En un artículo publicado anteriormente se dijo, que Nimrod fue el primer hombre poderoso de la tierra, hecho que obedeció a sus extraordinarias destrezas y habilidades para cazar fieras salvajes y a su liderazgo político y religioso y le permitió fundar ciudades, constituir el imperio babilónico y establecer el sistema religioso más antiguo del mundo.
Sin embargo, como todo ser que nace muere, Nimrod no fue la excepción: él experimentó la muerte. A partir de ese momento, su liderazgo político y religioso pasó a su esposa, la reina Semiramis, quien le declaró dios-solar.
Posteriormente a la muere de Nimrod, esta mujer dio a dio a luz un hijo ilegítimo, llamado Tammuz. Afirmaba que lo había concebido de manera sobrenatural, que era Nimrod renacido y representaba la semilla prometida o ”Salvador del mundo”. También aseguraba que ella y su hijo eran divinos y debían ser adorados como la diosa-madre y el hijo-dios.
Según algunos estudiosos de la Biblia la reina Semiramis conocía la profecía sobre el nacimiento del Mesías, en cuanto a que nacería de una mujer, para salvar al mundo de pecado(Génesis 3:15) Sin embargo, quien hablaba por boca de ella era Satanás, quien la utilizó como instrumento para suplantar la identidad del futuro Mesías o Salvador del mundo.
Satanás utilizó las supuestas deidades que atribuían a Nimrod, Semiramis y Tammuz para establecer la falsa religión babilónica, la cual se manifestó a través de símbolos, que llenaron el mundo de idolatría. Las referidas deidades fueron nombradas, representadas y adoradas de diferentes maneras. Nimrod fue llamado dios-solar y lo representaron con símbolos solares, peces, árboles, animales y columnas. Además, les encendían candelabros y fuegos rituales en su honor.
Respecto a la reina Semiramis o “madre–diosa babilónica, tuvo nombres, formas de representación y adoración diferentes. Los chinos la llamaron “Shingmoo” o “Santa Madre” y la representaban con un niño en los brazos y rayos de gloria alrededor de su cabeza, mientras los escandinavos y germanos les rendían culto como “Disa” y “virgen Gertha” respectivamente.
Asimismo, los etruscos y los hindúes, la llamaron “Nutria” e “Indrani”, los druitas “Virgo Paritura” o “Madre de Dios”, los griegos “Afrodita o “Ceres”, los sumerios ”Nana” y los romanos “Venus” o “Fortuna” y fue representada, regularmente, con su hijo Tammuz en los brazos, al que llamaron, “Júpiter” y lo representaban con un becerro de oro.
En la India existen grandes templos, donde se rinde culto a Semiramis, la diosa-madre babilónica. Allí la adoran como Isi, o “gran diosa” y a su hijo como “Iswara”. En Asia la llamaron “Cibeles” y su hijo Deoius”.
La influencia que tuvo la diosa-madre babilónica en los pueblos citados más arriba, fue tan grande, que hasta algunos de los hijos de Israel la adoraron como “ Reina del cielo” o “Astaroth” cuando cayeron en apostasía (Jeremías 44:15-22) Asimismo, la madre y el hijo recibían honores divinos en Roma y en las provincias de España, Portugal, Francia, Bulgaria, Alemania y África.
Según registros históricos correspondientes a lo que fue el imperio romano, en términos económicos, políticos, sociales y culturales, Roma absorbió las religiones de los países paganos donde gobernó. En esa época nació, vivió, murió y resucitó, precisamente, Cristo Jesús, el verdadero Salvador del mundo, quien ascendió a los cielos y envió el Espíritu Santo a ayudar la Iglesia que acababa de fundar sobre la tierra, la Iglesia del Nuevo Testamento, la única iglesia verdadera.
Según el Libro de Los Hechos, a la nueva iglesia se añadían multitudes de personas y Dios realizaba grandes hechos y maravillas dentro de ella para confirmar su Santa Palabra y ungir a los nuevos convertidos con el Espíritu Santo, hecho que cambió su manera de pensar y de actuar y les permitió recorrer valles y montañas y cruzar mares, para predicar el evangelio. Además, barrieron con la idolatría y pusieron a temblar a reyes y tiranos.
