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1 de enero 2026
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OpiniónEnrique Aquino AcostaEnrique Aquino Acosta

Origen de la influencia  pagana en la Iglesia Católica

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En un artículo publicado anteriormente se dijo, que Nimrod fue el primer hombre poderoso de la tierra, hecho que obedeció a sus extraordinarias destrezas y habilidades para cazar fieras salvajes y a su liderazgo político y religioso y le permitió fundar ciudades, constituir el imperio babilónico y    establecer el sistema religioso más antiguo del mundo.

Sin embargo,  como todo ser que nace muere, Nimrod  no fue la excepción: él experimentó la  muerte. A partir de ese momento, su liderazgo político  y religioso  pasó a su esposa, la reina Semiramis, quien le declaró dios-solar.

Posteriormente a la muere de Nimrod,  esta mujer  dio a dio a luz un hijo ilegítimo, llamado  Tammuz. Afirmaba que  lo había  concebido de manera sobrenatural, que  era  Nimrod renacido y representaba la semilla prometida o ”Salvador del mundo”. También aseguraba que ella y su hijo eran divinos  y  debían  ser adorados como  la  diosa-madre  y   el hijo-dios.

Según algunos estudiosos de la Biblia la reina Semiramis  conocía  la profecía  sobre el nacimiento del Mesías, en cuanto a que nacería de una mujer, para  salvar al mundo de pecado(Génesis 3:15) Sin embargo, quien hablaba por boca de ella  era Satanás, quien la utilizó como instrumento para  suplantar  la  identidad del  futuro Mesías o Salvador del mundo.

Satanás utilizó las supuestas deidades que atribuían  a  Nimrod, Semiramis  y  Tammuz para establecer la falsa religión babilónica, la cual se manifestó a través de símbolos, que llenaron  el mundo de idolatría. Las referidas deidades fueron nombradas, representadas y adoradas  de diferentes maneras. Nimrod fue llamado dios-solar y lo representaron con símbolos solares, peces, árboles, animales y columnas. Además, les encendían  candelabros y  fuegos rituales  en su honor.

Respecto  a  la reina Semiramis o “madre–diosa babilónica, tuvo nombres,  formas de representación y adoración diferentes. Los chinos la llamaron “Shingmoo” o “Santa Madre” y  la representaban con un niño en los brazos y rayos de gloria  alrededor de su cabeza, mientras los escandinavos y  germanos les  rendían culto como “Disa” y  “virgen Gertha” respectivamente.

Asimismo, los etruscos y los hindúes, la llamaron “Nutria” e  “Indrani”, los  druitas  “Virgo Paritura”  o  “Madre de Dios”, los  griegos  “Afrodita o  “Ceres”, los sumerios ”Nana”  y  los romanos “Venus” o “Fortuna” y fue representada, regularmente, con su hijo Tammuz en los brazos, al  que llamaron, “Júpiter” y   lo  representaban  con  un becerro de oro.

En  la India existen grandes templos, donde se rinde culto  a  Semiramis, la diosa-madre babilónica. Allí la adoran como  Isi,  o  “gran diosa” y  a su hijo como “Iswara”. En Asia la llamaron “Cibeles”  y  su hijo Deoius”.

La influencia que tuvo la diosa-madre babilónica en los pueblos citados más arriba, fue tan grande, que hasta algunos  de los hijos de Israel la adoraron como “ Reina del cielo” o  “Astaroth” cuando cayeron en apostasía (Jeremías 44:15-22)  Asimismo, la madre y el hijo recibían honores divinos en Roma y en  las provincias de España, Portugal, Francia, Bulgaria, Alemania y  África.

Según registros históricos correspondientes a lo que fue el imperio romano, en términos económicos, políticos, sociales y culturales, Roma absorbió las religiones de los países paganos donde gobernó. En esa  época nació, vivió, murió y resucitó, precisamente, Cristo Jesús, el verdadero Salvador del mundo, quien ascendió a los cielos  y  envió  el  Espíritu Santo a ayudar  la  Iglesia  que acababa  de  fundar sobre la tierra, la Iglesia del Nuevo Testamento, la única iglesia verdadera.

