.
Tras la Guerra de Abril, los marines permanecieron en el país respaldando la campaña electoral de 1966 en favor de Joaquín Balaguer. Balaguer asumió el color rojo y el símbolo del gallo coludo, presentándose como nacionalista frente a Haití pero dependiente del apoyo estadounidense. Juan Bosch, heredero del pensamiento duartiano, fue vigilado permanentemente por Estados Unidos y terminó perdiendo unas elecciones marcadas por fuertes presiones externas. Después de 1974, el sistema político se fragmentó entre el Partido Reformista, el PRD y el PLD, representados por los colores rojo, azul y morado. Con el tiempo, la muerte de sus líderes históricos debilitó especialmente al Partido Reformista, mientras el financiamiento estatal buscaba frenar la influencia del narcotráfico.
Peña Gómez advirtió que el narcotráfico podía capturar el sistema partidario si no existía financiamiento público transparente y regulado desde el Estado. Aunque se aprobó la partida estatal, el narcotráfico logró infiltrarse en campañas desde el gobierno de Hipólito Mejía. Esa influencia fomentó la compra de voluntades y debilitó la adhesión ideológica dentro de la partidocracia dominicana. El clientelismo electoral reemplazó el debate programático, reduciendo la política al intercambio de dádivas como pica pollo y quinientos pesos. Con los años, narcotraficantes lograron cercanía con presidentes y altos funcionarios, como muestran las fotografías de Quirino con Mejía y de Arturo del Tiempo con Leonel Fernández.
Luego de eso observamos cómo tanto Quirino como Arturo del Tiempo fueron apresados y sometidos a la justicia, uno extraditado por Leonel y el otro detenido en su país. Podríamos incluso defender a Hipólito y a Leonel, porque Quirino era un militar del Ejército Nacional y Arturo del Tiempo un empresario reconocido que venía a realizar inversiones importantes en el país. Durante las campañas que verían nacer al Partido Revolucionario Moderno, el PLD vivía el apogeo de divisiones y reformas impulsadas por Danilo Medina. Su ambición desmedida de poder lo llevó a intentar quedarse con las siglas del PRD y extender su mandato por cuatro años más. Esa estrategia se sostuvo mediante abundantes papeletas y una corrupción desmedida manejada desde la administración pública.
En ese contexto nació el PRM, que no filtró la calidad ni la trayectoria de muchos dirigentes llevados a cargos electivos. Muchos habían sido rechazados por el poderoso comité político cuando intentaron ser candidatos dentro de la organización morada. Ellos vieron en el partido nuevo, liderado por Hipólito Mejía y Luis Abinader, la oportunidad de alcanzar espacios públicos e influencia política. El partido creció con abundantes papeletas y con el respaldo de un descontento generalizado por el fraude cometido contra Leonel Fernández. La suspensión electoral de febrero de 2020 en plena pandemia desató la furia popular y llevó por primera vez al triunfo del partido blanco.
Para las elecciones del 2024, la oposición política denunció que el partido gobernante estaba constituido como un narco partido, acusación rechazada por su presidente. Hoy observamos que, como nunca antes, diputados, regidores y esposos de legisladoras han sido sometidos a la justicia norteamericana por vínculos criminales. Esa situación lleva a deducir que una parte importante de la campaña del PRM pudo haber sido financiada con fondos del narcotráfico. Los casos judiciales revelan un grado de infiltración sin precedentes dentro del partido oficialista y sus estructuras políticas. Este fenómeno abre un debate urgente sobre la legitimidad y la transparencia del financiamiento electoral en el país.
Surge entonces una pregunta resonante: ¿Cuánto sirve el financiamiento público para una partidocracia permeada por aportes de narcos y figuras de dudoso origen económico? La política dominicana ha demostrado que el dinero ilícito puede alcanzar espacios de poder sin mayores controles efectivos. Esto evidencia fallas profundas en los mecanismos de supervisión que deberían impedir la entrada de capitales criminales en las campañas electorales. También cuestiona la utilidad real de la ley contra el lavado cuando su aplicación política resulta débil o selectiva. Sería importante saber si las instituciones están dispuestas a enfrentar este problema estructural con verdadera independencia.
Bibliografía
Sartori, G. (2005). Partidos y sistemas de partidos. Alianza Editorial.
Mir, P. (2013). La noción de período en la historia dominicana. Tomo II (Vol. CXCVI). Archivo General de la Nación.
Moya Pons, F. (2010). Manual de historia dominicana. Caribbean Publishers.
Cassá, R. (2010). Historia social y económica de la República Dominicana. Tomo II. Editora Alfa y Omega.
Por Olfran Ovalle
Docente del Instituto Superior Especializado en Negocios a Distancia (ISEND).
Licenciado en Ciencias Sociales (UASD)
Especialista e Historia y Geografía (UCNE)
Especialista en Educación Ambiental (ISA)
Maestrando Historia Dominicana (UASD)
