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16 de marzo 2026
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OpiniónPadre Manuel Antonio García SalcedoPadre Manuel Antonio García Salcedo

¡Nunca más la guerra!… ruego al cielo en la ONU de hace unos 60 años atrás

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RESUMEN

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El próximo año se cumplirá el 60 aniversario del ruego del primer Papa que pisa el continente americano y en las Naciones Unidas, iniciando así una tradición continuada por todos los Obispos de Roma a la fecha. La intención de su discurso y súplica, hecho en una visita meteórica de apenas 24 horas, al inicio de la última sesión del Concilio Ecuménico Vaticano II que buscó poner al día el servicio de la Iglesia Católica en el mundo moderno, fue elevar el clamor por la tan frágil y preciada paz en la tierra.

Como es la costumbre de la Iglesia Católica, los grandes acontecimientos son realizados en fechas muy significativas. La visita del Papa San Pablo VI a la ONU se realizó el día 4 de octubre del referido año, celebración de San Francisco de Asís, el popular santo, con su famoso dicho: Paz y bien… Santa Alegría. El patrono de los pobres, de la paz mundial, del diálogo solidario entre todas las religiones y de la salvaguarda ecológica del planeta tierra. Razón esta por la que el Papa Latinoamérica, Bergoglio acogió el nombre para el ejercicio de su pontificado de Francisco.

El contenido de la alocución ante los representantes de las naciones de todo el planeta del Papa que buscó el aggiornamento o puesta al día de la Iglesia de acuerdo a las necesidades y mentalidad del mundo contemporáneo, San Pablo VI, consistió en 5 puntos esenciales:

1. Con motivo del vigésimo aniversario de esta organización mundial, declara el Papa que el objetivo principal de la misma es propiciar la paz con la colaboración entre todos los pueblos de toda la tierra. Abandonando el boato y la reivindicación de un antiguo poderío temporal de mentalidad de la edad media, en calidad de amigo, el Papa agradeciendo las palabras amables, el saludo cordial y deferente del presidente de la Asamblea de la ONU y de los representantes de los diversos países, en compañía de Cardenales con funciones pastorales en la Iglesia Romana y en plena celebración del Concilio Ecuménicos convocado por el anterior Papa, el admirado San Juan XXIII, se presenta así mismo con un hombre más e igual a todos los allí presentes. Resalta la simpleza y sencillez, incluso el último lugar que ha de ocupar en importancia el minúsculo Estado Vaticano, del cual es su cabeza gubernamental. Pero con la gran responsabilidad de ejercer el servicio humilde y desinteresado Naciones Unidas un mensaje de capital importancia y premura de cristalizar para toda la humanidad. Lo hace a nombre de toda la familia católica y de todos los cristianos diseminada en gran número por todas partes del mundo al llevar la Buena Noticia por doquier. Descrito este mensaje como feliz y para todos, de carácter moral, nacido de la experiencia histórica de tantos siglos transcurridos y de experticio en humanidad. El camino obligatorio de la civilización moderna es la paz mundial.

2. El sacrificio de los muertos en el pasado, el clamor desesperado de los vivos al presente no puede ser ignorado ni acallado. Las guerras son descritas por el Papa como terribles. El sueño de la paz y la concordia en todo el mundo deben terminar con ellas. La renovación periódica de las guerras por doquier debe ser condenada y anulada del todo. Los jóvenes buscan una humanidad mejor, avanzan confiados en este justo derecho. Los pobres, los que no tienen nada material, los que han pasado por las peores calamidades aspiran a la reivindicación de todos los derechos debidos a toda persona: la vida humana, la dignidad de todos, el bienestar, la justicia, el desarrollo de los pueblos y el progreso de las sociedades.

3. La esperanza de concordia y paz es el distintivo de todos los pueblos. De ella depende el futuro. Este es el norte perpetuo de la ONU, asegura el Papa. Ponerla en práctica, perfeccionarse y nunca abandonarse, menos dar pasos atrás y repetir las atrocidades de la violencia armada ocurridas en el pasado. La pluralidad de estados es una realidad imposible de ignorar, y los esfuerzos de convivencia y mutua colaboración y ayudas han de incrementarse. Es de derecho internacional el reconocimiento y promoción de los diversos estados. La fuerza, la arrogancia, la violencia, la guerra, el miedo y el engaño no se han de utilizar en contra de otros estados. La razón de la justicia es la que debe imperar en las relaciones entre los diversos pueblos.

4. Trabajar por la fraternidad los unos con los otros. Resume esta frase la exhortación del Sucesor de los San Pedro y San Pablo al frente de la Iglesia Universal, recordando a la asamblea allí reunida que existe para trabajar por la unidad de las naciones y la asociación a este fin a todos los estados. Ser un puente, una red de relaciones entre todos los países del mundo, como autoridad mundial que actúa eficazmente en el plano jurídico y político a modo de fraternidad.

5. La igualdad entre los estados es la constitución de la ONU. La humildad es es el fundamento, ya que el orgullo provoca las tiranías y las luchas por el prestigio, el predominio, del colonialismo y el egoísmo. El punto central del mensaje del Papa San Pablo V se encuentra en este último punto. A modo de claro, de plegaria y de llamado a la humanidad de los estados allí representados les dice: ¡Nunca jamás los unos contra los otros; jamás, nunca jamás! ¿No es con ese fin sobre todo que nacieron las Naciones Unidas: contra la guerra y para la paz. Basta recordar que la sangre de millones de hombres, que sufrimientos inauditos e innumerables, que masacres inútiles y ruinas espantosas sancionan el pacto que os une en un juramento que debe cambiar la historia futura del mundo. ¡Nunca jamás la guerra! ¡Nunca jamás la guerra! Es la paz, la paz, la que debe guiar el destino de los pueblos y de toda la humanidad.

El llamado al desarme de todas las naciones y de todos los hombres es un imperativo, de modo que todos se conviertan en los constructores de la paz con las obras de la caridad en el respecto a la vida desde su concepción, la solución al problema del hambre, del desempleo, conversión y renovación personal y espiritual de acuerdo a los mejores valores humanos, el cuidado del ecosistema, el desarrollo de una ciencia que sea de bien común y la ayuda a las naciones en desarrollo.

Al final de su mensaje, el Papa pide el permiso a la Asamblea de la ONU para impartir la bendición en Cristo, el enviado del Padre de todos. Tan actual y urgente es este mensaje del año 1964, como lo es para el crítico momento que vivimos en la actualidad.

Por Padre Manuel Antonio García Salcedo

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