Mirando atrás en estos once años de matrimonio, no busco escribir una oda sentimental, sino un testimonio honesto y público de gratitud. Este artículo es mi forma de honrar a Olimpia Moolenaar, la mujer que ha sido la columna vertebral, el corazón y el compás moral de nuestra vida compartida.
La gente a menudo pregunta cuál es el «secreto» de un matrimonio duradero. La respuesta no está en un secreto, sino en la elección diaria de una compañera cuya esencia te mejora. Para mí, esa elección es Olimpia.
A lo largo de más de una década, hemos navegado las aguas tranquilas del éxito y las tormentas inesperadas de la vida. En cada escenario, el rol de Olimpia ha sido fundamental. Su fuerza no es ruidosa; es una fortaleza tranquila y persistente. Es la fuerza que me ha sostenido cuando mis propias rodillas flaqueaban, la que me ha animado a levantarme y la que me ha recordado mis propios valores cuando la confusión reinaba.
Su inteligencia práctica y su intuición me han servido de guía en innumerables decisiones. Pero más allá de la practicidad, lo que más valoro es su inquebrantable decencia y su capacidad de amar profundamente, no solo a mí, sino a nuestra familia y amigos. Olimpia tiene la rara habilidad de crear un hogar dondequiera que estemos, un espacio seguro lleno de calidez, aceptación y, sobre todo, risas.
Este matrimonio no ha sido perfecto en el sentido de carecer de desafíos, pero ha sido perfectamente imperfecto porque en cada grieta, en cada dificultad, Olimpia ha aportado luz, paciencia y una perspectiva sensata que nos ha permitido crecer juntos.
En estos 11 años, ella no solo ha sido mi esposa; ha sido mi mejor amiga, mi crítica más honesta y mi mayor animadora. Honrarla es reconocer que el hombre que soy hoy es, en gran medida, el resultado de la mujer con la que comparto mi vida.
Olimpia, gracias por estos primeros once años. Por tu gracia, tu risa, tu apoyo incondicional y por elegir construir esta vida a mi lado. Espero que este pequeño tributo público capture una fracción de la inmensa importancia que tienes para mí. Eres, sin duda, la mejor decisión que he tomado.
Por Hamlet Hilario
