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20 de febrero 2026
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OpiniónFlorentino Paredes ReyesFlorentino Paredes Reyes

No tengo pruebas, pero tampoco las dudas

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RESUMEN

Analizando noticia... por favor espera.

Cuando se habla de reforma fiscal, es decir el cobro de impuestos, el gobierno se echa de enemigo al pueblo, por ser el único que carga con las imposiciones. La historia nunca se ha equivocado en ese aspecto y los acontecimientos vividos en la tradición reciente, son tan amargos como las mismas cargas impositivas.

Que todos paguemos gravámenes, no es malo, el gran problema radica, cuando los que promueven el sacrificio, están exentos del mismo y, por el contrario, viven bajo unos privilegios que traspasan la frontera de la exageración, para caer en lo ridículo. La cosa se agrava, cuando la propia reforma, evade enfrentar los problemas que la motivan, lo que nos lleva a pasar de reforma en reforma, cada vez con peores consecuencias para las masas. Como afirmó el expresidente Danilo Medina:  ¨Pagando unas cuentas, de una fiesta que no participó¨.

La reciente propuesta de reforma fiscal, presentada por Luis Abinader Corona, pretendía captar recursos adicionales, a través del incremento de, prácticamente todos los impuestos y el establecimiento de nuevos tributos. Hasta ahí todo estaba bien, pero el gran problema estuvo, en que ya los dominicanos, no pensamos con la barriga, y no se nos puede atemorizar para que aceptemos cualquier chantaje con la excusa de que por ahí viene el cuco.

En esa reforma, no se tocaron sectores, privilegios y recursos, que son esenciales para su supuesta modernización, en caso de que así se pretendiera.

Para que tengamos una idea, un senador recibe como salario 360 mil pesos mensuales. Un peso por cada habitante de su provincia (el senador Antonio Taveras recibe 1,059,000$ mensuales por ese concepto, lo que denominamos barrilito). 7,000$ pesos por cada día que van a su trabajo y que, si lo multiplicamos por treinta serían 210,000. Dos exoneraciones vehiculares no mayor de 85,000 dólares, es decir 10 millones al año. Tarjeta de crédito para gastos de representación en restaurantes, tiendas, hoteles y otras actividades sociales. Seguro de salud en hospitales internacionales. Seguro de vida de 360 millones de pesos. Chofer y seguridad. Una secretaria en la oficina senatorial y otra en la oficina provincial. 100,000 para planes de ayudas sociales inmediatos. Tienen un club privado (el club del legislador) con un presupuesto de 62,000,000 de pesos anuales. Gastos de estudios de sus hijos en colegios y universidades, con seguro de salud hasta los 25 años. Dos armas de guerra. Gozan de inmunidad parlamentaria con un tribunal especial, pensión de por vida par haber ocupado una curul y gastos de combustibles.

El financiamiento a los partidos políticos, instituciones sin fines de lucro (que son muy lucrativas); iglesias, movimientos nacionalistas, ministerios inservibles; los gastos en publicidad y una retahíla de dependencias estatales; no fueron tocadas en esa propuesta de modernización fiscal, sobre todo, cuando son tan viejas que merecen ser evaluadas, revisadas y consensuadas. ¨La modernización fiscal¨ actuó con mala fe en esos y otros puntos, que contribuyen con el déficit fiscal.

Al cumplirse cuarenta años de la poblada de abril del 1984, el gobierno de Luis Abinader, compuestos por los hijos y nietos de los actores de aquellos años, debió recular esta nueva reforma, que degeneraría en manifestaciones de rechazo, que pudieran acarrear consecuencias políticas y sociales que nadie quiere asumir.

Podemos catalogar la actuación del primer mandatario como acertada, prudente y apegada al sentido histórico, a sabiendas que ahora, hay pleno conocimiento de que, los sacrificios y los sacrificados son siempre los mismos en cada reforma. Con apenas dos meses de su nuevo período de gobiernos, lo menos que podía hacer era poner al pueblo en su contra y revivir una nueva poblada con características similares a la de abril del 1984. Que le hayamos reelegido con números muy favorables, no significa que vamos a aceptar sus chantajes, manipulaciones y, el olvido selectivo de sectores que no pagan impuestos. No tengo las pruebas, pero tampoco las dudas.

 

Por Florentino Paredes Reyes

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