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16 de enero 2026
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OpiniónArturo López ValerioArturo López Valerio

Panorama de los mercados emergentes y las economías en desarrollo

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RESUMEN

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Los mercados emergentes y las economías en desarrollo (EMDE, por sus siglas en inglés) se encuentran en un momento crítico dentro del panorama económico global. Enfrentan una confluencia de desafíos que amenazan con limitar su capacidad de crecimiento, atraer inversión y consolidar avances en desarrollo sostenible. La incertidumbre asociada a las políticas comerciales —como aranceles, barreras no arancelarias, costos logísticos y restricciones aduaneras— ha debilitado la inversión privada y ralentizado la producción, impactando directamente en las decisiones estratégicas de las empresas.

A este contexto se suma la presión por adaptarse a los grandes cambios estructurales que transforman la economía global, incluidos el cambio tecnológico acelerado y la reconfiguración sectorial. Navegar en un entorno internacional marcado por tensiones geopolíticas, mayor proteccionismo y restricciones a la inversión requiere no solo resiliencia macroeconómica, sino también una visión estratégica que alinee reformas internas con oportunidades globales.

El desafío es monumental: cerrar brechas de infraestructura, acelerar la transición hacia economías más sostenibles, fortalecer la estabilidad fiscal, y al mismo tiempo, maximizar el potencial del capital humano para aprovechar los dividendos demográficos. Todo esto ocurre mientras estas economías lidian con altos niveles de endeudamiento, presiones demográficas y los crecientes costos del cambio climático.

Prospectos económicos

Frente a este escenario, la fragmentación geopolítica y el resurgimiento de políticas proteccionistas han obstaculizado los flujos transfronterizos de bienes, capital y conocimiento, profundizando las vulnerabilidades estructurales.

Se vuelve imprescindible el diseño e implementación de políticas públicas integrales que no solo mitiguen los riesgos existentes, sino que conviertan las amenazas en oportunidades sostenibles de desarrollo. En este contexto, adquieren particular relevancia los hallazgos del informe emblemático Global Economic Prospects de enero de 2025, elaborado por el Grupo Banco Mundial.

Este informe ofrece un análisis profundo de las condiciones actuales que enfrentan los mercados emergentes y las economías en desarrollo (EMDE), evaluando cómo los desafíos estructurales impactan el crecimiento, la inversión y el bienestar social. Asimismo, propone rutas estratégicas orientadas a gestionar la incertidumbre y aprovechar el potencial transformador del cambio global.

Además, el informe examina las dinámicas económicas a nivel mundial y regional, incluyendo el comercio, la inflación y los desarrollos financieros, con especial énfasis en los riesgos sistémicos para la economía global y la necesidad de respuestas políticas eficaces.

Se analiza el efecto de los aranceles estadounidenses, las tensiones geopolíticas, el cambio climático y las crecientes vulnerabilidades en materia de deuda sobre las perspectivas de crecimiento global, subrayando la interdependencia de las economías y la urgencia de una acción internacional coordinada.

Perspectiva de la República Dominicana

La República Dominicana se perfila como una de las economías más dinámicas de la región en los próximos años. Las proyecciones indican un ritmo de expansión promedio del 4.9% durante 2025 y 2026, impulsado por un conjunto de reformas estructurales orientadas a consolidar un entorno atractivo para la inversión extranjera. Estas transformaciones son esenciales para elevar la competitividad del país y fortalecer su posición en los mercados globales.

Este desempeño forma parte de un panorama más amplio en América Latina y el Caribe, donde los países muestran diferentes velocidades de crecimiento. En este contexto, la República Dominicana sobresale por su compromiso con políticas públicas que promueven la estabilidad macroeconómica y el desarrollo sostenible.

En los últimos años, el país ha mantenido un ritmo ascendente: en 2024, el PIB real creció un 5.1%, y se espera que continúe con una expansión del 4.7% en 2025 y del 5.0% en 2026. Esta evolución refleja la capacidad del país para enfrentar escenarios globales complejos y aprovechar nuevas oportunidades estratégicas.

Con un enfoque centrado en la atracción de capital, la modernización institucional y la apertura comercial, la economía dominicana avanza en una dirección positiva. Las reformas en curso no solo buscan sostener el crecimiento, sino también asegurar una mejora tangible en el bienestar de la población, consolidando al país como referente regional en materia de desarrollo.

Una mirada a la región

De acuerdo con el reporte del Banco Mundial, la República Dominicana presenta uno de los perfiles de crecimiento más sólidos de América Latina. En 2024, se proyecta un aumento del PIB real del 5.1%, por encima del desempeño de la mayoría de las economías vecinas. Mientras Argentina enfrentará una contracción del -2.8% y Bolivia crecerá apenas un 1.4%, otras naciones como Chile (2.4%) y Colombia (1.7%) también exhiben cifras más moderadas. Este contraste pone de relieve el dinamismo dominicano, respaldado por un marco macroeconómico estable, políticas fiscales prudentes y un sector turístico fortalecido.