Sin embargo, no habían trascurrido muchos años, cuando algunos miembros de la pujante iglesia comenzaron a proclamarse “señores” sobre el pueblo de Dios y sustituyeron la verdad que habían dado Cristo y los apóstoles por falsedades. Estos implantaron sus propias ideas y métodos, invadieron el lugar que ocupaba el Espíritu Santo dentro de la iglesia y corrompieron el evangelio.
La corrupción del liderazgo religioso fue tal, que aceptó como miembros de la iglesia a paganos no convertidos, a quienes, para mantenerlos dentro, les permitieron continuar orando y adorando a su antigua diosa babilónica, la reina Semiramis. Esto continuo a través de un símbolo importante de la cristiandad: María, la madre de Jesús.
El catolicismo romano transfirió a María, la madre de Jesús, los nombres que utilizaron los pueblos paganos para adorar y representar a Semiramis, la diosa pagana de Babilonia. Entre ellos se citan “Santa Madre”, “Madre de Dios” y
“ Reina del cielo”. Ninguno de estos nombres son bíblicos. Son paganos.
En cuanto a la representación de la diosa babilónica, se hacía con un niño en los brazos y rayos de gloria alrededor de su cabeza. Lo mismo se hace con María, la madre de Jesús. La representan de igual manera: es pura copia. Con ello se muestra la manera como fueron mezclando el cristianismo con el paganismo en las ciudades de Roma, Éfeso, Alejandría y el resto del mundo y permite entender, por qué la ciudad de Roma sigue siendo la sede principal de donde se expande el paganismo religioso a las naciones del mundo.
Otras influencias paganas de la diosa-madre babilónica dentro de la Iglesia Católica Romana son su supuesta divinidad, la nombraron, representaron y adoraron con distintos nombres, le erigieron grandes templos, la veneraron más que a su hijo, le celebraban fiestas y le cantaban y la honraron con fuegos rituales. El mismo ritual ceremonial realiza la iglesia católica durante el culto a María, la Madre de Jesús. Es el mismo ídolo nombrado, representado y adorado como con todo o gran parte de lo que se hacia a la diosa-madre babilónica. La influencia pagana es evidente. El que tenga ojos y oídos espirituales que vea, oiga y obedezca la Palabra de Dios.
Respecto al fenómeno religioso de la apostasía, el Apóstol Pablo predijo que el misterio de la iniquidad ya estaba cerca, razón por la cual, llamó a los cristianos a mantenerse alerta, pues, muchas personas apostatarían y abandonarían la fe original para escuchar espíritus de error y doctrinas de demonios, como ha ocurrido y ocurre actualmente en la iglesia apóstata(2 Tesalonicenses 2:7 y 2 Tim. 2 :1)
No muchas personas guardan en secreto que la idolatría y la apostasía existen como realidades espirituales entre los miembros de las religiones falsas de la tierra, siendo entendida la segunda, como retractación, deserción, renuncia, repudio y abandono de la auténtica fe cristiana. Equivale, en otras palabras, a no mostrar interés ni obedecer lo que dice y enseña La Biblia.
En referencia directa y obvia a lo que fue la gran Babilonia y su influencia dentro de la Iglesia Católica Romana, particularmente, el Libro Apocalipsis, Capitulo 18, verso 3 expresa: “porque todas las naciones han bebido del vino del furor de su fornicación y los reyes de la tierra han fornicado con ella y los mercaderes se han enriquecido de la potencia de sus deleites”.
Babilonia representa la comunidad pecadora, caracteriza por su ambición, orgullo y depravación demoníaca. Fue una sociedad de cultura mundana, que mostró oposición y rebeldía contra a Dios y así como ella fue destruida, lo serán aquellos que copian sus vicios y depravaciones.
Por: Enrique Aquino Acosta
