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11 de febrero 2026
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OpiniónFélix CorreaFélix Correa

No permitas que la escala siga subiendo sin estar asegurado

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RESUMEN

Analizando noticia... por favor espera.

Un sismo de magnitud 4.9 en la escala de Richter sacudió anoche gran parte del país, con epicentro en el municipio El Valle, provincia Hato Mayor. Según el Servicio Geológico de Estados Unidos, el temblor alcanzó una profundidad de 90 kilómetros y, hasta el cierre de la edición digital de este diario, no se habían reportado daños materiales ni víctimas.

La noticia trajo alivio inmediato. Sin embargo, detrás de ese respiro se esconde una verdad incómoda: vivimos en una de las zonas sísmicas más activas del Caribe y nadie puede predecir cuándo llegará un movimiento de mayor magnitud. Lo único seguro es que llegará.

La costumbre de “respirar tranquilos” cuando no hay consecuencias nos impide reflexionar sobre el escenario contrario: ¿qué habría pasado si el epicentro hubiese estado más cerca de Santo Domingo, Santiago o cualquier otra gran ciudad? Las pérdidas humanas y materiales podrían ser incalculables.

En este contexto, la prevención no puede seguir siendo una palabra vacía. Asegurar viviendas, negocios o industrias frente a terremotos y desastres naturales no es un lujo, es una necesidad. La paradoja es que, a pesar de estar expuestos constantemente a fenómenos naturales, todavía son pocos los dominicanos que cuentan con coberturas de este tipo.

Un seguro no evita el temblor, pero sí puede evitar la ruina. Un movimiento moderado puede causar grietas y pérdidas parciales; uno mayor puede borrar en segundos el esfuerzo de toda una vida. Vale la pena preguntarse: ¿estamos dispuestos a dejar ese riesgo a la suerte?

Cuando ocurre un sismo de gran magnitud, entran en juego todos los seguros: vida, accidentes personales, salud, enfermedades graves, incendio, vehículo, responsabilidad civil, interrupción de negocio… la lista es larga. Lo importante es revisar cuáles tenemos y, sobre todo, cuáles nos faltan.

El temblor de anoche fue, una vez más, un recordatorio silencioso. No se trata de alarmar, sino de aceptar que los fenómenos naturales son inevitables, pero sus consecuencias sí se pueden mitigar. La prevención siempre será más barata que la reconstrucción, y más humana que el lamento tardío.

Hoy despertamos sin tragedias. Mañana, nadie lo sabe. Por eso, no permitas que la escala siga subiendo sin estar asegurado.

Hasta el próximo!

Por Félix Correa 

 

 

 

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