Para 2025, aunque se espera una leve desaceleración, el país mantendría un crecimiento saludable del 4.7%. A pesar de que Argentina podría recuperarse con una expansión del 5.0% tras su contracción, la consistencia de la trayectoria dominicana sigue siendo notable. Economías como Brasil, Chile y Uruguay rondarán el 2.2% al 2.6%, reflejando contextos internos más frágiles o transiciones económicas más lentas.

Las previsiones posicionan a la República Dominicana como un referente en resiliencia y dinamismo dentro del entorno regional. Frente a un escenario internacional incierto —con tensiones comerciales, riesgos geopolíticos y desafíos estructurales—, el país destaca por su capacidad de adaptación y su enfoque estratégico en áreas como diversificación productiva, transformación digital e integración económica.

Riesgo cambiario inminente y su impacto en el ecosistema digital

Aunque el panorama económico dominicano presenta señales positivas, el ecosistema digital local enfrenta una vulnerabilidad clave: la dependencia directa del valor del peso dominicano frente a las divisas internacionales, especialmente el dólar estadounidense. En un entorno donde la adquisición de tecnología, licencias de software, infraestructura en la nube y servicios digitales estratégicos requiere pagos en moneda extranjera, cualquier alteración significativa en el tipo de cambio podría encarecer la digitalización para empresas, emprendedores y el sector público.

Si bien las proyecciones del Banco Mundial asumen estabilidad macroeconómica como base, no siempre integran en detalle los efectos de las restricciones cambiarias en sectores tecnológicos emergentes. Las autoridades monetarias han respondido con intervenciones puntuales y políticas de contención que buscan preservar reservas y reducir la volatilidad, pero una presión sostenida sobre la disponibilidad de divisas podría ralentizar la adopción tecnológica, debilitar la competitividad digital y limitar el acceso a herramientas clave de innovación.

En este contexto, una gestión proactiva del entorno cambiario es esencial no solo para la estabilidad general, sino también para asegurar que el impulso hacia la transformación digital no se vea frenado por barreras financieras estructurales.

Poniendo un pie en el futuro

Para avanzar en un mundo marcado por la incertidumbre, la República Dominicana puede concentrarse en una serie de estrategias clave que fortalezcan su capacidad de adaptación y crecimiento:

  1. Atracción de inversión extranjera directa. Se proyecta que la economía dominicana mantenga un ritmo sólido de crecimiento, apoyada por reformas estructurales orientadas a atraer inversión extranjera directa. Profundizar e institucionalizar estas reformas permitirá sostener el dinamismo económico y mejorar su competitividad a largo plazo.
  2. Fortalecimiento de la estabilidad macroeconómica. Asegurar la estabilidad macroeconómica es esencial. Esto implica mantener amortiguadores económicos adecuados para enfrentar choques externos, en un entorno global desafiante caracterizado por restricciones comerciales y tensiones geopolíticas.
  3. Diversificación productiva y comercial. Diversificar la estructura económica es fundamental para reducir la vulnerabilidad ante fluctuaciones en los mercados internacionales. Ampliar la base productiva y explorar nuevos sectores y destinos comerciales contribuirá a un crecimiento más resiliente, sostenible e inclusivo.
  4. Mejora de la eficiencia comercial. Abordar los altos costos comerciales y la baja eficiencia logística es clave para elevar la competitividad. Establecer alianzas estratégicas de comercio e inversión, en especial con economías emergentes de rápido crecimiento, puede dinamizar el comercio intra-EMDE y abrir nuevas oportunidades.
  5. Construcción de resiliencia climática. Ante los riesgos crecientes del cambio climático —particularmente relevantes en el Caribe—, el país debe adoptar políticas activas de mitigación y adaptación. Prepararse ante posibles alteraciones en los patrones climáticos protegerá sectores clave como la agricultura y los recursos hídricos.

Al enfocarse en estos frentes, la República Dominicana podrá posicionarse mejor para enfrentar los desafíos globales, adaptarse a los cambios estructurales y aprovechar las oportunidades emergentes para su desarrollo económico y social.

Avanzar con el respaldo de la tecnología representa una oportunidad estratégica para nuestro país. Fortalecer la capacidad de innovación mediante alianzas entre instituciones académicas, el sector privado y redes internacionales permitirá acelerar la adopción de tecnologías emergentes, construyendo así una economía más resiliente, creativa y adaptable.

Al mismo tiempo, adoptar una visión de transformación digital integral —como respuesta a la creciente fragmentación global y las tendencias proteccionistas— abre nuevas posibilidades para la cooperación transfronteriza y el desarrollo sostenible.

Estas estrategias combinadas posicionan al país para no solo enfrentar los desafíos del presente, sino también liderar con confianza en los escenarios del futuro.

Por: Arturo López Valerio.
Empresario Tecnológico

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