La noche del 17 de marzo del año 1975 se puede bautizar como “la noche triste del periodismo dominicano”.
Emboscado por una banda de sicarios, al mando del mayor Antonio Pou Castro, fue mortalmente herido el periodista Orlando Martínez Howley. Con 30 años de edad, era el columnista político más notable e influyente del país.
La columna “Microscopio”, que se publicaba en el periódico El Nacional y la revista ¡Ahora!, era lectura obligada por su estilo vigoroso y ameno, además de la valentía con que denunciaba los atropellos, persecuciones, muertes y asesinatos del régimen de los “doce años”.
Orlando era un joven intelectual introvertido, impermeable a la corrupción. De su escaso salario como director de revista dedicaba un porcentaje para contribuir con la escuela primaria en el barrio Guachupita.
Meses antes de su muerte tuvo la primera y única entrevista con el presidente Joaquín Balaguer, blanco de sus ácidas críticas en las que atacaba su estilo dictatorial y sanguinario con que gobernaba la nación.
En un ágape en el salón Las Cariátides del Palacio Nacional, ante directores de medios, Balaguer confesó a Orlando que Microscopio “era de las pocas cosas que leía en la prensa dominicana”.
La trágica noche, Orlando transitaba en su automóvil por la avenida José Contreras. Perdió el control al ser embestido por el vehículo de los pistoleros que lo perseguían con la misión de “darle un escarmiento”.
Intentó defenderse con un revólver. Fue tiroteado y abandonado sangrante en el lugar. Horas después expiró en el hospital militar Enrique Lithgow Ceara, antiguo Marión.
Vacía quedó la silla que le habían reservado para el concierto de la cantautora argentina Mercedes Sosa que se presentaba esa noche en Casa de Teatro.
Los autores materiales del crimen recibieron sanción; los que urdieron la trama sólo la condena moral.
Con la debacle de credibilidad en casi todos los estamentos de la sociedad, de la que no escapan muchos de los comunicadores actuales, el legado y ejemplo que dejó hacen de Orlando una figura irrepetible!
Por Manuel Nova
