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10 de febrero 2026
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OpiniónFrancisco Cruz PascualFrancisco Cruz Pascual

¿Para qué existe la escuela?

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RESUMEN

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En el ideal social, la escuela existe para facilitar la vida de las personas, dotándola de capacidades para el quehacer cotidiano. Su papel de facilitadora se va complejizando a través de las distintas etapas y niveles en las que ella desarrolla sus servicios. Al mismo tiempo, la escuela procura encaminar a cada uno de los individuos hacia los principios esenciales de la vida en comunidad, apertrechándole con los valores necesarios para llegar a ser personas que procuren el bienestar común y su propio bienestar, como una forma de hacer de la  comunidad una asociación de propósitos comunes.

Desde su ideal social, la escuela es una constructora de ciudadanía responsable.

Ese es el ideal de la escuela en su quehacer de cada día, pero, en realidad la escuela lo que hace es socializar a las personas que pasan por sus aulas en las diferentes etapas de su vida. Socializar en el sentido de promover las condiciones que favorezcan el desarrollo igualitario de todas las personas que conforman la sociedad nacional en la que ella se desarrolla. Los intereses políticos enmarcan a la escuela  en el ámbito de sus propósitos, convirtiéndola en organización que enfatiza sobre el respeto a las normas establecidas, colocando al profesor al servicio del statu quo a través de los planes de estudios establecidos en el currículo escolar.

En la vida real, la escuela no ha podido satisfacer las expectativas sociales en ninguno de sus estadios de tiempo, porque la educación del Estado siempre será ideológica, en detrimento de  la libertad de pensamiento. La escuela debe procurar la creación de ciudadanos libres, porque sólo la libertad de ideas los puede convertir en seres creativos y transformadores de la realidad, capaces de dar crédito a los demás, porque no copian. El problema de Estado y de las clases que dominan la sociedad, es que no quieren ciudadanos que piensen sino personas que obedezcan sin reflexionar su contexto.

El mundo ha cambiado a través de la historia, gracias a que algunos profesores han enseñado a sus alumnos a cuestionar y a dudar.

Esa es la verdadera educación, la que cuestiona, la que duda y verifica, la que rompe fronteras y trasgrede limites a través de sus pensamientos e ideas. Algunos profesores encienden llamas internas que procuran el cambio constante, mientras que la mayoría de ellos llenan recipientes de datos e ideas para ser recitados a modo zombi. Lo lamentable de esto es, que un zombi “es un muerto viviente” que no sirve a la sociedad, porque sólo busca satisfacer sus propias necesidades.

La escuela no debe ser dogmática, porque el dogmatismo opera con unos conceptos y unas formulas a los que se acepta sin reflexión, considerándose invariablemente cierto. Y es así, porque se le considera una “verdad” aceptada sin cuestionamiento, sin el ejercicio de la crítica y sin posibilidad de ser examinada en forma objetiva.

La escuela no debe formar ciudadanos dogmáticos porque actuarán de acuerdo a lo establecido como norma, sin cuestionarla, y ese no es su propósito ideal.

La escuela dogmática da instrucciones para ser desarrolladas en disciplina, alegando obediencia y sumisión. La escuela no debe ser una iglesia, ella debe ser una organización humana, dedicada a la libertad de pensamiento. Como católico de fe, creo en el libre albedrio y por eso no practico el adoctrinamiento ni la coerción ideológica.

La disciplina es la capacidad de las personas para poner en práctica una pléyade de principios y valores, sustentados en lo moral, relativos al orden de las cosas y a la constancia de las acciones y actitudes asumidas por las personas, frente a los acontecimientos desarrollados en su contexto y fuera de él.

La disciplina escolar no es semejante a disciplina militar, o a la  disciplina religiosa, porque tienen propósitos diferentes.

Una persona disciplinada supera por mucho a una persona inteligente sin capacidad de control sobre sus impulsos. Un ser humano disciplinado controla sus impulsos, para que éstos no le aparten de sus propósitos, sin importar los privilegios y placeres que esos impulsos emocionales le puedan proporcionar en forma efímera.

La escuela debe trabajar la disciplina como virtud moral, siempre asociada a la capacidad de orden, para el alcance de propósitos, para desarrollar actitud y carácter, en concordancia con los deberes, los objetivos y las necesidades.

Todo lo anterior, sin olvidar el andamiaje de principios concordantes con el bienestar social.

La escuela debe existir para auxiliar a las familias, a través de la educación de los hijos de cada una de ellas, porque la existencia de los centros escolares prima sobre la construcción de ciudadanos al servicio del bien común de la nación.

Cada profesor debe hacer suyo ese noble propósito como ideal de servicio.

 

Por Francisco Cruz Pascual

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