RESUMEN
Hoy día hablar de política da miedo…y risa, es casi un acto de valentía. Abres X, Instagram, o te sientas en un café y lo primero que escuchas son quejas. El tema despierta frustración, desconfianza y desencanto. La política está ahí, pero nadie la quiere.
Los datos no mienten. Según el Latinobarómetro 2023, el apoyo a la democracia en América Latina cayó del 63% en 2010 al 48%. La confianza en los partidos políticos apenas llega al 17%, mientras que el Congreso y el Poder Judicial superan ligeramente el 20%. La política está presente en nuestras vidas, pero cada vez más como un mal necesario que genera desafección. Y ante todo esto, surge la pregunta que nadie se hace: ¿para qué sirve la política?
La política es un concepto antiguo que ha ido agregando nuevos elementos a su interpretación con el pasar del tiempo, para Max Weber la política es “la aspiración a participar en el poder o a influir en la distribución del poder” (1919/2004, p. 33). Harold Lasswell, con brutal sinceridad, resumió la política así: “quién consigue, qué, cómo y cuándo” (1936, p. 13). Y Runciman añade: “sin verdadera capacidad de elección no hay política”. Es decir, la política es la herramienta que nos permite organizarnos, decidir quién hace, qué, cómo se distribuyen los recursos y cómo convivimos.
Y siendo la política tan importante en el proceso de organización social, ¿Cómo sería un mundo sin la política?
El filósofo inglés Thomas Hobbes, en Leviatán, intenta describir una sociedad sin política, donde cada individuo actúa según sus propios intereses, sin límites ni reglas, lo que conduce a desconfianza, conflicto permanente y violencia. Hobbes lo resumió con la expresión latina bellum omnium contra omnes (guerra de todos contra todos), describiendo una vida “solitaria, pobre, desagradable, brutal y breve” (capítulos XIII–XIV). Allí existía el derecho a matar, para defenderse, teníamos libertad plena, pero no seguridad ni bien común.
¿Para qué sirve la política?
Un elemento inherente a la condición humana en sociedad son los conflictos, como afirma Savater (1992), “no es la política la que provoca los conflictos: malos o buenos, estimulantes o letales, los conflictos son síntomas que acompañan necesariamente la vida en sociedad… y que paradójicamente confirman lo desesperadamente sociales que somos” (pp. 45–46); la naturaleza de los individuos es la lucha por el control (la imposición de su voluntad al comportamiento de los demás; Weber, 1919), de ahí que Aristóteles expresara que el ser humano es un animal político (Política, I, 2). Sobre este tema se han hecho diversos estudios psicológicos; el más conocido fue el Experimento de la Prisión de Stanford; y esto a su vez, provoca disensos, violencia e inseguridad, y la política nace precisamente como la herramienta ideal para resolver ese primer conflicto social de la humanidad (sobrevivencia y seguridad). Sin embargo, a medida que esa sociedad se fue complejizando, la política ha tenido que ir agregando nuevos elementos a su concepto para dar solución a los nuevos conflictos sociales.
El bien común es el otro gran conflicto social de la humanidad; por eso la filosofía política planteada por Platón, al ser pensada en la sociedad greca que ya tenía garantizada la seguridad, no admitió relatividad entre lo bueno y lo malo: “la finalidad de la política es conducir a los hombres hacia el bien, puesto que lo bueno y lo malo no son relativos” (La República, Libro VI).
¿Y nos preguntamos, ha logrado la política este fin? Lo absoluto como respuesta nunca es confiable, pero sí debemos destacar que los griegos, partiendo de este principio, desarrollaron un sistema que intentaba adaptarse a la naturaleza humana de buscar imponerse sobre los demás y, a través de la democracia, convertir a todos en sociedad política, es decir, que se interesaran por la polis, lo público y lo común. Desde el escenario de las elecciones podían disputarse el poder, lo que los hacía importantes a todos e imprescindibles para quienes alcanzaban el poder y deseaban mantenerse en él.
En la era moderna, este concepto evolucionó, agregándole elementos liberales (instituciones políticas y normas jurídicas) que han permitido el desarrollo de la democracia, y esta, a su vez, con todas sus imperfecciones, ha logrado establecer como sistema la universalización de la sociedad que participa en política, es decir, lo que Jaguaribe denomina institucionalización política: una sociedad con individuos más conscientes de sus derechos naturales y conquistas sociales, lo que los impulsa a movilizarse para exigirlos. En esa disputa entre quienes gobiernan y los gobernados se producen acuerdos que van impulsando por fases el bien común.
En conclusión, la política es el único constructo humano existente para resolver los conflictos sociales, es decir, generar un ambiente seguro para construir el bien común. Sin embargo, su eficacia dependerá del grado de evolución del sistema político definido. Pero nunca olvides que, la política no es sinónimo de conflicto, el conflicto es inherente a la condición humana; la política nace para gestionar esos conflictos, por eso es una ciencia cuyo objeto de estudio son las relaciones e poder.
