La política dominicana atraviesa un proceso de cambio que, desde sus inicios, el Partido Revolucionario Moderno prometió romper con viejas estructuras y establecer un enfoque transformador. Sin embargo, como todo proyecto humano, el desgaste, las altas expectativas y la dinámica misma del poder imponen retos. La reciente renuncia de Milagros Germán, una figura reconocida por su trayectoria en los medios de comunicación, abre nuevamente el debate sobre el impacto de las decisiones gubernamentales y la necesidad de oxigenar los equipos de trabajo.
El gobierno liderado por Luis Abinader llegó con una narrativa fresca y transformadora, alineada con la demanda de la población de mayor transparencia, eficiencia y cercanía. Si bien se han logrado avances en áreas como la economía, la infraestructura y el emprendimiento, el desgaste de algunos funcionarios ha comenzado a percibirse, evidenciando la necesidad de un relevo generacional y conceptual.
Algunos funcionarios han enfrentado críticas por una gestión que, según sectores de la población, ha perdido dinamismo o no ha cumplido con las expectativas iniciales, estando a veces desenfocados, cayendo en un desgaste. Otras renuncias en el cuatrienio pasado y en los primeros meses de esta nueva gestión, de hecho la hija de la Diva también lo hizo desde Medio Ambiente, cuando desde siempre se criticó que de una sola familia habían varios funcionarios.
Este fenómeno, común en gobiernos de mediano plazo, pone en relieve la importancia de renovar las estrategias de comunicación, las políticas públicas y, sobre todo, las caras visibles que representan al gobierno.
La salida de Milagros Germán podría ser vista como un símbolo de esta renovación necesaria. Aunque su renuncia está rodeada de especulaciones, es innegable que abre espacio para la incorporación de nuevas voces, ideas más frescas y una visión adaptada a las realidades actuales.
Vibras nuevas e ideas transformadora en algunos ministerios y direcciones, para sentir los aires de cambio. El nombramiento de jóvenes con experiencia técnica, la implementación de políticas innovadoras en sectores clave como tecnología, salud y educación, y un enfoque en la participación ciudadana son muestras de que el gobierno aún busca mantenerse fiel a su promesa de cambio.
El gran desafío ahora radica en lograr que esta renovación sea percibida como auténtica y efectiva por la población, y Luis Abinader lo hará estamos más que claro, que en los siguientes días vendrán nuevos decretos, en posiciones fundamentales para el plan de gobierno.
La ciudadanía dominicana ha demostrado ser cada vez más exigente, especialmente en un contexto donde las redes sociales amplifican tanto los logros como los errores, y Abinader ha sido un presidente que primero es la gente, los escucha y ejecuta.
Este es un momento crucial para el gobierno del cambio, faltan muchas cosas que hacer, y Abinader necesita de hombres y mujeres comprometidos con su gestión, y muchos de estos están afuera, viendo desde las gradas, y no precisamente un juego de Licey y Águilas.
Más que nunca se necesita reafirmar el compromiso con las demandas sociales, mostrando coherencia entre su discurso y sus acciones. La renuncia de figuras emblemáticas como Germán debería interpretarse como una oportunidad para fortalecer la confianza ciudadana, no como un signo de debilidad.
La población dominicana espera de sus líderes una visión clara y transformadora que inspire donde los servidores públicos estén al unísono con el primer mandatario.
No se trata solo de renovar caras, sino de garantizar que las políticas públicas respondan a las necesidades reales del país, con un liderazgo que sea ejemplo de transparencia, trabajo y compromiso.
El gobierno del cambio tiene en sus manos la oportunidad de seguir siendo un referente de renovación política en la región. La clave estará en escuchar a la población, adaptarse a los tiempos y consolidar su legado como un verdadero motor de progreso para la República Dominicana.
¡Aires buenos y frescos para el gobierno de la gente y del cambio!
La autora es periodista, magister en Diplomacia y Derecho Internacional.
Por: América Pérez.
