Casi todo el mundo falla en lo mismo. Asumir que sólo la verdad anda consigo. Y justo ahí llegan los equívocos, los que resultan costosos en todos los órdenes. Sobre todo, en el de la política.
Lo más elemental es desconfiar del que se tiene cerca, pues el que permanece de lejos no produce un daño, aunque quiera. Sin embargo, siempre es lo mismo. Se protege al que pertenece a la cercanía, creyendo que se le protege.
Y no nos damos cuenta que al protegerlo nos agenciamos un daño con repercusiones múltiples. Con ello, tampoco se cuida la imagen del gobierno y mucho menos los bienes del erario.
Sólo gana el descarado dispuesto a lo que sea para salirse con la suya. La transparencia se blinda de forma preventiva.
