ENVÍA TUS DENUNCIAS 829-917-7231 / 809-866-3480
8 de febrero 2026
logo
OpiniónManuel Hernández VilletaManuel Hernández Villeta

El ocaso de los partidos

COMPARTIR:

RESUMEN

Analizando noticia... por favor espera.

stamos viviendo el ocaso de los partidos políticos. La marcha de las coyunturas sociales de América Latina está sepultando a los partidos. Surgen nuevas fuerzas sociales, desperdigadas, pero unidas en  propósitos comunes y sobre todo muy lejos de buscar transformaciones sociales.

Los partidos están siendo suplantados  por la opinión sin sentido de las redes sociales. La primavera árabe acabó con una docena de gobiernos, de izquierda, de derecha y monarquías, en menos de seis meses. Todo comenzó por  un golpe de celular. Y finalizó entre guerras civiles, anarquía y  gobiernos militares.

En América Latina el derrumbamiento de los partidos tradicionales comenzó al fraguarse la revolución del siglo 21. En Venezuela los grupos tradicionales mordieron el polvo y sus máximas figuras desaparecieron tragadas por la tierra.

El surgimiento de Hugo Chávez fue el tiro en la sien a los partidos tradicionales. Surgía una nueva forma de gobernar y de hacer promesas de soluciones a los males comunitarios. El viejo Partido de los Trabajadores de Brasil, con años lidiando en política sin posibilidades de llegar al poder, apartó la podredumbre del sistema y se sentó a gobernar.

La lista a nivel continental es larga. Los partidos tradicionales se desmoronaron y surgieron representantes de lo que se llamó la democracia o la revolución del siglo 21. Con la muerte de Chávez, ese experimento político también se está desmembrando y, de hecho, sólo queda  en Venezuela y Bolivia.

La caída de los grandes partidos, como pasa en la República Dominicana, donde todos los partidos han mordido el polvo de la destrucción, no significa que vendrán cambios sociales, más bien se está a punto de dar pasos atrás.

 Se comienza a vivir lo que es ley en el mundo: la sociedad sin ideología, donde el capitalismo dicta las normas a seguir, eliminando subsidios, programas sociales, creando poderosos consorcios empresariales, al tiempo que la miseria llega a su máxima expresión.

El partidismo del siglo 21 es una muestra de la sociedad amorfa, que carece de instituciones, que no tiene  fronteras, que lleva en sus seno nuevas formas de convivencia y tolerancias, y sobre todo, donde no hay un planeamiento de cambios sociales, sino de simple maquillaje y adorno de lo que se arrastra de viejo.

Nadie puede pensar que subido a un balcón con un micrófono en las manos podrá ejecutar cambios sociales, ni nuevas alternativas. Hoy es casi imposible que con una alocución radial se lance al pueblo a las calles a luchar por la Constitución, como pasó en el 1965.

En dominicana, la torpeza y las ambiciones de la clase política  ha dejado al país en el limbo. Panorama a futuro incierto, donde no se sabe cuál será el próximo paso a dar sobre la arena movediza de la correlación de fuerzas. ¿Si los partidos no tienen soluciones a manos, de donde vendrán los cambios o el retroceso?.

Tenebroso futuro. Dónde no hay ideología, donde no hay lucha sincera por el bien común, se abre la tierra a los aventureros, de  los vendedores de ilusiones. A esos magos  que pescan en la discordia social no les interesan los partidos, ni los frentes de masas, sobre sus hombros llevan la entrega absoluta de la mayoría silenciosa, la primera traba para detener los cambios sociales.

El ocaso de los partidos nos hace escuchar las aguas embravecidas de una presa que se fragmenta. La respuesta histórica a la falta de ideología y de organizaciones responsables, es el puño de hierro, el abismo. Con 16 años, el 13 de abril de 1665, Luis XIV, El Rey Sol de Francia, dijo su frase lapidaria: “El Estado soy yo”. Pero su sucesor, Luis XV, sentenció su época histórica con “Después de mí, el diluvio”. L’État, c’est moi. ¡Ay!, se me acabó la tinta

Comenta