Orden en el Este, o fin del turismo

Por Victor Manuel Grimaldi Céspedes

Hace cincuenta años, en septiembre del 1971, el presidente de la República Dominicana era Joaquín Balaguer y gobernaba el país desde el 1966 después de la guerra civil que provocó una intervención de miles de soldados de los Estados Unidos y otros países al territorio nuestro.

Seis años después de 1965 la economía dominicana daba muestras de dinamismo: exportaciones de ferroníquel y bauxita, cacao, café, tabaco y sobretodo azúcar como principal renglón.

Oro y plata en doré todavía no exportábamos desde la mina concesionaria a la Rosario Resources Corporation, y las remesas eran un renglón incipiente que cinco decenios después habían de ser la mejor muestra de que el principal renglón de exportación nacional y generación de divisas son los dominicanos residentes en el exterior.

Turismo en 1971 era un sueño, y entonces estaba en boga aquella famosa frase: “Los turistas, dónde están, en la cabeza de Miolán”, aludiendo a quien era entonces Director de Turismo cuando aún no había sido creado el Ministerio.

El azúcar y sus derivados (como el furfural del Central Romana) eran la principal fuente de generación de divisas en 1971 hasta el punto de que el presidente Balaguer en un gesto dramático llegó a ofrecerle su renuncia al presidente de los Estados Unidos Richard Nixon en caso de que el principal mercado del dulce que para nosotros eran los norteamericanos redujeran la cuota que teníamos en el mercado preferencial.

Lo cierto es que entonces las iniciativas de la empresa Central Romana y las leyes de incentivos del Gobierno Dominicano y las facilidades crediticias del Banco Central de la República Dominicana a través del Fondo Infratur crearon las condiciones para el despegue del desarrollo del sector turístico en el país, tanto en Puerto Plata y Samaná como en la región Este.

Después se sumaron emprendedores como Wayne Fuller (que tuvo conflictos con Central Romana), Frank Rainieri y sus socios americanos, y sobre todo la importante presencia de los inversionistas y las grandes cadenas hoteleras de España y los promotores italianos y otros europeos.

Todos esos factores más las numerosas inversiones realizadas en infraestructuras importantes durante los gobiernos del Partido de la Liberación Dominicana han contribuido a situar el turismo en la segunda posición en la generación de divisas para la economía dominicana cincuenta años después de 1971.

He visitado el Este del país en numerosas ocasiones después del 21 de enero de 1971, en aquel momento solemne en que fue inaugurada la Basílica de Nuestra Señora de la Altagracia, y la verdad es que el cambio de la región ha sido extraordinario.

Sin embargo, hace falta orden. Más seguridad. Armonía entre los empresarios competidores. Coordinación. Planificación. Controles de vertederos racionalmente. Cuidado de los recursos naturales con sentido comunitario. Atención a la gente que habita barrios y campos. Control de la migración.

O de lo contrario, así como hace 50 años vimos empezar este desarrollo, con el pasar del tiempo futuro veremos el fin del turismo en el Este y tal vez en el resto del país también.

Por Víctor Manuel Grimaldi Céspedes

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