Según el Libro de Los Hechos, a la nueva iglesia se añadían multitudes de personas y Dios realizaba grandes hechos y maravillas dentro de ella para  confirmar  su Santa Palabra y ungir a  los nuevos convertidos con el  Espíritu Santo, hecho que  cambió su manera de pensar y de  actuar y les permitió recorrer valles y montañas  y   cruzar mares, para predicar el evangelio. Además,  barrieron con la idolatría  y  pusieron  a temblar a  reyes y tiranos.

Sin embargo, no habían trascurrido muchos años, cuando algunos miembros de la pujante iglesia comenzaron a  proclamarse “señores” sobre el pueblo de Dios y  sustituyeron la verdad  que habían dado Cristo y los apóstoles por  falsedades. Estos implantaron sus propias ideas y métodos, invadieron  el lugar que ocupaba el Espíritu Santo dentro de la iglesia  y corrompieron  el evangelio.

La corrupción del liderazgo religioso fue tal, que  aceptó  como miembros  de la iglesia a paganos no convertidos, a  quienes, para mantenerlos dentro, les permitieron continuar  orando y  adorando  a su antigua diosa  babilónica, la reina Semiramis. Esto continuo a través de un símbolo importante de la cristiandad: María, la madre de Jesús.

El catolicismo romano transfirió a María, la madre de Jesús, los nombres que utilizaron los pueblos paganos para adorar y representar a Semiramis,  la diosa pagana de Babilonia. Entre ellos se citan “Santa Madre”, “Madre de Dios” y

“ Reina del cielo”. Ninguno de estos nombres son bíblicos.  Son paganos.

En cuanto a la representación de la diosa babilónica, se hacía  con un niño en los brazos y rayos de gloria  alrededor de su cabeza. Lo mismo se hace con María, la  madre de Jesús.  La representan de igual manera: es pura copia. Con ello se muestra la manera como fueron mezclando el cristianismo con el paganismo en las ciudades de Roma, Éfeso, Alejandría y el resto del mundo  y  permite entender,  por qué la ciudad de Roma  sigue siendo la sede principal  de donde se  expande el paganismo religioso  a las naciones del mundo.

Otras influencias paganas de la diosa-madre babilónica dentro de la Iglesia Católica  Romana son su supuesta divinidad, la nombraron, representaron y adoraron  con distintos nombres, le erigieron grandes templos, la veneraron más que a su hijo, le celebraban fiestas  y le cantaban y  la honraron con  fuegos rituales. El mismo ritual ceremonial realiza la iglesia católica durante el culto a María, la Madre de Jesús.  Es  el mismo ídolo nombrado, representado y adorado como con todo o gran parte de lo que se hacia a la diosa-madre babilónica. La influencia pagana es evidente. El que tenga ojos y oídos espirituales que vea, oiga y obedezca la Palabra de Dios.

Respecto al fenómeno religioso de la apostasía, el Apóstol Pablo predijo que el misterio de la iniquidad  ya estaba cerca, razón por la cual,  llamó  a  los cristianos  a  mantenerse  alerta, pues, muchas personas apostatarían  y  abandonarían la fe original para  escuchar espíritus de error  y doctrinas de demonios, como ha ocurrido y  ocurre actualmente en la iglesia apóstata(2 Tesalonicenses 2:7 y 2 Tim. 2 :1)

No muchas personas guardan en secreto que la idolatría y la apostasía existen como realidades espirituales entre los miembros de las religiones falsas de la tierra, siendo entendida la  segunda, como retractación, deserción, renuncia, repudio y abandono de la auténtica fe cristiana. Equivale, en otras palabras,  a no mostrar interés  ni  obedecer lo que dice y enseña La Biblia.

En referencia directa y obvia  a lo que fue la gran Babilonia y  su influencia dentro de  la Iglesia Católica Romana, particularmente, el Libro Apocalipsis, Capitulo 18, verso 3 expresa: “porque todas las naciones han bebido del vino del furor de su fornicación y los reyes de la tierra han fornicado con ella y los mercaderes se han enriquecido de la potencia de sus deleites”.

Babilonia representa  la comunidad pecadora, caracteriza por su ambición, orgullo y depravación demoníaca. Fue una sociedad de cultura mundana, que mostró oposición y rebeldía  contra a Dios y así como ella fue destruida, lo serán aquellos que copian  sus vicios y depravaciones.

 

Por: Enrique Aquino Acosta

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