RESUMEN
Estas elecciones han hecho que se desarrolle un inexplicable odio en gente que participó, activa o pasivamente, en el proceso electoral.
Un rencor y desprecio que se siente y se percibe en el aire. Se nota, se ve y se manifiesta muy profusamente en las redes sociales.
También se deja sentir en declaraciones y pronunciamientos de dirigentes políticos, de militantes y de simples parciales o simpatizantes.
Es un rencor y antipatía que se está dando en muchos lugares del país, a raíz de las votaciones del domingo.
Un odio que subyacía durante toda la campaña electoral, y que ha brotado luego de conocerse quiénes son los ganadores y los perdedores.
El desprecio e inquina lo llevan gente de todos los partidos, oficialistas y opositores, sin distinción de colores ni estatus político.
Parece que lo que se libraba era una batalla puramente en lo personal, y no en lo político ni en lo ideológico.
Perdedores y ganadores se insultan y el odio sale por la piel de cada uno, poseídos de tirria y desprecio.
Olvidan que todos somos dominicanos y hermanos, que las elecciones terminaron, que seguiremos aquí mirándonos la cara unos a los otros.
El que ganó que celebre humildemente. El pueblo mira la acción de cada uno de nosotros y nos coloca en el lugar merecido según el odio o el amor que expresemos.
El compromiso del que ganó es hacerlo bien a favor de la colectividad, y tratar de superar positivamente la gestión anterior. Eso es lo que importa ahora, y es lo que la gente espera de las nuevas autoridades.
Y el perdedor que asuma con gallardía la derrota y no dejarse provocar de quienes intentan mofarse mientras celebran su triunfo.
Debemos estar todos unidos por el bien común, aunque se escuche utópico e ilusorio.
Suena imposible, pero es lo mejor si pensamos en el país, y no de manera personal e individual.
POR LUIS BRITO




