De Palma Sola a este año median casi seis décadas. Me parece una brecha temporal vasta y propicia para mirar lo sucedido en ese pueblo rural. La tragedia es todavía una sombra del pasado. Fue un deicidio y un democraticidio. En mi libro sobre Manolo Tavárez Justo echo una mirada más ancha y ofrezco más detalles.
Por el momento solo diré que el 28 de diciembre de 1962 ocurrió una catástrofe. Ese día fuerzas regulares de los cuerpos castrenses irrumpen en Palma Sola, un caserío rural de San Juan marcado por prodigios y maravillas que se contaban por montón. Papá Liborio había dejado allí su perfume espiritual y sus milagros daban cuenta de sanación de enfermos. Eran muchos los testigos de estos prodigios. El culto liborista hundía sus raíces en la zona y constituía un imán pujante y una fuerza espiritual poderosa, que movía a miles de seguidores.
Así, los entusiasmados feligreses practicaban el culto, paralizaban toda la comarca y provocaban grandes pérdidas a la industria y el comercio. En el lugar se habían establecido comerciantes árabes, libaneses y otros, que desarrollaban enormes actividades económicas. La ‘agüita’ de Liborio se derramaba sobre los devotos como ungüento divino, y producía una sensación de bienestar colectivo.
En este momento entra un actor estelar de todo el juego: Juan Bosch. Este había arrasado en las elecciones del 20 de diciembre de 1962, ocho días antes de la catástrofe. Se dice que el objetivo último de la masacre era evitar la ascensión al poder del gran profesor. Quizás haya motivos para pensar en esto. En Palma Sola mataron al general Miguel Rodríguez Reyes, rumorado como secretario de las Fuerzas Armadas del nuevo gobierno. Además, el mayor Francis Caamaño quedó mal herido y se salvó por una advertencia de Rafael Guillermo Guzmán Acosta, otro mal herido en la locura de Palma Sola.
Palma Sola se volvió un ensangrentado campo de batalla y un teatro de guerra. Los hermanos Ventura Rodríguez, sacerdotes máximos del culto liborista, recibieron muerte violenta. Campesinos fueron malogrados, encarcelados o heridos. Todo era espanto, gritería y confusión beligerante. Asesinaron un culto y trataron de matar la democracia.
Bosch se juramentó el 27 de febrero de 1963, pero sus enemigos lo tumbaron a los siete meses de gobierno. Esa es otra historia y por lo tanto merece otra mirada.-




