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4 de marzo 2026
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OpiniónVíctor Corcoba HerreroVíctor Corcoba Herrero

Nuestro patrimonio natural: La inmensa virtud de la vida campestre

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RESUMEN

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ALGO MÁS QUE PALABRAS

“Hoy más que nunca, precisamos de ese paladar montés, que no sólo da aroma a nuestros alimentos, también apoya nuestro bienestar, a través de la variedad de arbustos medicinales que nos asisten, en nuestro transitar por aquí abajo”.

La humanidad necesita abrirse y reabrirse a una nueva existencia más poética que política, que sea como flores silvestres en medio de un mundo en el que todo lo campestre o natural suele destruirse, obviando que son los recursos de esta bucólica savia, la que nos sustenta y nos da vigor. De ahí que todos debamos trabajar unidos, al menos para asegurarnos, que la mística de los ecosistemas nos continúa regenerando y todas las especies, ya sean vegetales o animales, cohabiten a nuestro lado en el futuro. Sólo tenemos que adentrarnos mar adentro¸ para observar que la inmensa virtud de la flora, no sólo sustenta haciendas, también favorece la salud humana, con su gozosa paz habitual que nos injerta en su acompañamiento.

Florecerá saludable, abrir nuestras entretelas a esas multitudes que nos agregan, pero además tenemos otros apoyos como las plantas que nos estimulan, comenzando por estabilizar los suelos, haciendo de nuestros verdes labrantíos, un auténtico Olimpo del verso y la palabra. En nuestra casa común, todos somos precisos y necesarios. Jamás lo olvidemos. Por tanto, fortaleciendo la gobernanza ambiental, haremos que nuestro planeta sea más seguro para el colectivo de los seres vivos. Personalmente, recordaré por siempre aquel romancillo al nogal solitario, que gesté siendo pollito, por los espacios rústicos del Bierzo y Valdeorras. Fue un auténtico diálogo conmigo mismo, a pesar de mi inocencia; y, también con aquellas gentes, con las que compartí el sueño de niño, que aún lo conservo.

Ojalá que, en este tiempo de tantas prisas, tangamos un momento para reflexionar, como esos poetas que están siempre en guardia permanente, esperando que el asombro les inspire una perfecta lírica para poder coaligar sus propios pulsos mundanos a los etéreos. Seguramente, entonces; la humanidad, en su conjunto, aprendería a salvaguardar mejor los bienes comunes. Hoy más que nunca, precisamos de ese paladar montés, que no sólo da aroma a nuestros alimentos, también apoya nuestro bienestar, a través de la variedad de arbustos medicinales que nos asisten, en nuestro transitar por aquí abajo. Será bueno, por consiguiente, bajar del pedestal y sumergirse en el agua del arrepentimiento. Requerimos nuestro patrimonio original para vivir y poder amarnos, como nos merecemos.

Para conseguirlo, hemos de avivar la inspiración congénita, que es la obra que nos trasciende, conforme a la universalidad de la naturaleza, que con sus innatas órdenes nos invita a cultivar un recto deber y, con sus prohibiciones, nos aleja del mal. Nuestra existencia tiene más valor que cualquier interés mundano, o que cualquier algoritmo que nos mercantilice; impidiendo relacionarnos, corazón a corazón. Quizás necesitemos subir a las alturas de los espacios campestres, a releer el espléndido libro de virtudes y bondades que la energía montaraz nos muestra, sentir su métrica que nos embellece, elevando la iluminación al poema, que cada cual injertamos cada día en nuestro caminar, desde su cultura, sus iniciativas y sus capacidades.

Quisiera advertir, además, que aún no suele haber conciencia clara de que el contexto humano y el natural se corrompen juntos, y que no podremos afrontar correctamente esta degradación ambiental si no prestamos atención a los motivos que tienen que ver con la deshumanización e inhumanidad. Por desgracia, tampoco solemos estimar que alrededor de 50.000 especies silvestres de animales y plantas satisfacen las necesidades de miles de personas; o que, cerca de un 9% de las plantas utilizadas a nivel mundial como fines medicinales y aromáticos, estén en peligro de extinción debido a la sobreexplotación, la pérdida de hábitats, el cambio climático y el comercio no regulado o ilegal. Avivemos en nosotros, pues, el deseo de ser protectores de vida y no depredadores. ¡Buen propósito!

REFLEXIÓN POÉTICA

COMPARTIENDO DIÁLOGOS CONMIGO MISMO

NUESTRA VERDADERA PATRIA ESTÁ EN EL CIELO

COHABITAR AMANDO Y MORIR PERDONANDO: Tras el signo de vivir, desvividos por donarse y de fenecer con el propósito de enmienda en los labios, todo se transforma en resplandor y esplendor, a imagen del cuerpo glorioso de Cristo. Bajo el abstraído soplo, es como se logra uno verse internamente, uniéndose a Dios y a su voluntad. La auténtica versatilidad se da en el moverse y en el removerse de la fe, afrontando miedos desde la convicción, sabiendo que Él nos acompaña en cada paso.

I.- UN DESTELLO EN EL CAMINO CUARESMAL

Cada día es un diario de pasmos,

que nos alumbra a estar absortos,

a elevar la mirada en cada senda,

para ganar apariencia y hondura,

pues uno es lo que es su interior.

 

Encandilados a la mística orante,

esforcémonos por abrazar la cruz,

por hacer penitencia el penitente,

por recogernos y acoger miradas,

por ser de Dios y a Dios regresar.

 

Tome savia este deseo en el alma,

dejemos que su albor nos invada,

y se irradie en nuestra existencia;

porque sólo perseverando con Él,

loamos su gloria que nos recobra.

 

II.- SIGUIENDO A JESÚS TODO SE ALCANZA

Ascendamos y encendamos vida,

fijemos la mirada en nuestro ser,

establezcamos puentes de unión;

que el camino es para purificarse,

no para atormentarse y no vivirlo.

 

Jesús se relaciona como humilde,

como apacible y súbdito celestial,

como servidor precioso y preciso,

deseoso de tomar nuestras cruces,

entregando sus dones en ofrenda.

 

Únicamente siguiendo sus pasos,

se pueden completar las virtudes,

traspasar los desiertos mundanos,

y reconocer su misma hermosura,

en los rostros de nuestros amigos.

 

III.- CONTEMPLAR A JESÚS TRANSFIGURADO

Todo se cambia, nada permanece;

lo nuestro es contemplar el andar,

vernos y reconocernos en camino,

pensar y repensar lo que aguardo,

escucharse y despertar del letargo.

 

Que sea el espíritu el que se viva,

el que se muestre a latido abierto,

para que ilumine nuestros pasos,

e inflame nuestro corazón de luz,

y nos saque de esta somnolencia.

 

Anhelamos descubrir el Crucifijo,

manifestar el deseo de trascender,

transfigurar nuestros soles en paz,

con la firme providencia anímica,

y bajo el sol del amparo Redentor.


Por Víctor Corcoba Herrero

corcoba@telefonica.net

28 de febrero de 2025.-

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