RESUMEN
ALGO MÁS QUE PALABRAS
“Cada día, debe ser un nuevo renacer a la concordia, jamás a la desunión o a las absurdas contiendas. Lo nefasto de uno mismo radica, precisamente, en tener un fondo cerrado y endurecido. Quien se conoce a sí mismo, nota que somos un instrumento de muchas cuerdas y las ofrece; pues, lo trascendente, está en saber vibrar con todas y, como un buen compositor, componer la mejor melodía para vivirla”.
La realidad nos sobrecoge, unidos internamente podemos marcar las diferencias y remarcar las semejanzas, comenzando por un itinerario anímico de formación, que tiene su naciente en nuestros propios pulsos y pausas. Tenemos que retomar el camino del corazón, pues es la mejor guía para saber cómo morar y vivir en el discernimiento permanente. Resulta muy valioso despojarse de vicios y vacíos, para poder adentrarse en otro horizonte más espiritual que terrícola. La tarea no es fácil, nada lo es; pero tal vez, si fomentásemos más el diálogo frente a la división, tendríamos más quietud interna y mejores deseos, que fructificarían en satisfacción. Ya está bien de tanto penar y de no hacer nada por cambiar de aires. Nos merecemos un giro: pensar más y mejor.
En efecto, la tristeza, el descontento o el desagrado tienen sanación, con un espíritu de tolerancia, de respeto mutuo y de consideración hacia nuestros análogos. Quizás tengamos que aprender a convivir con nosotros mismos, a querernos para poder legarnos, hacia la ruta del compartir y del donarse. Por desgracia, todavía no hemos ejercitado el sencillo arte de vivir como hermanos. Resulta asombroso que la humanidad se deshumanice por completo, con inhumanidades verdaderamente crueles y aún no sepa convivir con la diversidad. Hay que fraternizarse; y, por ello, practicar la correspondencia de latidos es la mejor revuelta para adquirir conciencia de la verdad y de la bondad, de la justicia y de la injusticia. Sólo así, no se perderá un repique benefactor, por falta de abrazos y oportunidades.
No hay en el mundo señorío más fructífero, que la libertad para la comunicación humana, lo que nos demanda una visión de comunión profunda, haciendo valer y valorando los maravillosos frutos del ingenio y del constante trabajo, que todos llevamos consigo. De ahí, la importancia de serenarse, para poder entrar en diálogo con nuestros interiores y después poder compartir la hazaña. Cada día, debe ser un nuevo renacer a la concordia, jamás a la desunión o a las absurdas contiendas. Lo nefasto de uno mismo radica, precisamente, en tener un fondo cerrado y endurecido. Quien se conoce a sí mismo, nota que somos un instrumento de muchas cuerdas y las ofrece; pues, lo trascendente, está en saber vibrar con todas y, como un buen compositor, componer la mejor melodía para vivirla.
Ciertamente, como poetas en guardia, tenemos que combinar a diario, la mejor mezcolanza de vocablos para que nos lleguen al alma, y podamos palpitar armónicamente. Es cierto que muchos fallecen o se suicidan ante los obstáculos de aquí abajo, esto nos pasa por no creer en nosotros mismos. Cultiva primero tu esfuerzo y tus andares saltarán todas las dificultades. Tampoco dejemos nada primordial para mañana, si hoy lo podemos hacer. Sin duda, hemos de revisarnos entre luces y a tiempo completo. La iluminación no llega porque sí, que también, lo que nos demanda un examen diario de autocrítica formativa, para ser liberados de fáciles sugestiones y manipulaciones que los mass media pueden provocar, sobre todo si es en daño de la evidencia y de la moral.
Bajo esta atmósfera de intereses y teniendo en cuenta que, lo esencial suele ser invisible a los ojos, protejámonos si puede ser con calor de hogar, porque de él siempre emana amor y vida. También debemos escucharnos mucho más. Tener tiempo para nosotros es vital, al menos para reconocer la humanidad del otro. Esto significa rechazar la discriminación, el racismo, la xenofobia y el discurso de odio o venganza, que ahora tanto prolifera por todos los rincones del planeta. Hagamos, pues, de la cotidianidad un tratamiento de ejercicios que nos acerquen entre sí. Las pequeñas decisiones que tomamos a diario, con naciente mar adentro, suelen fecundar sueños que fortalecen lazos, que vierten paz y transparencia. Lo que necesitamos hoy, como el comer.
REFLEXIÓN POÉTICA
COMPARTIENDO DIÁLOGOS CONMIGO MISMO
BIENAVENTURADOS SOMOS;
ES EL DON QUE DIOS NOS CONCEDE
¡QUÉ PALPITEN LOS ÁNIMOS!: Andamos extraviados por el mundo, necesitados de lo paradisíaco, que es donde anida el bien y la bondad. Jesús nos trae a la memoria que somos un don sagrado, atento a no desperdiciar el buen uso de las cosas, respetando y promoviendo la savia siempre. Los bienes que nos acompañan deben ser custodiados y compartidos, de modo que a nadie le falte lo necesario. Nos toca, pues, creer para crecer, soñar para despertar y obrar para hallarnos.
I.- SUBIR A LO ALTO;
PARA DARSE A DIOS
Y DONARSE A LOS DEMÁS
Uno tiene que encontrarse primero,
para lograr ofrendarse y ofrecerse,
que es como se florece en el afecto,
y en el venerable don se desarrolla,
que es donde reside la dicha alegre.
Vuelva a nosotros la eterna fuerza,
dejémonos coronar por su mística,
confiemos en su armónico compás,
y desprendámonos de lo mundano,
que es lo que nos revive por dentro.
No hay mejor ascenso que lo níveo,
para ser más del cielo que terrestre;
como tampoco hay más serenidad,
que el desprenderse de sí y donarse,
pues diseña el semblante de Cristo.
II.- REMONTAR LAS PENAS;
PARA VOLVER AL POEMA
Y LEGARSE CON OJOS DE NIÑO
Jesús empieza a remontar el verso,
proclama de este modo una estrofa;
revelándonos una naciente textura,
la de ser dócil en vez de insociable,
resurgiendo una composición viva.
No hay mayor gala que ser manso,
que no imponer nada y poner amor,
que versificarse y advertirse hálito,
como renuevos de Dios que somos,
a la espera siempre de su consuelo.
Seamos sus cantautores celestiales,
avivemos la contemplativa mística,
recolectada por nuestro Libertador,
que con su cruz nos ofrece la llave,
para ir al edén y volver a la belleza.
III.- DEJEMOS DE SER MUNDANOS;
PARA ASCENDER
Y ENCENDER EL RADIANTE TINO
Nuestra dimensión nos solicita luz,
y el núcleo intimo de lo que uno es;
nos pide sustento y soporte etéreo,
no el usurero dinero de aquí abajo,
sino el acompañamiento de pulsos.
Es verdad que todo tiene su pausa,
que es lo que nos hace corregirnos;
ejercitar el propósito de enmienda,
que es lo que nos injerta fortaleza;
para tomar respiro y rehabilitarnos.
La divinidad es de los desposeídos,
de los que saben absolver siempre,
haciendo de la clemencia su diario,
porque todo se alienta de renuncias,
de lo terrenal a lo espiritual del ser.
Por Víctor CORCOBA HERRERO
corcoba@telefonica.net
31 de enero de 2026.-
