El artículo publicado por Vatican News bajo el título “Haití y República Dominicana dos infiernos para un mismo pueblo” parte de una premisa falsa y ofensiva para el pueblo dominicano. No somos un mismo pueblo. República Dominicana y Haití son dos naciones independientes con historias, idiomas, culturas, religiones, visiones de desarrollo y sistemas de organización profundamente diferentes. Sugerir que somos un solo pueblo es desconocer nuestra soberanía y borrar siglos de identidad nacional, peor aún es seguir motivando la unificación de la isla, la convivencia no nos obliga a cargar con el peso de un Estado fallido cuya crisis ha sido desatendida por los propios haitianos y por la comunidad internacional que, como el órgano informativo de Vaticano, prefiere emitir juicios desde la distancia en vez de ofrecer soluciones concretas.
El «reportaje» afirma que hay más de un millón de “refugiados haitianos” en nuestro territorio, lo cual es absolutamente falso. No se trata de refugiados. Se trata de inmigrantes, en su mayoría en condición ilegal, que han cruzado nuestras fronteras sin regulación ni permiso. Llamarlos “refugiados” implica que han sido acogidos voluntariamente por el Estado dominicano bajo criterios humanitarios, lo cual no se corresponde con la realidad. Lo que está haciendo el gobierno dominicano, bajo el mandato firme y legal del presidente Luis Abinader, es aplicar la ley migratoria con dignidad, respeto y apego a los derechos humanos, a través de un conjunto de 15 medidas que buscan ordenar el caos migratorio. Aquí no se están cazando haitianos. Se está actuando con responsabilidad para proteger al pueblo dominicano, su seguridad, sus recursos y su institucionalidad.
En el texto se menciona que “la existencia de los haitianos está en riesgo” en República Dominicana, una acusación gravísima que no tiene sustento. Aquí no asesina a nadie por su nacionalidad. Al contrario, los servicios de salud, educación y empleo han sido brindados durante décadas a miles de haitianos en suelo dominicano, muchas veces en detrimento de los propios dominicanos. El caso de las mujeres parturientas haitianas es solo una muestra: ingresan al país de manera irregular, en estado avanzado de gestación, para dar a luz en hospitales dominicanos y consumir un presupuesto destinado a ciudadanos dominicanos que pagan sus impuestos. Es un drama humano, sí, pero también una injusticia fiscal y social que ningún país del mundo permitiría sin regulación.
Estamos de acuerdo con el Vaticano en un punto: Haití vive una de las crisis humanitarias más graves del planeta. Pero lo que no se dice es que ni Haití asume su responsabilidad, ni la comunidad internacional interviene con la contundencia necesaria. ¿Qué ha hecho el Vaticano más allá de emitir este juicio parcializado? ¿Qué ha hecho la ONU, la OEA o las grandes potencias para ayudar a construir un Estado funcional en Haití? Señalar a República Dominicana como chivo expiatorio no resolverá los problemas estructurales de Haití. Al contrario, nos debilita como región.
Desde la firma del Concordato en 1954, el catolicismo ha sido reconocido como religión oficial del Estado dominicano, lo que nos vincula históricamente a la Santa Sede. Por eso, esperamos que Vatican News trate con más justicia y hermandad a este pueblo que comparte su fe. Invitamos a la Iglesia a redoblar su misión evangelizadora en Haití, donde tiene una gran prueba de fuego: fomentar la fe cristiana, las obras misioneras y la verdadera transformación espiritual.
Que ese pueblo hermano se aleje de prácticas como la hechicería, y ponga sus ojos en el Dios verdadero. Esa sería una gran contribución del Vaticano para aliviar el verdadero infierno que hoy atraviesa Haití, y que nos arrastra sin ser los culpables, aunque desde afuera se vea así.
Y recordar que la mentira es pecado…
La autora es Lic. Comunicación Social «Periodismo», magíster en Diplomacia y Derecho Internacional.
Por: América Pérez.
