Alguien con sabiduría me dijo un día: “Evelin, no te adelantes a los problemas. Cuando el problema llegue, tú lo enfrentas.”
Esa frase resonó profundamente en mí, porque (como muchas personas) suelo preocuparme por situaciones que aún no han sucedido. Le contaba algo íntimo: me sentía ansiosa por un hecho que todavía no acontecía. Y ahí comprendí lo poderosa que puede ser la mente: fabrica mundos que, muchas veces, ni siquiera llegan a existir.
Hace unos días, compartí en este mismo espacio sobre la fuerza que tienen nuestros pensamientos. Identificar lo que ocurre es un paso importante, pero los verdaderos cambios llegan con los hábitos.
Vivimos en un mundo de crisis, cambios y transformaciones constantes. Cuidar de nuestra salud mental ya no es una opción, es una necesidad. La mayoría de nuestras angustias no están en la realidad, sino en la mente.
La vida es un proceso: tiene introducción, desarrollo y desenlace. Y en cada una de esas etapas, la mente juega un papel determinante. Por eso, más que adelantarnos a lo que podría pasar, necesitamos fortalecernos para enfrentar lo que llegue. Dejar de anticipar catástrofes es un acto de valentía, y también de amor propio.
Sé que es difícil. Debemos desaprender creencias instaladas desde la infancia. Dejar atrás el fatalismo que, muchas veces, parece heredado. Es un trabajo diario, constante, paciente. Y en medio de ese esfuerzo, desarrollar gratitud: pensar en lo que sí tenemos y no en lo que nos falta.
También reconozco que la salud mental puede verse afectada: ansiedad, tristeza, desesperanza, insomnio, irritabilidad, dolores físicos… Son señales de alerta. No deseo minimizar lo que nos pasa, pero sí llamar la atención que debemos prestarle atención en caso de sentir estos síntomas, buscar ayuda profesional y apoyarnos en quienes nos rodean.
Vivimos en automático. Y aunque hablar del “aquí y el ahora” se ha puesto de moda, lo cierto es que nos falta presencia. Presencia real. Y ese puede ser un buen comienzo para calmar nuestra mente, y no adelantarnos a los problemas.
Por Evelin Peguero
@evelinpolin
