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30 de diciembre 2025
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OpiniónLasey Batista DíazLasey Batista Díaz

Para quién estamos comunicando realmente

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¿Alguna vez has leído un comunicado o una nota informativa y has tenido que volver atrás para entender qué pasó realmente? ¿Te has preguntado si el problema eres tú o el texto?

En el ejercicio de la comunicación estratégica existe una tentación constante usar palabras que suenan correctas, técnicas y formales. Palabras que cumplen con los estándares profesionales, aunque a veces se alejan de su función principal, comunicar.

El conflicto surge cuando el lenguaje actúa como un filtro que separa el hecho del receptor.

En muchos textos institucionales, sobre todo cuando se trata de situaciones sensibles, se utilizan términos que no forman parte del lenguaje cotidiano. Expresiones como “sustancia cáustica” entran en esa categoría. Son precisas desde lo técnico y abiertas a múltiples interpretaciones desde lo humano. ¿Qué imagina la audiencia cuando lee eso? ¿Un químico peligroso? ¿Un ácido? ¿Algo doméstico? ¿Algo letal?

Cuando una palabra abre más preguntas de las que responde, la información comienza a perder claridad.

Aquí resulta inevitable pensar en Grey’s Anatomy. En más de un episodio, un médico entra a una habitación y explica un diagnóstico con términos clínicos complejos. El paciente escucha, asiente y entra en pánico debido a la falta de comprensión. Luego llega la explicación en palabras comunes y con ella aparece la calma.

Esa escena funciona porque refleja una verdad muy real de que el impacto de un hecho también depende de cómo se comunica.

En la comunicación estratégica ocurre algo parecido. A veces se elige una palabra pensando en lo correcto, en lo institucional o en lo legal, sin considerar cómo será recibida. ¿Qué entiende alguien que recibe el mensaje de forma rápida, desde su celular, entre una cosa y otra? ¿Qué imagen se construye a partir de ese lenguaje?

El uso de palabras rebuscadas en mensajes estratégicos tiene efectos concretos. Puede generar confusión, amplificar el miedo o suavizar la gravedad de un hecho sin intención. También puede crear distancia. Cuando la audiencia siente que debe descifrar el mensaje, la conexión se debilita y la confianza se resiente.

Comunicar bien implica traducir la realidad con cuidado. Implica elegir palabras que expliquen con claridad y describan con transparencia. También implica tener presente a quién va dirigido el mensaje.

Volviendo a Grey’s Anatomy, los médicos que logran mayor conexión con sus pacientes explican lo que ocurre de forma clara y directa. En la comunicación estratégica sucede algo similar. La claridad facilita la comprensión y la comprensión fortalece la confianza.

Tal vez la pregunta clave antes de publicar debería ser sencilla ¿esto se entiende con facilidad?

Cuando un mensaje exige traducción mental para ser comprendido, la atención se desplaza del contenido al lenguaje.

Al final, comunicar bien consiste en lograr que el mensaje llegue completo, claro y sin ruido. Y eso, en tiempos de sobreinformación, representa un desafío constante.


Por Lasey Batista Díaz

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