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15 de febrero 2026
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OpiniónVíctor Corcoba HerreroVíctor Corcoba Herrero

Nuestra vida debe estar animada; por el dominio de sí y la modestia 

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RESUMEN

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ALGO MÁS QUE PALABRAS

“Nadie me negará que las legumbres, sean un alimento noble, con un enorme potencial para reforzar nuestros andares. Carecen de soberbia y no reflejan lujo, al tiempo que constituyen un componente esencial de las dietas saludables. Se trata de alimentos simples y reconstituyentes, que superan barreras geográficas, pertenencias sociales y culturas”.

Hay que bajarse de los pedestales mundanos, si en verdad queremos ascender, purificarnos y transformarnos; sustentando y sosteniendo ese inherente poema perfecto, que todos añoramos mar adentro. La cuestión no es nada fácil, es cierto; requiere de nosotros un espíritu de servicio, a través del cultivo de los frutos del verso y la palabra, que salen del corazón y no tanto de los labios. Quizás sea saludable, dejarnos llevar por nuestros latidos internos, previo escucharnos mutuamente con paciencia y moralidad. Tampoco podemos seguir engañándonos, vertiendo mentiras que nos entierran en vida, de modo desesperante. Necesitamos ser más afables con nosotros mismos y más bondadosos con los demás. Será un buen complemento de sabiduría alcanzada.

Reconozco lo difícil que es el dominio de uno mismo a la hora de transitar por este mundo tan injusto, en demasiadas ocasiones. Ojalá aprendamos a desprendernos de lo mundano, para abrazar el tesoro de la inspiración del verso; pues, sólo así, reconquistaremos el hallazgo de lo que somos y la verdad de lo que hemos de conjugar, con la gracia de sentirnos amados y queridos entre sí. Quizás lo podamos descubrir en las legumbres, un alimento noble con enorme potencial de aliento, para reforzar la seguridad alimentaria a nivel mundial. Justamente, en estos días y a raíz del éxito cosechado con motivo del Año Internacional de las Legumbres en 2016, de cuya celebración se encargó la FAO y que, aún ahora se encumbró mucho más esta festividad, por parte de la Asamblea General de la ONU.

A mi juicio, la celebración de esta fecha (el 10 de febrero), no sólo representa una oportunidad única para sensibilizar a la opinión pública sobre las legumbres y el papel esencial que desempeñan en la transformación hacia unos sistemas agroalimentarios más eficientes, inclusivos y sostenibles con miras a una mejor producción, una mejor nutrición, un mejor medio ambiente y una vida mejor, sin dejar a nadie atrás. Pero, junto a esto, que me parece muy significativo para repensarlo, yo igualmente añadiría, el papel trascendental de las mujeres rurales en la producción y distribución de alimentos a través de mecanismos cooperativos que, primordialmente, encuentran su fundamento y valor en el amor al prójimo y en el trabajo mancomunado del cooperativismo.

Nadie me negará que las legumbres, sean un alimento noble, con un enorme potencial para reforzar nuestros andares. Carecen de soberbia y no reflejan lujo, al tiempo que constituyen un componente esencial de las dietas saludables. Se trata de alimentos simples y reconstituyentes, que superan barreras geográficas, pertenencias sociales y culturas. En consecuencia, son todo un referente a considerar; porque su propia atmósfera es capaz de unirnos y de reunirnos, alrededor del calor hogareño, desarmando además la envidia, que por lo general hace a las personas indignas. Por ello, es de agradecer a ese olvidado mundo rural que, aunque el suelo sea pobre, ellos continúen sembrando semillas en abundancia para poder obtener cosechas modestas.

Mi aplauso hacia estas gentes que repueblan los poblados olvidados de simientes, que se afanan por cultivar la tierra sin dañarla, de manera que podamos participar sus frutos, pensando no sólo en nosotros mismos, sino también en las generaciones que nos sucederán. Aparte de que, consumir dietas saludables, debería ser un derecho universal. Marchemos juntos con ilusión. Imitemos los actos buenos de esos habitantes del campo que no renuncian a su misión, a pesar de los mil pesares que soportan con el cambio climático y con la egoísta actitud de los avasalladores. Apreciemos su trabajo de reanimarnos solidariamente, ya que todos formamos parte de la casa común, donde debe haber sitio para todos, sin descartar a nadie. Seamos vigorosos y resilientes, pues, como las legumbres.

REFLEXIÓN POÉTICA

COMPARTIENDO DIÁLOGOS CONMIGO MISMO

LUZ PARA ALUMBRAR

Y SAL PARA ADEREZAR

FAVORECER LA LÁMPARA ENCENDIDA: Es la tarea del cristiano, irradiar el resplandor de Cristo, proclamando el esplendor de su Evangelio, en coherencia con el buen decir y el mejor hacer de cada uno. Los devotos de Jesús florecen, esclareciendo situaciones viciadas por la hipocresía. Lo realizan con afirmación, para desvanecer las tinieblas y encender lo auténtico del verso, que hay en el verbo del pulso y sobre la pausa del santo espíritu, conciliando acciones y reconciliando actitudes.

I.- UNA CONFORMIDAD,

QUE NO SE INTERPRETA,

SE VIVE CON AMOR

 

Previo a orientarse en el camino,

uno hace las cosas por las cosas;

las trabaja y labora con caridad,

con la fe y la esperanza en Jesús,

aliento y alimento que nos salva.

 

Somos llamados a ser su poesía,

la gloria de su mística percusión;

una identidad que nace y renace,

como fruto del encuentro con Él,

y se muestra en el modo de obrar.

 

Dejarse aclarar es volver a la luz,

es retornar al torno de lo místico;

a lo esencial del soplo que somos,

a los ojos de Dios que nos busca;

al no ser de aquí y sí de su Reino.

 

II.-LA SAL,

QUE DA SAZÓN A LO HABITUAL,

SE SIGNIFICA CON VOLUNTAD

 

La sal no se ve, pero se advierte;

da condimento a nuestros pasos,

nos guarda y resguarda del mal,

nos mete ánimo en el desánimo,

para no caer en la desesperación.

 

Lo sustancial está en una fe sana,

en coherencia con lo que se hace,

colmada de bondad y de verdad,

con una forma que genere estilo,

con valores claros y fiel aprecio.

 

Vivir con autenticidad es divino,

porque uno se desvive por vivir;

se gasta y se desgasta por querer,

hasta descuidarse de uno mismo,

para devolver el sabor a la savia.

 

III.- LA LLAMA,

QUE NO REQUIERE DE ESTRELLA,

SE PERCIBE CON ILUSIONES

 

Todo retoña del fulgor intrínseco,

pues lo caritativo está en donarse,

en ofrendar el calor de la morada,

con la seguridad de hermanarnos,

para descubrirnos y concertarnos.

 

Promovamos la antorcha del ser,

labremos la unión entre nosotros,

quitemos las discordias del alma,

iluminemos los caminos a diario,

y dejemos que giman las huellas.

 

Son las pisadas por este universo,

las que hablan de nuestra venida.

Cuando existimos desde el bien,

incluso en medio de las penurias,

llamea la llama con celeste vigor.


Por Víctor Corcoba Herrero / Escritor

corcoba@telefonica.net

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