RESUMEN
Estas dos frases podrían parecer dos virtudes cardinales escritas y pensadas por Platón, realmente no lo son, pero ojalá y puedan penetrar en el pensamiento de esta humanidad nacional, la cual va por rumbos equivocados al momento de aplicar en sus vidas la Paciencia y la Clemencia.
No pretendo hacer aquí una definición de cada palabra ya que son muy fáciles de interpretar, lo que pretendo es hacer reflexionar a cada Dominicano con relación al trato con los demás.
Tal parece que estamos viviendo en una época donde el diálogo entre las personas se agotó, donde la capacidad del debate y de poder llegar a un acuerdo amistoso se acabaron; lo que estamos viviendo en las calles de nuestro País es totalmente horroroso al momento de un pequeño choque de vehículos.
Es como si fuéramos salvajes, como si solo nos importaran los bienes materiales y no las personas.
No creo que tenga suficiente espacio para describir algunas situaciones, pero todos estamos conscientes de la violencia que vivimos en las calles y carreteras de RD.
Es bueno que recordemos que somos el País con más muertes por accidentes de tránsito, pero también nos podremos convertir en la nación con más violencias en las calles; dónde los cruces de palabras son sólo malas palabras y de qué clase, y esta violencia solo engendra violencia.
El mal no se puede responder con mal, sino todo lo contrario; mientras devolvemos con la misma moneda viviremos en un País de tuertos y sin dientes.
Hay un factor que suele ser tendencias en las redes sociales, dónde la fama y el dinero marcan la referencia y la diferencia y todo lo dicho es aceptado y aplaudido; son cientos de miles de personas que estan siguiendo esta cultura, que hasta gente que antes eran cultos, han cambiado a esta que señalo.
Créanme que la sociedad que se está formando para el futuro sin la paciencia y la clemencia suficiente y necesaria para un buen vivir es muy numerosa y los pocos que quieran adoptar estas dos virtudes tendrán que hacer dos cosas o alejarse de esta sociedad o adoptar los mismos sentimientos.
Por Félix Correa
