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13 de febrero 2026
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OpiniónJose Espinosa FelizJose Espinosa Feliz

Omar Fernández, un joven que en la política conquista corazones

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RESUMEN

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En los campos se hablaba y me imagino que aún existe, estereotipar a las personas de «pesadas o de sangre liviana»: unas eran poco amables; su manera de hablar y actuar, pésimas, y eso las alejaba de los demás; en cambio, el otro tipo de persona era fácil de llegar: afable y empática; la gente sentía atracción por su temperamento, entre otras cualidades que le abrían la puerta a la popularidad.

En la política estas características son determinantes para lograr o no los objetivos. Cualquier persona puede tener las más altas condiciones intelectuales (varios casos tenemos), pero, si no conecta con el pueblo, si es egocentrista, sesgada, petulante y dueña de la verdad, entonces, no valdrán esfuerzos por avanzar y lograr los propósitos. No importa que le pasen la antorcha encendida, de seguro que se le apagará en sus manos.

En el espectro político dominicano ha surgido alguien que a pesar de su juventud y el poco tiempo en ese medio reúne las condiciones que tanto le atrae a la gente porque es: sencillo, hábil, preparado, empático, sosegado, sabe comunicar y con inteligencia emocional. Actualmente es diputado por el Distrito Nacional y ha actuado con responsabilidad, madurez y comedimiento, me refiero a Omar Fernández Domínguez.

Su estilo de comunicación a través de los medios digitales ha impactado de manera positiva: su padre y su madre han sido modelos para explotar esa gracia natural que lo caracteriza y mostrar parte de las condiciones que lo adornan.

Omar Fernández emerge de manera paulatina y va mostrando sin desesperación las condiciones de un excelente ser humano, que por su sencillez y su estirpe de «sangre liviana» cada día en la política conquista más y más corazones. Omar, a pesar de su juventud posee lo que pocos políticos, aun duchos, no pueden exhibir: madurez, comedimiento y control emocional.

Es verdad que tiene un árbol frondoso que lo cobija, pero el que no tiene condiciones le pueden entregar una antorcha que alumbre el universo, pero su figura siempre será opaca. Omar tiene una luminaria y él le ha añadido luz propia, que brilla cada día más y cada día aumenta la intensidad y su radio de acción.

Omar Fernández parece ser buen hijo, esto a juzgar por la relación que tiene con sus progenitores, y si añadimos lo que expresa su padre, líder político y tres veces presidente de la República Dominicana, Dr. Leonel Fernández, quien ha manifestado su ejemplar comportamiento; eso se le añade a su figura, que proyecta energía positiva. Este joven poco a poco se convierte en un modelo de juventud que anhela la sociedad dominicana.

Estos fenómenos políticos en ciernes no abundan mucho en la política dominicana, y algunas veces no logran el verdadero desarrollo, porque se montan en olas del momento, que luego no pueden sostener. Algunos son frutos de burbujas que pueden explotar en cualquier momento porque no bajan ni tienen contacto con las masas. El caso de Omar es diferente, se desarrolla día a día en base a trabajo político y hace empatía con la gente. Solo le queda no desesperarse, controlar las emociones, mantener la humildad y no dejarse provocar.

Omar crece y se crece en estos tiempos de descomposición in crescendo, donde la juventud necesita modelos sanos, en base a la constante preparación, al esfuerzo, al tesón y al bien hacer.  A Omar una parte importante de la sociedad lo ve con buenos ojos, y diría que una gran parte de la sociedad, porque su figura traspasa los límites de la simple política, y si sigue como va lo llevarán a obtener el propósito inmediato de ser el próximo senador el Distrito Nacional.

Por José Espinosa Feliz

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